Prólogo.

30 5 2
                                        


Abrió la puerta con dificultad, pues esta se había atorado con una pequeña pila de cartas en su entrada. Suspiró con pesadez al ver la acumulación de los sobres con su nombre. Recién había regresado a casa luego de una larga jornada de trabajo como exterminador y ya tenía más pedidos de ayuda.

Ignoró por completo las cartas; entendía su importancia, había gente que justo en ese momento corría peligro por las bestias y necesitaban su ayuda. Pero si no dormía un poco iba a colapsar. Se dejó caer rendido en el sofá, el cansancio lo superaba.

No tardó mucho en conciliar el sueño, extrañaba la comodidad de su hogar, el cual era pobremente iluminado por un par de rayos de sol. Su casa, a pesar de ser humilde, era cómoda y reconfortante. Podría pagar por una mejor, pero le tenía cariño, además de que pasaba mucho tiempo fuera y no valía la pena pagar por algo extravagante que estaría abandonado.

Phillip Pirrup no tenía una vida tranquila, un poco insatisfactoria pero buena en comparación. Incluso podría decir que encontraba un poco de satisfacción en hacer su trabajo: exterminar bestias.

El reino de Zaron y sus tierras cercanas —y en general otros reinos— eran conocidos por estar infestados de bestias salvajes, criaturas que solían atacar pequeños pueblitos y causar temor entre los habitantes. Podría considerarse que el trabajo mejor pagado y solicitado era el que Philip ejercía; claro, había una gran diferencia: él era el mejor en lo que hacía.

Perdió la noción del tiempo; en cuanto despertó supo que había dormido más de la cuenta. Estaba sudado, con un dolor insoportable de cabeza y hambre. Un hambre inmensa. Y lo peor era que, en su hogar, probablemente no había alimento alguno y sus provisiones para sus viajes estaban agotadas.

Sin muchas expectativas, buscó entre la alacena de la cocina algo para saciarse, encontrando un tarro de mermelada de mora y medio trozo de pan duro, viejo e insuficiente para su hambre. Y no era la primera vez que algo así le sucedía; era cansado y abrumador. ¿Qué sentido tenía ganar bien si su alimentación era patética? Ni siquiera la emoción valía la pena.

En compañía de bocados de mermelada y pan, se dispuso a leer las cartas que llevaban tiempo tiradas en el suelo. Una por una.

Phillip tenía un sistema específico cuando las peticiones se acumulaban de gran manera: dependiendo del tipo de bestia, las cartas eran colocadas en pilas: no urgente, urgente, peligro urgente, no puede esperar. De ese modo, podía organizar un itinerario.

Rara vez sucedía una acumulación de solicitudes para su ayuda, solo cuando era temporada de apareamiento de ciertas razas de bestias. Sin embargo, en las últimas semanas se registraron más ataques que en años anteriores, algo raro y cansado que le quitaba horas de sueño, descanso y vida.

Justo cuando los sobres ya estaban organizados, Phillip se percató de un sobre inusual; su sello no era familiar y tampoco tenía algún emisor para poder identificar el origen de la carta.

---

Dirigido a Phillip Pirrup, exterminador profesional de bestias.

Querido Pirrup, he escuchado sobre lo acertado que es en su labor como exterminador. Lamentablemente requiero de su servicio; hay una bestia única en su especie que representa una gran amenaza para mí, se trata de un Acechante tipo N.

Espero que acepte mi solicitud, adjunto un mapa para guiarlo hacia mi localidad.

Firmado, D.

---

Phillip soltó una carcajada, la carta parecía ser solo una broma, pues era imposible que un Acechante tipo N estuviera atacando a alguien; era una raza extinta.

Sin embargo, su sonrisa se desvaneció al ver aquel mapa que marcaba el lugar donde dicha bestia aterraba la vida de alguien. Era un lugar poco habitable, debido a su alta infestación de criaturas peligrosas. Ni siquiera él había tenido la intención de atravesar esos rumbos, era como tentar contra la vida por diversión. ¿Se trataba de una trampa o realmente existía un último espécimen de Acechantes?

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Dec 19, 2025 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

Bestia.Where stories live. Discover now