Capítulo 1: Resurgimiento.

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Luego de que el Kraang golpeó violentamente a Leonardo, provocó que él rompiera unas rocas tras el impacto. La tortuga de orejas rojas, soltando algunas lágrimas, abrazo la foto familiar que le dio Casey antes de entrar a la Prisión dimensional.

En el otro lado, en la tierra, sus hermanos lloraban desolados ante la pérdida de Leo. Rafael se lamentaba al no poder hacer nada para evitar ese acontecimiento, Miguel Ángel, con la mente perdida y nublada, lloraba al saber que jamás volvería a ver a Leo y Donatello, entre lágrimas, no dejaba de pensar en que su hermano estuviera en aquel oscuro abismo con ese monstruo.

Leonardo intentó abrir los ojos cuando sintió una terrible punzada dolorosa en el abdomen que se extendía hasta su caparazón, el Kraang le clavo sus garras mecánicas en el medio del abdomen llegando incluso a perforarle el caparazón, la sangre chorreaba en el brazo del Kraang. Lo último que pudo divisar a la tortuga de orejas rojas fue la mirada mortífera de aquel monstruo que acabo con su destino antes de cerrar los ojos. El Kraang, creyendo que por fin se deshizo de aquel estorbo, se quedó perplejo ante una extraña luz azul que se resplandecía por el pecho de Leo, el Kraang decidió soltarlo y se puso en guardia (estaba listo para dar un último golpe), aquella luz se esparció por todo el cuerpo de la tortuga y, como un meteorito, salió volando disparadamente de aquel lugar donde se encontraba el Kraang.

El Kraang, con la vista perdida, recordó la profecía que escuchó hace varios años atrás. Observo como el cometa azul se alejaba esfumándose lentamente. Luego dijo:

— Algún día, cuando ambos regresemos, te arrancaré los ojos ¡¡¡TE MATARE!!!.....

...

Aparte del mundo de la ciudad oculta de Nueva York o el de la Prisión dimensional existía un mundo con seres parecidos a los yokais pero estos eran distintos....

El patrullaje de aquel día en Yvytypa'ũ (lugar que estaba oculto en lo profundo de Corrientes, provincia de Argentina) fue largo e interminable para Ñasaindy, una coneja guejy blanca. Ella era una aborigen bella y fuerte, también una poderosa luchadora que pese a sus triunfos en las batallas y sus técnicas en el combate todos la consideraron como una de las mayores guerreras de su tribu. Estaba soltera, ningún guejy macho quiso quedarse con ella debido a que no podía tener hijos (por más que ella deseaba tener uno) pero ese día su vida cambiaría....

Ñasaindy junto con una de sus compañeras de trabajo (un tucu-tucu, roedor proveniente de Argentina) vieron al cometa resplandeciendo su luz azul aterrizando cerca de donde estaban, Ñasaindy y su amiga se dirigieron hacia donde cayó el cometa y lo que entraron fue un huevo. La coneja blanca se acercó y se arrodillo frente al huevo que, inmediatamente, comenzó a romperse. Del huevo salió una cría mutante tortuga de orejas rojas del tamaño de la palma de una mano, era Leonardo que resurgió...

Ñasaindy se dio cuenta de que la tortuguita de orejas rojas no era un guejy, parecía un yokai pero apenas tenía la apariencia de uno (los guejys podían distinguir a la perfección cuando un ser era o no un yokai o un guejy), su compañera quedó sorprendida al ver al pequeño bebé tortuga. Fue entonces que recordó aquella visión que el chamán predijo y rápidamente fue a avisarle a los demás dejando a Ñasaindy sola con la cría. La coneja blanca, al contrario, quedó totalmente enternecida y encantada ante la cría de tortuga.

—Hola pequeño— la tortuguita de orejas rojas miró hacia dónde provino el sonido de aquella dulce voz.

