Prólogo

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–Club de los Corazones Rotos... bla, bla, bla– farfullé entre bufos, frente a mí mismo y mi conciencia, rota por dentro.
Es cierto que la simple existencia de un ser que siente, padece, es dependiente; se vuelve un martirio a manos del destino, o como otros quieran llamar; del universo, la vida, un Dios, o como diría yo: de lo que sea que esté a cargo de mi inútil y prescindible existencia.
–¿Y?–dijo ella, frunciendo el entrecejo.
–¿Te apuntas?
–Ñe.–balbuceé.–No estoy para estupideces como estas.
—Anda, Dan..¿qué pierdes con probar?
–Tiempo, Lizzie. Tiempo–añadí con cierto tono de arrogancia.–¿No crees que ha sido suficiente de estúpidos juegos como para continuar buscando "amor verdadero", o lo que sea que esto pueda ofrecer?
Lizzie suspiró con desgano
–Vamos, Daniel. Hagamos esto juntos–pidió ella casi con tono de sollozo.
–Hmm–suspiré obstinado.–Está bien, Liz–accedí finalmente.
Los ojos de Lizzie se tornaron brillantes apenas asentí a su propuesta. En este punto de mi vida me da igual participar en cualquier cosa que requiera socializar con alguien más que no sea Lizzie.
–Gracias, monito–añadió ella con una sonrisa de suficiencia.
–A ver–suspiré de un tirón.–¿Cómo le hacemos?

El Club de los Corazones RotosHistórias para pegar e não largar. Descubra agora