Me Iré En Otoño

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Tal vez si nunca hubiera pasado por ese viejo árbol, o tal vez si ese día hubiera preferido tomar el tren, el sufrimiento que mi corazón no pudo contener muy seguro nunca habría pasado…

Ese día regresaba de la escuela como era de costumbre, siempre tomaba el tren para llegar más rápido, pero en ocasiones prefería tomar un atajo que me llevaba al mismo árbol, un viejo abedul en el que solía reposar en un mal día. Cada día era exactamente igual hasta que el tiempo decidió otro destino. Fue en mayo cuando la vi por primera vez justo frente al abedul, aun sin saber que ella seria la persona que marcaría mi vida.
Después de ese día, cada recuerdo en ese árbol lo compartí con ella, aun recuerdo su bella sonrisa y el brillo de sus ojos como si fuera ayer. Cada momento, cada palabra fue cada vez mejor.
Mis malos días ya no eran tan malos después de todo, la primavera empezó a tener color, el brillo de sus ojos se lo dio…

Pronto llego el verano, y sus mejores días fueron bajo la sombra de un abedul…
En verano me enamore sin sentido, me enamore sin preocupaciones ni prejuicios.
Al día siguiente me encontraba sentado cerca del rio esperando ansiosamente que ella llegara, aun no olvido lo que en ese entonces solía decir cosas como: “Las estrellas brillan más cuando cierras los ojos” “Hoy es una noche sin luna”
O cosas mas confusas como: “Me iré en otoño”
pero no importaba cuantas veces preguntara a que se refería, nunca había respuesta y nunca entendí que fue lo que quiso decir o eso fue hasta que llego el otoño, hoy había una diferencia y era que no estaba reposando en el viejo árbol, encontraba en una fría habitación de hospital. El corazón se me partía en mil pedazos mientras la observaba sobre esa cama como lentamente el otoño se me iba de las manos, aun así, su sonrisa estuvo presente cada que me decía algo.
Y entonces entendí cuando repitió “Me iré en otoño” “No te preocupes por mi… Hoy por fin veras brillar las estrellas brillar como nunca”
Cada que decía una palabra el brillo de sus ojos se desvanecía, hasta que lo perdí por completo.

Sin pensarlo me encontraba frente al árbol, aquel que incondicional siempre me escucho y quien ahora me miraba llorar…

No importa cuanto tiempo pase, no puedo olvidar el brillo de sus ojos, y se que entre mas tiempo pase su rostro será solo un recuerdo estancado que solo encontrare en esos huecos vacíos de mi mente y en la corteza eterna de aquel viejo y amigable abedul…

Nuestro árbol!!

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