Ñasaindy se acercó un poco más para ver de cerca a la cría, Leonardo se asustó y se escondió dentro de su caparazón pero luego salió de él debido a que creía que la coneja blanca era su mamá. Los recuerdos de Leo junto a su verdadera familia y amigos se desvanecieron. Ñasaindy le hizo mimos a la tortuguita de orejas rojas dándole besos provocando que Leo se subiera en su cara.

La coneja blanca agarro con cuidado a la cría de tortuga de orejas rojas con una de sus manos mientras que con la otra se rasgaba un pedazo de su pollera para luego taparlo con esa tela evitando así que no tuviera frío para más tarde llevárselo a su pueblo.

Al regresar a Yvytypa'ũ, los guejys vieron como Ñasaindy llegaba con un bulto de la tela de su pollera acomodado en sus brazos. El cacique de la tribu (otro conejo macho mayor que ella) vio como Ñasaindy traía a Leonardo tapado en la tela, las primeras en acercarse fueron algunas guejy hembras y reaccionaron de la misma manera que lo hizo la primera que lo vio. . . . . . . . .

—Ñasaindy, ¿Qué es lo que tenés ahí? —preguntó el cacique.

— Era sólo un huevo. Mira —le mostró al cacique a Leonardo, el gran jefe guey reaccionó de manera sorprendida y temerosa ante la presencia de Leo, no tardó en darse cuenta de que el pequeño era el ser de la profecía.

— Es un monstruo de sangre fría —avisó—, pertenece a otras tierras, se alimenta de las almas.

— ¿De verdad? — miro la carita de la pequeña tortuga de orejas rojas que solo mostraba inocencia —. A mí me parece un bebé.

— Pero crecerá — Prosiguió —, sabes quién es realmente. Es un bicho que destruirá nuestro hogar. ¡Cosas como esas destruyen a seres como nosotros! — Los demás se asustaron ante las advertencias del cacique — Vas a tener que llevarlo a las tierras oscuras, es el lugar donde pertenece o devolverlo donde lo encontraste.

La coneja blanca no quería llevar a Leo a las tierras oscuras ni tampoco devolverlo al lugar donde lo encontró.

— ¿Devolverlo? —volvió a mirar a la pequeña tortuga— Pero morirá.

— ¡Escúchame Ñasaindy! ¡No permitiré que pongas a la tribu en peligro por esa cosa!

— ¡¿Acaso te parece peligroso?! —Ñasaindy le mostró al cacique la carita de Leonardo para demostrar que no había ningún peligro en criarlo.

El cacique emitió un gran rugido ante todos, los guejys tenían la costumbre de emitir sonidos y gritos con los que se podían comunicar o transmitir sentimientos. En este caso, el cacique transmitió furia con su rugido provocando que Leo llorara, la mirada de Ñasaindy hacia el cacique era desafiante, cualquier guejy se hubiera asustado ante el rugido en este caso no funcionó en Ñasaindy.

—Está bien, —dijo tranquilizándose—, te lo podes quedar.

— Señor — Ñasaindy quedó feliz y satisfecha ante las palabras de su jefe —, sé que será un buen niño en la aldea-

— Pero — prosiguió interrumpiéndola — si me llego a enterar el mínimo riesgo que cometió tu criatura, no tendré más remedio que desterrarlos a ambos.

Con eso los demás guejys y el gran jefe se retiraron dejando a Ñasaindy ya la pequeña bebé tortuga solos. La coneja blanca se dirigió con Leo en brazos hacia su choza, cuando entro en ella se acostó en su hamaca junto con Leo quien se durmió ante la calidez que le proporcionaba la tela.

—Sos tan lindo, creo que te llamaré...Leonardo...—Ñasaindy se dio cuenta que aquel nombre le quedaba muy bien a la pequeña tortuga—Leonardo, mi pequeñito Leo......

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⏰ Última actualización: Jun 10, 2025 ⏰

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