Scarlett odia las drogas y una planta de marihuana acaba de hablarle. No, ella no está drogada. El culpable es un dios japonés... del que podría terminar enamorándose.
Scarlett juró nunca tocar nada que alterara su mente. Ahora, esa misma planta es...
Una chica que odia las drogas. Una planta de marihuana que habla. Y un dios japonés imposible de ignorar.
Scarlett juró nunca tocar nada que alterara su mente... hasta que esa planta se convirtió en su única conexión con un dios atrapado en el tiempo.
Ahora, mientras intenta salvarlo de una maldición milenaria, descubrirá que lo más peligroso no son los Yōkai que la acechan, sino lo que empieza a sentir por él.
¿Estará dispuesta a romper todas sus reglas por un amor que podría costarle todo?
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