Las cruces sobre la Catedral

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La religiosidad no se me da. Nunca entenderé la eucaristía a la cual las personas someten sus almas. El pecado está cada un segundo, por qué no lo ven?. Un anciano acaba de dejar una botella de cerveza en la vereda y luego entró a la iglesia. Una mujer acaba de despedirse de su amante por llamada, y luego entró a la iglesia. Seguro el joven que viene corriendo con una bolsa en sus manos es un ladrón, también entró a la iglesia. El desfile de personas nefastas entran a celebrar aquel rito llamado misa. Y aquí estoy yo, que no creo en esto, pero entrando a ella.

Imagino al sacerdote vestido de mago. Digo mago porque la varita mágica que lee en sus manos limpiará nuestros pecados si los confesamos. Magia. Me pregunto. ¿Se darán cuenta de que sus protocolos fueron tomados de lo pagano?. Si me levanto a decírselos me tomarían de blasfema. Por eso mejor me río yo sola, la hipocresía de no aceptar de dónde nacieron, sería mucho para sus mentes adoctrinadas. Religión o estilo de vida. Da lo mismo, nunca se podrá ser 100% bueno, ni 100% espiritual. Este mundo fue diseñado para que nuestros cuerpos sean lanzados al fuego, y nuestras almas vaguen en busca de consuelo que nunca tendrán.

Mirando al rededor la catedral gótica no está lejos de la oscuridad. Cada espacio y olor solo demuestran la vejez de su creación. Las imágenes flageladoras puestas para tomar conciencia sobre nuestra propia humanidad en este mundo. Recuerdo una vez a mi tío diciéndome <<defraudaste a la familia>>, cuando quise entregarme al protestantismo. ¿Acaso la hipocresía en nuestra familia no es suficiente recordatorio de que cualquier camino era mejor?.
Pero ya pasó el tiempo en que creía que estar en un edificio me iba a liberar de los pensamientos pecaminosos que surgen a cada momento.

Pasan los minutos y el sacerdote dice cosas que entiendo pero que no podré cumplir. Mi mente desvaría al verlo convertido en en un puerco con vestiduras elegantes. Cada palabra al final un oink, y sonando su voz carraspante. La mujer del amante y su piel descamosa pienso que esta tratando de quitarse la piel del pecado. El anciano delante de mí convertido en un cocodrilo y sus ojos amarillos con un olor a pantano y haber nadado entre cuerpos desmembrados y sangre. El joven sapo envuelto en glándulas mucosas como si tratase de lo difícil que sería atraparlo.

La Catedral hace sonar sus campanas y no sé si me he vuelto loca o solo estoy viendo un infierno transformador dentro de estas paredes. La campana número 6 hace levitar a todos los personajes mientras yo sigo lejos de mi realidad. No quiero correr porque no tengo miedo. Pero mi segundo espíritu quiere ver el climax de todo este circo de seres normales. Y subiré tal vez a la punta de la Catedral y dividiré en dos mi vida. Una cruz en la normalidad de mis pensamientos. La otra cruz en entrega de la putrefacción. No tengo esperanza a que esto me lleve a creer. Pero se las esperanzas de quienes buscan en el agua bendita una purificación antes de ir al infierno.

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