Prólogo: {El fin del comienzo}

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Adrien me llamó, esperaba nuestra típica cita, pasear por la ciudad, cena y sexo.
Se le notaba más serio de lo normal, y no es que fuera muy alegre.

-Aira, ¿te parece quedar hoy en la fábrica de las afueras? Tengo algo importante que decirte y no me apetece cruzarme con todo el mundo.

-Claro, no hay problema. -Sonreí, sabiendo que él lo notaría -Hasta luego.

Y así comenzó mi sábado, arreglándome para el único chico que me ha hecho sentir cosas inexplicables. Nos conocimos de una forma realmente peculiar, pero eso es otra historia que ya contaré.
Ya eran las cinco, acordamos estar allí a las cinco y media y teniendo en cuenta lo lejos que estaba, llegaría justa.
Cuando me encontraba en aquel lugar, lo primero que ví son los camellos, pasando droga a los mayores del instituto, como no.
Entre ellos se encontraba Keith y Thai, los payasos de mi antigua clase, y digo antigua esperando que el año que viene no los tenga en clase. Bendito verano, alejándome de ellos.
A veces me molestaba que Adrien fuera tan amigo de ellos, pero no podía hacer nada.
Cuando por fin le vi, estaba apoyado en una pared, fumando bastante nervioso un porro mientras me sonreía, pero no era una sonrisa amable, si no triste.
Al llegar a su lado, le planté un beso en los labios, notando el asqueroso sabor a esa sustancia del demonio.

-¿Sabes? No se como empezar con todo esto...-Empezó él- Hace unos días en la fiesta de Kyle, te emborrachaste, y lo hiciste a lo grande. Hiciste algo que...-Suspiró- Pensé que podría perdonártelo, pero me equivoqué. Cada vez que te veo, siento ganas de insultarte y...de dejarte.

Mi cara en esos momentos era un poema, notaba como las manos me sudaban. No sabía de lo que hablaba, no sabía nada.
Intenté recordar, y ahí me di cuenta. Me lié con su hermanastro, el cual odia.

-Adrien...lo siento, lo siento de verdad -Las lágrimas amenazaban con salir- Estaba muy borracha, no me daba cuenta de que hacía ni decía, lo siento...por favor.

Y rompí en llanto, agarrándole de las mangas de su camiseta corta.

-Yo también siento que esto acabe así pero...joder Aira, mi hermanastro, la puta persona más jodidamente asquerosa del mundo. Solo pensarlo hace que...te odie. Si Aira, te odio. No he dejado de quererte, pero mis sentimientos están en una montaña rusa. Supongo que aquí acaba todo. Adiós, fuiste una gran compañía.

Y me besó, sabiendo que sería nuestro último beso. Fue feroz, con desesperación, necesitado por los dos. Había cometido el mayor error de mi vida, y me arrepentiría siempre de perderle.
Después de ese beso salí corriendo de aquel lugar, ganándome la mirada interesada de Keith. Seguro que ahora Adrien les contaría.

Esa noche lloré como nunca.

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