CAPÍTULO 1- Maldita noche de desfase

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El agudo dolor de cabeza me levantó de golpe, me desperté en una habitación de hotel, bueno, más bien una suite.
- Menuda noche.- me dije sin recordar absolutamente nada.

Me giré y vi a un tío durmiendo a mi lado, su portentosa espalda estaba llena de arañazos, su cuello cubierto de chupetones y, para rematar, mi pintalabios rojo recorría todo su cuerpo.
Hundí mi cara en la almohada y me quejé por no recordar nada.
Después de mi momento esquizofrénico me incorporé y fui al baño.
En cuanto abrí la puerta y vi el panorama me quedé pasmada.
El cristal estaba empañado pero pude verme en él.
Mi cuerpo estaba lleno de chupetones y estaba roja.
-¿Pero qué narices hiciste anoche Gabriella?- me dije.

Suspiré y me lavé la cara para despertarme y quitarme los restos de maquillaje corrido.
Busqué por la habitación mi ropa- dónde coño habré dejado mi sujetador, mierda-

-¿Buscas esto?- preguntó una voz grave detrás de mí.

Me giré y le vi sentado en la cama con mi sujetador en las manos.
Me tapé inmediatamente con el vestido que llevaba la noche anterior.
Me aproximé a él, alargué el brazo y le arrebate mi sostén.

- Gracias.- dije cortada.

Él me miraba serio, pero lo hacía de una manera provocativa, mientras me ponía el sujetador y me vestía.

-Bueno, un placer.- dije antes de dirigirme hacia la puerta.

Se levantó con rapidez y me impidió el paso.

Se levantó con rapidez y me impidió el paso

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- Ay madre.- reaccioné al ver que estaba en pelotas.
Miré hacia otro lado, avergonzada.

- Anoche no parecías tan tímida, Gabriella.- dijo mientras me miraba de arriba a abajo.
Di un par de pasos hacia atrás, estaba muy cerca.
- Anoche hice muchas tonterías, eh, ¿cómo te llamabas?- le miré.
- Alejandro, me sorprende que no recuerdes mi nombre, ayer te pasaste toda la noche gritandolo.- sonrió con picardía.
Noté como un escalofrío recorrió mi espalda hasta mi nuca, me puse roja.

 - Eh, bueno, será mejor que me vaya, encantada Alejandro.- me apresuré.

Hice el intento de abrir la puerta, cosa que me fue imposible.

 - Está cerrada, cielo.

 - ¿Por qué?- pregunté preocupada.

 - No sería seguro para ti que te vieran conmigo.- dijo él.

Tenía sentimientos encontrados. - ¿Quién narices es este tio? -

 - ¿Eres un fugitivo o que?- vacilé.

 - Algo parecido.- sonrió.

 - Abre la puerta.- ordené.

Se aproximó hacia mí, se inclinó un poco y mientras me miraba fijamente tocó tres veces el marco. Un tío uniformado abrió la puerta segundos después.

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