La primera vez que lo vi... Me pareció más que hermoso.
Vivir solo en Italia no es tan malo en esta época. La iglesias, las tiendas, las calles, las praderas, todo resulta hermoso y aterrador de una u otra manera.
Vivía en una casa bastante buena para una persona, no necesitaba más.
Recuerdo subir la colina, tomar las llaves de mi casa y agacharme a recogerlas para después de un buen rato quedarme embobado con su fina figura. Piel tan pálida que a la distancia parecía porcelana, cabellos rubios platinado y una inexpresiva cara junto a unas alas levemente más grandes que él. Seguramente creerás que estoy loco, pero aquello era realmente un ángel.
-Disculpa... -Hablé, haciendo que su azul iris me mirara- ¿Necesita algo de mi jardín?
Una pregunta estúpida. Como pidiéndole que se fuera cuando en realidad deseaba todo lo contrario.
Escuchó mi voy, me miró y caminó en mi dirección. Lo cubría una simple túnica. Como la que cubría a las ninfas romanas. No tenía zapatos, pero eso lo hacía más hermoso. Sus ojos se posaron en los míos, como si examinara mi alma. Entonces habló:
-¿Sabes dónde se encuentra el obispo del Gran Capitolio? -Respondió con una melódica voz.
-¿El obispo? ¡Ah! Él ha muerto hace un par de horas -Respondí nervioso.
-Eso lo sé -Contestó-. Lo que quiero saber es dónde está su alma.
-¿Su alma? -Pensé- Perdón, nunca he visto un fantasma así que no puedo ayudarte...
-Cierto -Murmuró-. Los humanos no pueden ver más allá del cuerpo terrenal.
-Siento mucho no poder ser de ayuda para su divinidad pero podría preguntarle, ¿qué es lo que tanto miraba en mi jardín?
-En este lugar, se reúnen las almas de su pueblo. Es una colina bajo la casa de Dios. Por eso preguntaba dónde se encuentra el obispo.
-Ya veo... -Hubo un silencio incómodo de unos pocos segundos que se sintieron como una eternidad- ¿Le gustaría pasar?
Ni siquiera sé por que sugerí eso. En mi interior había un torrente de emoción y miedo al cual no quería hacerle caso. Solo sentía que si dejaba ir semejante belleza no podría grabarla bien. Sería incapaz de impregnar mi mente de su figura, como un completo maníaco.
El ángel caminó por mi casa. Divisó la sala de estar y se sentó junto a una ventana con vista al prado. Yo fui por dos tazas de té y el pan relleno de chocolate que me había regalado Ivone, la panadera del pueblo.
Él ni siquiera me dirigió la mirada, como si no fuera digno de mirarlo a los ojos. Tomó una taza y la puso en su boca. En ese momento sólo pude pensar: "Ah... Así que es esto a lo que llaman una belleza angelical."
-¿Entonces, no eres capaz de saber dónde está en obispo? -Respondió mirando al prado.
-No... Lamento no serle de ayuda.
-Bueno, es algo que esperaba de una raza como la tuya -Respondió comenzando a comer uno de los panes rellenos y entonces sus ojos comenzaron a brillar. Reí para mis adentros.
-Pero si se dirige a la catedral del pueblo, seguramente lo encontrará -Sugerí-. ¿Quizás junto a su cadáver?
-Es posible. Pero los ángeles no pueden acercarse a una Catedral.
-¿Y eso a que se debe?
Entonces me miró. Con esos ojos vacíos pero vibrantes que atraviesan mi alma.
-Porque ustedes los humanos, no hacen más que usar a Dios para manipular sus egoístas creencias.
Fueron duras palabras. Palabras que eran ciertas. Hoy en día, la guerra hace que incluso el arte se vuelque a la política y la sangre.
-Es cierto lo que usted dice hasta cierto punto.
-¿Hasta cierto punto? -Dijo con tono molesto.
-Aún hay personas que se nigan a ceder ante la política. Ya sea por ética, respeto, patrimonio o simplemente porque aman la belleza.
-¿Tu eres de esos? -Preguntó traz observarme durante un rato.
-Supongo. Soy de los que simplemente disfrutan captando la belleza.
-¿Eres pintor? -Preguntó.
-Escultor -Respondí.
-Con razón tu casa está tan sucia.
-Perdón por eso -Dije lamentado no haber limpiado un poco.
-No te preocupes. Estos trozos de papel, pedazo de piedra e incluso la basura del molde para borrar. Todo eso es a lo que los humanos llamarían "trozos de tu felicidad"
En cuanto el cielo de la nada comenzó a nublarce, el ángel caminó hacia la puerta y en un acto desesperado lo tomé del brazo.
-Podría... ¿Hacerte una escultura? -Dije abruptamente, rogando al cielo que aceptara.
El ángel solo me miraba. Examinaba cada rincón de mí como buscando el motivo detrás de mis palabras.
-¿Con que objetivo me pides esto?
-¿Objetivo? -Pregunté- No hay nada como eso. Simplemente... Usted es tan hermoso y me gustaría hacerle una escultura...
-Se de sobra que soy hermoso -Contestó cortante-. Incluso entre los ángeles soy considerado una belleza.
Tenía mucha vergüenza. Sentí como mis manos sudaban, mis mejillas se calentaban y mi corazón se aceleraba mientras que él solo me miraba detenidamente.
-De acuerdo -Habló-. Veamos qué es lo que tramas, humano.
Y eso fue lo último que supe de él antes de su partida.
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El ángel y el escultor
Ficção AdolescenteLa primera lluvia de mayo era preciosa. Efímera y suave, con la intención de simplemente avisar la llegada de un torrencial aguacero. Igual que su llegada a mi vida. Leonardo llevaba ya un tiempo viviendo en Italia, escapando de la guerra en un "ret...
