[prologue]

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—...Te lo voy a preguntar una sola vez. —dijo Umbridge a Harry— ¿Iban o no a ver a Dumbledore?

Harry negó con su pecho moviéndose de arriba a abajo —No.

—¡Mentiroso! —gritó Umbridge antes de estampar su mano contra la mejilla del azabache, causando que todos en la sala sin excepción nos estremeciéramos.

Harry gruñó un poco y después me miró, como si rogara que le ayudara, que intentara algo.

—¿Qué? ¿La señorita Lupin tiene mi respuesta? —ahora era mi pecho el que se agitaba con tan solo observarla caminando hacia mi.

—No. —tartamudeé negando con la cabeza ligeramente.

Sentí a Malfoy jalarme hacia él, como si intentara que Umbridge no se acercara demasiado. —Te tengo un trato,
Anastasia. —dijo deteniéndose frente a mi— Si tú me dices a dónde iban, los dejaré ir libres a todos y no habrá castigo. Para nadie. ¿No quieres salvar a tus amigos?

—No digas nada, Anne. —dijo Hermione.

—¡Silencio! —exclamó Umbridge— ¿Qué piensas, Anne? ¿Vas a decirme?

Respiré agitadamente —No. —volví a tartamudear y me encogí viendo como la directora alzaba su mano frente a mi.

—¡No la toque! —dijo Harry cuando el estruendo del golpe resonó no solo contra mi mejilla, sino contra las paredes. —¡Yo le digo a dónde íbamos!

—Miren quién decidió hablar con tal de salvar a la señorita Lupin. Cuénteme, señor Potter.

Por suerte, Harry no alcanzó a decir nada, pues el Profesor Snape cruzó la puerta justo a tiempo. —¿Me mandó a llamar?

—Pero que oportuna aparición, profesor. Necesito respuestas y solo puedo lograr eso con un poco de su Verita Serum, ¿lo trajo?

—Me temo que usó lo último en el interrogatorio de la señorita Chang.

Hermione y yo respiramos con alivio, mirándonos.

—A menos que quiera envenenarlo, y le aseguro que la entendería... No puedo hacer más nada por usted. —Snape se dió la vuelta, sin embargo se detuvo al escuchar el grito de Harry:

—¡Tiene a Canuto! ¡En donde eso se esconde!

Snape me miró fugazmente antes de volver a dirigir su mirada a Harry.

—¡¿Quién es Canuto!? ¿A qué se refiere? —dijo Umbridge.

El profesor la observó sin decir nada por unos segundos mientras Harry le rogaba con la mirada que hiciera algo —No sé de que habla.

Se escucharon varios suspiros —Vaya, entonces supongo que no tengo opción... tendré que usar un par de cruciatus en ti. —Sentenció Umbridge, consiguiendo que se me erizara hasta el último centímetro de piel.

—Es ilegal. Pueden arrestarla. —dijo Hermione.

—Nadie tiene por qué enterarse. —puso la foto del Ministro boca abajo.

Sentí como la respiración se me agitaba de nuevo y los ojos se me llenaban de lágrimas —Hermione... Haz algo... —susurré.

—Y-Yo...— tartamudeó mientras observábamos la varita de Umbridge prepararse para maldecir a Harry.

—¡DILE, HARRY! —gritó mi amiga por fin, causándome unos segundos de alivio.

El azabache y la directora le miraron confundidos por igual —¿Decirme qué?

—S-Sobre el arma secreta de Dumbledore. Si no lo haces tu, lo haré yo.

Umbridge sonrió —Por fin los sangresucias sirven de algo. Potter y Granger, vengan conmigo. Los demás, quédense aquí.

the great war, a harry potter fanfic.Geschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt