Aiden Caldwell es un empleado ordinario que trabaja puntual en un bar por el centro de Villedor, con una vida solitaria y monótona su única razón de existir es su empleo como bartender, todo cambia con la llegada de un peculiar cliente que tendrá ex...
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La noche cae en Villedor, una ciudad europea conocida por ser cosmopolita y un sitio ideal para la vida nocturna a la mano de las tendencias de última moda y tecnología, llena de vida y color todos los días hasta que el cielo oscurece para reflejar grandes carteles neón y música bulliciosa en cada esquina de esta jungla de concreto y ventanales. Una marea de personas inunda las calles de Villedor pero entre millones que transcurren por ahí está Aiden, un simple joven con una vida igual de simple, lo único que le gusta hacer es trabajar en el mismo bar todas las noches sin falta en un local perdido en el centro de la ciudad. Aquel muchacho había dejado todo para vivir en esta gran metrópoli, no tenía familia y amigos, era un completo desconocido en una ciudad totalmente desconocida.
Él sólo quería trabajar por alguna razón, odiaba la improductividad y la consideraba un acto atroz contra el ser humano; a Aiden no le molestaba servir el mismo trago toda la noche a una sola persona, sacar a borrachos del local o escuchar las muchas historias que ocurren cada día ya sea de un turista que vino a conocer el local o de un despechado alcoholizado o de un amante escondiéndose de su pareja. A él le encantaba esta vida de bartender y aunque sabe que lo hace por una necesidad más allá de lo económico no la dejaría por absolutamente nada de este mundo.
Esta noche era calmada para ser una urbe llena de vida, no habían clientes esta vez así que Aiden lo único que hizo fue reorganizar las botellas y limpiar con cuidado los vasos hasta dejarlos relucientes sin una pizca de polvo, a él le encantaba hacer bien las cosas así que siempre fue un empleado eficiente para el local; se sentó en silencio leyendo un libro que se trajo consigo una vez que terminó sus tareas.
— Parece que hoy las cosas están tranquilas —. Dijo el muchacho mientras remojaba sus dedos para cambiar de página — Supongo que tendré tiempo para leer un poco más.
La lectura fue interrumpida por el sonido de la campanilla de la puerta.
Los ojos de Aiden dejaron de leer letras y palabras para directamente mirar a su nueva visita.
Un hombre habría entrado al local vestido de saco y una corbata de color esmeralda, parecía ser alguien de negocios, tenía una barba impecable y un cabello azabache tan arreglado que daba gusto verlo, estaba en sus cuarenta. La atención del barista quedó atrapada en los ojos de ese misterioso hombre quien observó el local rápidamente y se sentó en la barra con una ligera sonrisa.
— Bienvenido, ¿Qué te puedo servir? —. Preguntó Aiden.
— Un "Whisky en las rocas" por favor — Respondió con una amable sonrisa y un tono de voz suave.
El acento de aquel señor era diferente, el barista lo notó y sabía que era extranjero por su pronunciación, le daba curiosidad saber de donde provenía su nuevo cliente pero no podía preguntarle algo tan personal a alguien que acaba de conocer hace unos minutos además que su código como empleado no le permite involucrarse con clientes de esta forma. Debía quedarse callado incluso si la curiosidad le carcomía la cabeza por dentro, sacó una botella de Whisky, un vaso con hielo junto con una servilleta tan suave como las mejillas de Aiden, sirvió la bebida y con cuidado la deslizo hacia el pelinegro.