—No entiendo... no deberías quererme. —murmuro entre hipidos, incapaz de seguir mirándole a los ojos después de todo lo que he hecho. Siento tanta, tanta vergüenza —Lo haces porque te obligué, porque te acostumbré a ello, porque...

—Lo hago. —me corta, sus palabras tan afiladas que se sienten como un golpe y me encojo al oírlas —Y eso es lo que importa: que te quiero. Lo demás me importa una mierda.

Lentamente aleja sus manos de mis mejillas, dejándome libre. Yo vuelvo a esconderme en su pecho, acurrucándome entre sus piernas y jugando con mis manos mientras mi cabeza está hecha un lío. No entiendo cómo o por qué Ángel me ha perdonado, pero yo no puedo hacerlo.

—No merezco que me quieras...

—¿Pero se siente bien?

La pregunta me deja en shock unos segundos. Tanto, que ni siquiera la escucho y tengo la sensación de que solo ha habido silencio durante esos instantes. Luego mi mente digiere despacio las palabras. Creo tener una respuesta porque sí, se siente bien ser amado ¿No? Pero de repente una terrible culpa me invade.

—No merezco sentirme bien...

Me agarra del pelo otra vez y esta cedo, alzando mi rostro para mirarlo con lágrimas en los ojos. Su expresión seria me golpea duramente. Luego lo hace su mano.

Aparto mi cara después del bofetón, notando un dolor terrible extendiéndose por el interior de mi boca hasta mis dientes y mi nariz y sintiendo como si el cerebro me rebotase contra el cráneo, pero él me agarra con fuerza de nuevo y me hace mirarle. Doy un repullo, esperando otro golpe, pero solo me alcanzan sus duras palabras.

—Esa no era la jodida pregunta —dice despacio, intimidante. Mima con sus nudillos la zona roja recién maltratada y su contacto arde, como una especie de advertencia.

Respondo atemorizado:

—Se siente bien... muy bien.

Ángel sonríe, rompiendo lo que parece una máscara de piedra impenetrable y tomando un aspecto dulce e inocente ¿Cómo puede cambiar de piel tan rápido? Es como un monstruo, me eriza la piel.

—Eso es lo que importa. —y se inclina más cerca de mí, apoyando su frente en la mía —Nada más. —susurra, como un secreto que solo ambos sabemos. Luego me besa en los labios, tan gentil, tan lento... y repite, con nuestras bocas aún un poco pegadas: — Nada.

Después de eso, no hay más palabras, solo el calmado sonido del agua y mis pequeños gruñidos y gemidos cuando Ángel me agarra fuerte en alguna zona amoratada de mi cuerpo para frotar. Diría que me quedo pensativo tras lo sucedido, pero no es cierto. Mi mente desconecta y siento que tengo la cabeza llena de estática. Nada es real, ni mis palabras, ni mis pensamientos, ni ms recuerdos. Lo único que es real es Ángel, sus manos y sus labios. La punta fría de su nariz que recorre la curva de mi cuello cuando traza un camino de besos. Sus pestañas largas, que me rozan sin querer las mejillas cuando cierra los ojos para frotar nuestras narices en un tierno beso. Las yemas callosas de sus dedos, que extrañamente se sienten como seda cuando las pasa por mis brazos, por mi pecho, por mis piernas y el lugar entre ellas. Cuando me frota el pelo, cuando hace círculos en mis mejillas con el jabón, cuando deja el agua caliente correr por mi cuerpo y luego lo enjabona otra vez solo para poder enjuagarme de nuevo y ver como la espuma se deshace y detrás está mi desnudez.

Sus ojos, tan negros ahora, como los de un animal nocturno al acecho de su presa, miran cada uno de mis movimientos. No dejan pasar ni una sola lágrima: Ángel las recoge todas antes de que lleguen a mi boca y amarguen nuestros besos. Al principio las enjuagaba con los pulgares, ahora solo lame, cual gatito, mi cara triste y húmeda.

Cuando yo logro reunir un poco de fuerzas, lo froto a él también. Paso mis manos por su pecho trabajado, los amplios hombros, el ancho cuello... y luego sostengo su cara y lo miro fijamente. Incapaz de descifrarlo.

A veces, cuando lo acaricio, él tiembla de gusto o cierra los ojos y suspira, luce tan complacido y relajado entre mis manos ¿Cómo es posible?

