En la oscura noche un resplandor iluminó los brillantes hilos plateados ondeantes. Los preciosos ojos dorados brillaban en frialdad, una semi mueca apareció en su rostro.
"Mujer..." La enigmática voz fría salió de sus labios pálidos, sus dedos tronaron en advertencia, "Cuidado donde disparas."
Un silbido envolvió sus oídos, el resplandor azul iluminó la noche artificial, revelando una melena de cabello oscuro, como un abismo sin salida.
"No te veo." La voz femenina resonó en esa noche, ambos ojos se encontraron sostenido la mirada, aunque oscura sea e invisible ante ambos, sus ojos se mantenían fijos, de vez en cuando el resplandor de su flecha los ayuda a encontrarse.
Paso, paso, tras paso, el peliblanco se acerco a la sacerdotisa, estando a tres pasos de ella, estiró su mano sosteniendo su arco. "Suficiente" - proclamó. Un tiro más de ella, podría darle en la cabeza, aunque no temia de sus poderes, era un dolor de cabeza.
"Sesshomaru..." su voz fue tan baja como un susurro, dando un giro sobre sus talones tenso su arco. "No pienso quedarme contigo más tiempo."
El silbido de la flecha acompañado de su poderoso resplandor se clavo en el cielo oscuro.
"Es la salida."
Y como un meteorito, arremetio ante el oscuro cielo con su poderosa espada, un estallido resonó revelando el abrazador sol del medio día.
Los cabellos plateados brillaron como hilos de diamantes entre seda, su poderosa postura se quedó quieta en la entrada, esos ojos dorados la veían estudiando cada movimiento.
"Espero.. que nunca se vuelva a repetir".
Sesshomaru observó y escuchó a la sacerdotisa mientras pasaba a su lado, con su largo cabello negro, un carcaj vacío y un arco en sus manos. Las serpientes blancas rodearon a la misma, desapareciendola en partículas de luz.
Apartando su mirada de donde desapareció, siguió su camino, la mujer de su medio hermano era una sacerdotisa talentosa, aunque un cadáver con límites.
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Cuando caía la verdadera noche, en un arrolló cristalino, la piel pálida de barro se sumergia en agua.
Kikyo recordó vividamente el momento exacto cuando cayó en una noche eterna. Alejada de la luz lo único que veía era la oscuridad infinita y una respiración alejada.
El sonido de los pasos resonando en la noche, el sonido de sus propios pasos, el crujir de sus flechas en el carcaj a cada paso.
El encuentro con Sesshomaru, el hermano mayor de Inuyasha fue muy inusual, como un juego del destino, cruel y desafiante. No contaba con la presencia del señor del oeste, ya bastaba con la "pequeña" horda de moustruos que tenia enfrente, estando exhausta Kikyo ignoro al visitante inesperado siguiendo su propósito.
Pero no esperaba que los moustruos atacaran a Sesshomaru, sus ojos se mostraron perplejos ante tal acto. Cuando un pequeño grito la sacó de su perplebidad cargo su arco disparando su flecha hacia aquellos instigadores.
Kikyo se movió hacia la pequeña acompañante de Sesshomaru, este mismo acaba con los moustruos como si fueran moscas, con sus venenosas garras saliendo como hilos de jade. Cumpliendo como cierta función de escudo, sus flechas acaban con aquellos que se acercaban a los acompañantes.
Fueron momentos largos de batalla, Sesshomaru seguía en la misma posición con un puñado de moustruous a sus pies, Kikyo finalmente podia soltar un respiro cuando su flecha pulverizó al último moustruo.
Una mano pequeña agarro su ropa, Kikyo volteo la cabeza y una linda niña le sonrió.
- "Gracias señorita sacerdotisa"
Asintió con la cabeza, camino hacia Sesshomaru y le agradeció, pero un agujero oscuro apareció a las espaldas del daiyoukai, Kikyo hizo tal mueca de sorpresa, pero la reacción de ambos fue tardía, fueron succionados a un espacio artificial donde la noche oscura era eterna.
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Pale Skin
FanfictionPálida, cómo la porcelana, fría como la nieve, carmesí como la sangre, oscuro como el abismo, cafés como el chocolate. Un espíritu fuerte como un dragón, poderosa como una diosa, tan hermosa como una flor en invierno.
