Epílogo : Part 1 - Dos estándares y un Dragón

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Un viejo de largas barba canosa y mirada intrigante se sentó en un amplio trono de hierro y hielo tan frío como el clima del propio Norte, mirando con amargura todo lo que le rodeaba de su dominio no podía decir con exactitud porque aquel lugar le desagrada tanto a pesar de llevar tantos años en ese mismo trono. Tomando una amplia bocanada de aire frío, el hielo nubló completamente su vista

Los ancianos de Tabitha habían dicho que este verano sería uno caluroso, sin embargo, el norte no entraba en esta circunstancia. Tal vez, el este traería algunas lluvias y el oeste vientos, pero el norte permanecería igual, con aquella impenetrable muralla de nieve y hielo, y Lord Sung lo prefería así que antes de que estuviera tan desprotegido como las Puertas Doradas del Valle

Una mueca de asco se afianzó en su expresión. Su odio por los pobladores de ese lugar era en creces, esa zona debió pertenecerle a él, él ayudó al rey a posicionarse en el trono, él acabó con sus propias manos a cada uno de los hermanos de ese bastardo desagradecido y él fue el abucheado por el pueblo que lo llamada asesino de Reyes, luego de que matara con traición al último heredero en el trono mientras bebía. Él había levantado este nuevo reino, sin embargo, ese niño con aires de caballero, solo le había dado el cruel y frío Norte, han alejado de la ciudad posible y ni siquiera un cargo como su consejero. Una verdadera ofensa para una casa tan noble como la de Sung

— Mi lord — la mirada del hombre enfurecido se volvió hacia la suave voz que lo llamaba. En la esquina de la habitación, con millones de joyas y una hermosa Tiara de diamantes, yacía la actual esposa del Lord. Lady Ambrosía, una bella Elfa de descendencia sucia por la liga de un humano y lo un elfo maldito — Escuche a mi Lord mencionar mi nombre ¿Me equivoqué? — preguntó suavemente

Lord Sung le dio una mirada, la Elfa se quedó en su lugar. Nunca era bueno dar un paso en falso cuando de Lord Sung se estaba tratando, la guerra no solo le había enseñado a tener mano hierro con todos, sino también a estar siempre al pendiente de cada persona que lo rodeaba o seguía. Esas son el tipo de enseñanza que dejan las traiciones y la poca lealtad, la desconfianza

— ¿Qué quieres? No tengo tiempo para tus preguntas sin sentido, Ambrosía — le reclamo, la Elfa sonrió con elegancia a pesar de los que parecía ser un regaño

— Entonces me equivoqué. Me retiraré primero — se dio la vuelta, Lord Sung sonrió con amargura incluso más. Odiaba este tipo de juegos

— Ambrosía, nunca vienes a mí si no es por una buena excusa. Escuchaste algo o alguien mencionó algo que llegó a tu oído y que sabes que me interesara — declaró el hombre, la Elfa volvió a sonreír, esta vez incluso más feliz

— Mi esposo conoce tan bien mi carácter — dijo juguetonamente — Esta vez lo que escuche no fue un chisme de su alteza y sus concubinas, esta vez fue una historia sobre algo que está pasando más allá del muro — Lord Sung giro su atención hacia la Elfa — Según Lady Mackenzie, hay un nuevo ejército rebelde que está tomando gran parte del territorio cercano a las puertas del Valle Dorado, al parecer según Sir Johan en próximo lugar podría ser vuestro territorio — Lord Sung frunció el ceño. Puertas del Valle Dorado siempre le debió pertenecer a él, el rey debió dárselo a él y no aquel desagradable esclavo libre para que fundara aquella ciudad de esclavos con supuesta libertad — Según un hombre que se cruzó con ellos, el ejército rebelde se hace llamar La guardia del Viejo Dragón y porta un estándar de un Dragón negro volando la torre de los viejos del antiguo Medellon — una mueca se agudizó en los rasgos del hombre luego de escuchar esto

— Imposible — la Elfa casi se asustó cuando el hombre se levantó y golpeó sus manos en el trono — La única casa que tenía un estándar así, era la casa Seong y yo mismo acabé con cada uno de sus integrantes el día que me coronaron protector del Norte — la Elfa jugó con sus largos cabellos azules como el mar — Yo maté a ese viejo, mate a su hijo mayor e incluso maté a su esposa con su hijo en el vientre. Acabe con cada miembro de esa familia. Yo destruí por completo esa descendencia — Ambrosía miró como los azules ojos se iban congelando de poco a poco por el odio

— ¿Quién sabe? Tal vez alguno sobrevivo. Ha pasado algún tiempo desde la guerra de los Doce príncipes. Si el niño que mataste en el vientre de esa mujer fuera un hombre, si hubiera sobrevivido ¿Cuántos años tendría? Veinte, tal vez veintiuno — una mano se aferró al cuello de la Elfa. Lord Sung la miró con ojos gélidos

— No vuelvas a mencionar eso o te enseñaré una lección — como un animalito asustado, la Elfa asintió varias veces — La familia Seong está muerta, yo le di muerte a cada uno de ellos. Yo, los asesiné y los muertos no regresan de la tumba ¿Está bien? — Ambrosía asintió y las manos se aflojaron en su cuello

Después de eso la alfa desapreció corriendo entre los pasillos fríos de aquel lugar. Lord Sung la observó por un tiempo hasta que su figura se borró de su vista. Volviendo a tomar su lugar en el trono continuo mirando todo el dominio a su alrededor

— Todo lo que importa es el poder, la familia es después — le recordó una voz en su cabeza. Si tenía que matar a su hermano lo haría, y si tenía que darle muerte a su sobrino, también lo haría. Todo vale cuando de poder y ambición se estaba hablando, la familia es solo una de las cosas secundarias de la vida. La guerra de los Doce príncipes le había enseñado eso, la sangre no tiene ningún peso cuando de un trono y una corona hablamos.

Girando sus ojos hacia la distancia en dirección a la ciudad capital, una sonrisa mala se dibujó en sus ojos. Déjalos que continúen en aquel eterno verano, ya les llegará el momento de disfrutar el crudo invierno y Lord Sung se encargará de que sea uno realmente frío

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