Al terminar, Ángel sale de la ducha y se seca, colocándose solo ropa interior y luego envolviéndome en una gran toalla y frotando de nuevo cada pequeña parte de mí, dejándome seco, caliente y con el cabello revoltoso. Me lleva en brazos a la cama, como si estuviésemos en una especie de luna de miel, y besa el chupón que ha hecho en mi cuello antes de irse a dormir. Me abraza por la cintura, atrayéndome a su gran cuerpo y hunde su rostro en mi pelo blandito para poder conciliar el sueño, como si yo fuese alguna especie de peluche.

Se duerme casi al instante y yo, sin embargo, siento que no seré capaz de pegar ojo de nuevo. Me siento tan culpable, tan horriblemente culpable ¡Y lo merezco! Merezco pudrirme en una celda por esto, ser mandado a la cárcel y que los reos hagan conmigo lo que hacen con los abusadores. Merezco todo este dolor y aun así... aun así busco consuelo en el amor de Ángel. Me alivio en su boca, como hacía entonces, incluso si está mal y no lo merezco. Egoísta, manipulador, culpable. Soy escoria, escoria con mariposas en el estómago.

Me aparto un poco del tierno abrazo. No puedo soportar lo protector y bonito que se siente, no puedo soportar estar manchando un gesto tan hermoso. Mi pecho se oprime cuando veo a Ángel fruncir el ceño porque me he separado de él, bufando algo ininteligible mientras está dormido mientras se remueve en la cama.

Yo me siento en una esquina, queriéndome hacer pequeño hasta desaparecer. Y es como si lo hiciera: una presión crece por todos los lados, aplastándome. Sofocándome.

Los nervios me invaden. Miedo, no, pánico. Me levanto de la cama, mi mente escupiéndome mil y una atrocidades y mi cuerpo sintiéndose tan raro como si fuese a estallar. Quiero tomar aire y no puedo, siento que no hay oxígeno en mis inhalaciones, que alguien empuja mi pecho y va a reventar incluso con la más diminuta bocanada. Ando de un lado a otro de la habitación, no a dónde me llevan mis piernas, solo sé que mi cuerpo siente que debe huir.

No de Ángel ¿De mí? ¿De esta mano invisible que me ahoga?

No quiero despertar a Ángel con mis respiraciones y mis pasos acelerados y torpes, así que salgo al pasillo, chocándome con las paredes como si la casa se tambalease. Caigo al suelo de la cocina mientras me agarro la garganta. Aire. Necesito aire. Mis manos buscan desesperadamente, como si pudiese asir el oxígeno que se me escapa y retenerlo conmigo. Entonces mis dedos se encuentran con la asidera de la trampilla.

Es mejor que el pomo de la puerta de salida, porque sé que no puedo abandonarle. Tengo que quedarme, cumplir condena por mis pecados y... y disfrutar de su compañía. Tiene razón, soy tan profundamente egoísta. No merezco nada.

Oh, dios ¿Por eso me quitas hasta el aire? ¿No merezco respirar?

Me siento ansioso, necesitado. Solo una bocanada de aire fresco, por favor. Mis pulmones arden. Podría salir al jardín, respirar en el bosque.

Un pensamiento traicionero brota en mi mente: Podría intentar escapar, quizá lo conseguiría.

Pero la respiración suave y profunda que me espera en la cama es más pesada que la cadena de metal que me mantenía en el sótano. Su pecho que sube y baja, su corazón latiendo, el aire cálido que exhala sobre mí... son pruebas de que cuando más invisible es mi cadena más pesa: porque ahora sí tengo algo, alguien, a quien perder.

Quiero volver a la cama, con él, decirle que algo anda mal, que no puedo respirar, que necesito su ayuda, sus labios, su aire. Pero no merezco su aliento dulce, ni sus largas pestañas rozándome las mejillas al despertar, no merezco la calidez del sol en los párpados y la de sus manos en la espalda.

Abro la trampilla de mi habitación con las manos temblorosas. 


Fin del cap ¿Qué os ha parecido?

¿Esperábais que Tyler llegase al estado mental en que está ahora?

Respecto a los diversos giros de guión que ha habido a lo largo de la historia ¿Lo habíais visto venir demasiado u os han sorprendido? ¿Os ha gustado el forshadowing que ha ido habiendo?

¿Qué pensáis que pasará a continuación?

Gracias por leer :D No olvides dejar un voto si la historia te ha gustado y comentar un corazoncito si no sabe si te da pena Tyler, Ángel o lo dos un poco 

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