Mi nombre es Adrián de Rossi. Soy un detective argentino que estuvo trabajando en un entorno policial durante más de 20 años. Trabajé en tantos casos que no podría contarlos todos. Eso sí, hay un caso que nunca voy a olvidar.
Era marzo de 2004. Estaba en mi oficina tranquilo cuando me llega un mensaje de mi jefe diciéndome que encontró un nuevo caso para mí. Recuerdo haber leído con detalle los datos de la víctima. El nombre era Julián Suárez, inmigrante uruguayo de 30 años, un hombre misterioso y con pocos amigos el cual casi no salía de su casa. O por lo menos eso es lo que dijeron los vecinos acerca de la víctima. En fin. Me preparé y fui directo a la dirección que me dieron. Tarde unas 3 horas en llegar. Ya ahí, los policías que estaban recolectando algunas pruebas me dijeron que la víctima estaba tirada en el suelo del living. Entré a la casa y el olor era horroroso, como si el cuerpo hubiese estado ahí durante meses. Investigué el cuerpo por unos minutos y encontré algo de evidencia importante. Había puñaladas, 34 para ser exactos. Al parecer el victimario le tenía un gran rencor a la víctima. Seguí investigando la casa para intentar obtener más pistas. Había una silla tirada, al parecer signos de esfuerzo. En la cocina faltaba un cuchillo, obviamente el arma utilizada para el asesinato. En el cuello de la víctima había quemaduras. ¿Quizás el victimario torturó a la víctima antes de asesinarlo? Me informaron que el cuerpo llevaba ahí unas semanas, y que cuando llegaron por primera vez notaron que la víctima se había drogado con sales de baño antes de ser asesinada. Quizás pudo haberse drogado junto con el asesino. Todavía no estaba nada claro. Continué revisando toda la casa. En la habitación de la víctima no había nada, excepto por un arma en el cajón del armario. Pero estaba muy escondida para haber sido usada en el asesinato, y no había marcas de balas en el cuerpo, así que era irrelevante. Luego revisé el baño y encontré algo demasiado extraño en la ducha. Había una estatua hecha a mano. ¿Quizás será una ofrenda? Tenía una forma muy extraña, no parecía ningún dios que yo haya conocido. También había un manuscrito en la pared, era una poesía que decía: "En la sombra etérea de la noche oscura, siento el susurro del destino, desaparecerá mi alma impura, llegará el día en que me vaya, destino divino. En el abismo del tiempo incierto, todo es posible y nada es seguro, en el eco del silencio muerto, la vida se desvanece en lo oscuro. En la quietud de la noche callada, siento la certeza de mi destino, nadie escapa de la mano helada, todo es posible y mataré en mi camino." Me quedé mirando aquella poesía por un tiempo, tratando de entender bien a qué se refería ese texto. Después vi que bajo la estatua había una nota. Habiendo leído esa poesía en la pared, me podía imaginar cualquier cosa. Pero no me hubiese imaginado ni en un millón de años lo que había en esa nota. La tinta de la lapicera usada estaba muy tenue, casi no se podía leer, así que le pedí a un compañero que se encontraba fuera de la casa que la leyera por mí. La nota decía: "30 de marzo de 2004, todo se verá claro ahora que acabé con él, el problema será cuando venga ese maldito detective. Sé que no me encontrará, pero sigo asustado pensando en qué pasará. Querida, falta cada vez menos para que estemos juntos otra vez. Solo es cuestión de tiempo." Tras oír eso sabía perfectamente que el asesino seguía en la casa. ¿Pero dónde estará? Ya buscamos la casa por un buen rato y no encontramos ninguna huella reveladora. Quizás no buscamos completamente, o quizás, el asesino está escondido en algún otro lado. No me podía quedar con las dudas, así que entré de nuevo a esa casa y me puse a buscar pistas como desquiciado. No encontré nada. Pasaba el tiempo y ya estaba por rendirme cuando de repente escuché un ruido en el patio, era un objeto cayéndose. En el momento en que escuché ese ruido, agarré mi arma y salí corriendo hacia el patio. Lo que vi en ese momento me sorprendió. ¡Era el asesino sin duda alguna! Pero no era una persona