Angustioso Desencuentro

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Mientras mis pies se movían suavemente bajo el agua tratando de mantenerme a flote, mis ojos no podían apartar la mirada del enorme cuerpo de Kareema que merodeaba muy cerca de mi.

Los otros entrenadores llevaban ya un rato intentando desviar su atención de todas las maneras posibles con la vaga esperanza de que me dejase volver a nado al borde de la piscina, pero ella no parecía interesada en nada que no fuese yo.

Sabía que estaba en un serio problema ahora mismo. Y es que una vez más me había confiado demasiado y de alguna tonta manera había pecado de ingenua.

A veces me ocurría. Olvidaba que lo que tenía delante era una criatura de tres mil quinientos ochenta y siete kilos y casi seis metros de largo con voluntad propia en lugar de un mimoso y juguetón cachorrito amaestrado. Y por muy lógico que a veces nos pareciese no siempre iba a poder fiarme de mi capacidad para conseguir que hiciese lo que yo quisiese a pesar del vínculo que ambas compartíamos.

Aquello ya no era un juego. Y entendía que mi vida dependía por entero de su reacción.

Me dolía el pecho. Trate de mantener la calma moviendo los pies y las manos cuanto podía para continuar flotando mientras mi corazón desbocado no paraba de latir con fuerza dentro de mi caja torácica. Mi agitada respiración se entrecortaba por momentos, y mis lágrimas contenidas se mezclaban con la salada agua. Consciente de que solo un milagro podría ayudarme.

Sabía que si intentaba alejarme del centro del tanque y de ella, Kareema lo tomaría como un nuevo desafío y centraría nuevamente toda su fuerza en mi así que me límite a intentar seguir a flote sin perder cada uno de sus movimientos de vista.

No sabía cuanto más iba a poder aguantar. La pierna me latía profundamente como si algo se hubiese roto en su interior y aunque no podía verla bajo el agua, intuía que estaba sangrando. Kareema me había arrastrado por ella al interior del tanque y me había mantenido lo que a mi me pareció una eternidad bajo el agua antes de volver a soltarme como si de tan solo un juego para ella se tratase.

El pánico se había apoderado de mi en esos segundos, y en contra del sentido común y la lógica había tratado de forcejear con ella haciéndome más daño del necesario, pero algo en mi interior hizo que pensase por un segundo que ya no saldría.

En cuanto sentí que su boca me soltó subí a la superficie tan rápido como pude y la bocanada de aire que tomé fue tan fuerte que asustó a mis compañeros.

Todos me miraron angustiados. Algunos volvieron a azotar el agua con más fuerza desde el borde de la enorme piscina, uno de ellos trató de mover tan rápido el cubo metálico lleno de hielo y pescado que este se le resbalo chocando contra la superficie de la plataforma haciendo un estridente sonido que hizo que la majestuosa orca volviese su cabeza por un instante.

Aprovechando ese descuido, una compañera situada al otro lado emitió una señal acústica haciéndole un gesto con la mano para tratar de reconducir su comportamiento, y que se diese cuenta de que aquello que estaba haciendo estaba fuera de lo que se esperaba de ella a la hora de recompensarla.

Yo me limité a seguirla con la mirada intentando murmurarle palabras tranquilizadoras que reforzasen lo que mi compañera decía. Incluso me atreví a alargar la mano para acariciarla intentando calmar su estado de ánimo.

No parecía furiosa, no estaba molesta aunque parecía bastante irritada y yo seguía sin entender el por qué.

Que yo recordase no había ocurrido nada fuera de lo común. Tan solo estábamos jugando ni siquiera había comenzado aún el entrenamiento.

Evidentemente, algo le había molestado.

La señal acústica volvió a sonar y por un instante Kareema desapareció frente a mi. Yo me quede helada y traté de distinguir su oscuro cuerpo bajo el agua.

Cuando emergío medio segundo después lo hizo absolutamente imponente, sacando al menos la mitad de su descomunal cuerpo del agua antes de dejarlo caer sobre su lateral izquierda creando una especie de tsunami que abarcó casi todo el tanque.

En el fondo no estaba segura de que su intención fuese hacerme daño, quizás tan solo estuviese buscando la manera de llamar mi atención, tal vez se hubiese cansado de seguir instrucciones o simplemente estuviese buscando una nueva forma con la que distraerse.

Fuese como fuese, yo seguía allí con ella y debía encontrar la forma de salir ilesa de aquello.

Sentí la fría agua salada resbalar de mis labios cuando temblorosa abrí mi boca para volver a murmurarle algunas palabras que recondujesen aquella situación, y ella emitió un agudo sonido que yo supe reconocer de inmediato.

Aquello no iba a terminar. No pronto, al menos.

Kareema no estaba satisfecha y aquello no terminaría hasta que ella quisiese que lo hiciese.

Mi vida dependía de ella, y de alguna forma ella deseaba que yo lo entendiese. 

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