Capitulo 1. la caída de Sanctum

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El mundo santo de Sanctum se encontraba en su momento más oscuro. Las llamas devoraban los edificios sagrados, mientras el cielo se llenaba de humo y cenizas. El sonido del combate y los gritos de agonía se mezclaban en un coro de desesperación. En medio de este caos, una escuadra de hermanas de batalla corría a toda velocidad por los pasillos del templo hacia la sala de comunicaciones.



Las hermanas de batalla, con sus armaduras resplandecientes y sus armas en alto, mostraban una determinación inquebrantable en sus rostros, a pesar de las heridas y la fatiga. Su misión era clara: enviar un mensaje de auxilio a cualquier aliado imperial que pudiera venir en su ayuda.



"¡Rápido, hermanas!" exclamó la hermana superior, liderando el camino. "Nuestro deber es asegurarnos de que nuestro mensaje llegue a los oídos correctos. El destino de Sanctum depende de ello".



Las hermanas de batalla se apresuraron a llegar a la sala de comunicaciones, donde una hermana técnica estaba esperando. Con habilidad y precisión, la técnica inició el proceso de enviar el mensaje de auxilio, mientras las hermanas permanecían alerta, listas para defender el templo hasta su último aliento.


En una nave de los Adeptus Astartes conocidos como los Guardias de las Hermanas, los monitores parpadeantes se iluminaron con el mensaje de auxilio proveniente de Sanctum. El Maestre del Capítulo, un imponente Astartes con su armadura decorada y su mirada penetrante, se dirigió hacia el centro de mando de la nave.



"Hermanos", comenzó el Maestre del Capítulo con una voz grave y firme, "hemos recibido un llamado de auxilio desde el mundo de Sanctum. Nuestras hermanas de batalla luchan valientemente, pero necesitan nuestra ayuda. La fe y el honor exigen que respondamos".



Los Astartes de los Guardias de las Hermanas se encontraban reunidos en el recinto, sus armaduras resplandecientes y sus armas afiladas. Escuchaban atentamente las palabras de su líder, su determinación aumentando con cada palabra pronunciada.



"Sanctum es un mundo sagrado, una joya en el Imperio", continuó el Maestre del Capítulo. "No podemos permitir que caiga en manos de los traidores. Nuestro deber como Adeptus Astartes es proteger a los inocentes y luchar por la gloria del Emperador".



Un rugido de aprobación y determinación resonó entre los Astartes presentes. Todos estaban dispuestos a darlo todo por el bien de Sanctum y de su fe.



"¡Hermanos, preparen sus armas y sus corazones! Partiremos de inmediato hacia Sanctum para auxiliar a nuestras hermanas de batalla", proclamó el Maestre del Capítulo, su voz resonando con autoridad.



Los Astartes de los Guardias de las Hermanas se pusieron en movimiento, preparándose para el combate. Sus armaduras brillaban con un resplandor dorado, y sus armas estaban afiladas y listas para la batalla. La determinación ardía en sus ojos, mientras se dirigían hacia los hangares de la nave.



"¡Hermanos, recordad el juramento que hemos hecho!" exclamó el Maestre del Capítulo, su voz llena de fervor. "Somos los guardianes de las hermanas, su escudo, su espada. No descansaremos hasta que Sanctum sea liberado y sus enemigos derrotados. ¡Por el Emperador y por la fe!"



Los Astartes de los Guardias de las Hermanas alzaron sus puños en un gesto de lealtad y determinación. El espíritu de lucha llenaba sus corazones, y estaban dispuestos a enfrentarse a cualquier desafío para cumplir su deber.



La nave de los Guardias de las Hermanas se alzó en el espacio y se dirigió hacia Sanctum, su rumbo marcado por la luz de las estrellas. Los motores resonaban con un poderoso rugido, mientras los Astartes se preparaban mentalmente para el combate que les esperaba.

Juramento de Fe Where stories live. Discover now