normal en lo absoluto, era enorme, medía unos dos metros. Y más encima estaba desnudo, con sangre en su boca y manos. ¿Habrá cometido canibalismo? Todo pasó por mi mente demasiado rápido. Ese gigante me miró, pegó un grito agudo, casi rompiéndose las cuerdas vocales en el proceso y fue corriendo directamente hacia mí. Yo estaba paralizado, nunca en mi vida había visto algo como eso. El tipo me tacleó y me dio un par de puñetazos para intentar noquearme. Por suerte, toda la fuerza policial escuchó aquel desgarrador grito y corrió para ver qué carajos estaba pasando. En el mismo momento en que me vieron en el suelo siendo golpeado por aquel gigante, le dispararon sin pensarlo dos veces. El asesino murió, yo me levanté del suelo y les grité: "¡Revisen todo el patio, este tipo tuvo más de una víctima!" Todos se pusieron a buscar algo en aquel patio mientras mi compañero me ayudaba a conseguir ayuda médica. Luego de unos minutos, mi equipo encontró 3 cuerpos escondidos detrás de la casa, cada uno de ellos tenía el torso totalmente devorado. Ver todo eso era como ver una película de terror. ¿Cómo es posible que alguien haga tal atrocidad? Luego de un rato, todos los cuerpos, incluyendo el del asesino, fueron llevados a la morgue para investigarlos. Yo moría por tener toda la información posible, pero debía esperar para obtenerla.
Dos meses después me llegó la información de cada uno de los cuerpos. Estaba ansioso por saber qué carajos fue lo que pasó con ese sujeto y con todos los cuerpos. Una vez leí toda la información, me quedé sorprendido. El nombre de aquel gigante era Esteban Aguirre, de 46 años. Las víctimas de este horrible caso eran Julián Suárez, de 30 años, Cecilia Ricciardi, de 27 años, Lorena López, de 19 años, y Raúl Vega, de 20 años. Todos ellos fueron asesinados en un período estimado de 3 semanas. Tuvimos suerte de atrapar al asesino antes de que continuara con su masacre. Seguí investigando toda la información posible para poder llegar a la conclusión de este caso, y al final pude entender todo.
El 9 de marzo fue posible el comienzo de todo. Esteban Aguirre tuvo una discusión con su mejor amigo, Julián Suárez, después de que los dos se hayan drogado con sales de baño. Julián, del enojo, le arrojó una silla a Esteban, lo cual hizo que éste se enfureciera al punto de correr hacia la cocina, tomar un cuchillo y apuñalar a su mejor amigo, tirándolo al suelo y apuñalándolo en el estómago y torso en repetidas ocasiones, asesinándolo en pocos minutos. Después, le quemó el cuello con un cigarrillo y, al darse cuenta de lo que hizo, entró en pánico y se escondió en el cuarto de la víctima. Al parecer, en unos pocos días perdió la cabeza y empezó a escribir poesías en el baño de la casa, y poco después tomó la decisión de secuestrar personas jóvenes haciéndose pasar por un anciano débil que necesitaba ayuda de los demás, adentrándolos a la casa para luego asesinarlas, violarlas y luego proceder a cometer canibalismo sobre ellas, escondiéndolas detrás de la casa al haber terminado.
Al parecer, la locura lo llevó a un punto crítico, donde se desnudaba y caminaba por el patio, observando las calles y probablemente buscando nuevas víctimas. Hasta que llegamos nosotros y de la desesperación se escondió cerca de los cuerpos. Era imposible poderse guiar por el olor, ya que el cuerpo de Julián Suárez emanaba un hedor demasiado fuerte para notarlo, bastante inteligente si me lo preguntan a mí. Al parecer, del miedo que tenía, el gigante trató de escapar de la casa, pero terminó haciendo ruido al tirar al suelo unas ollas que estaban sucias, y el resto es historia.
Hasta la fecha de hoy, no puedo creer que todo esto haya pasado. Fue el caso más extraño que viví, y definitivamente es un caso que no voy a olvidar nunca, ni yo, ni ninguna persona que estuvo ahí conmigo.
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Un Caso Para Recordar
HorrorAcompáñenme en este relato donde verán una anécdota tenebrosa de un detective argentino que ha visto de todo, pero nunca algo como lo que les va a contar.
