Capítulo uno: El comienzo

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Narra Alicia:

Era una hermosa mañana de Abril, el reloj indicaba las 6:37 de la mañana y los primeros rayos de sol entraban por la enorme ventana de mi habitación. La misma estaba ubicada el segundo piso de la vieja casona de la granja en la que vivía junto a mis papás y mi hermano menor. El lugar era la típica habitación de casa antigua, con techos muy altos, gruesas paredes de ladrillo revestidas con yeso y ventanales grandes. No era la habitación que una chica de dieciséis años hubiera soñado pasar durante su adolescencia, sin embargo me las había ingeniado para acomodarla a mi gusto.
La temperatura ya había alcanzado los 27 grados haciendo que sea imposible que pudiera seguir durmiendo. Había soñado que estaba en una hermosa playa nadando con delfines y me desperté empapada en mi propio sudor. Me levanté con mucha pereza y me quedé sentada sobre mi cama por unos segundos, con la mirada perdida, como esperando que mi cerebro terminara de despertar. Cuando por fin las primeras neuronas lograron funcionar acabé de levantarme. Lo primero que hice fue dirigirme hacia el ventanal de mi habitación que aún permanecía con sus postigos de madera cerrados. Los abrí y alcé mi mirada al cielo en busca de alguna nube. Pero rápidamente volví a decepcionarme al ver que el cielo ya estaba tan azul como pudiera serlo.
- Carajos!- Exclamé con un pequeño gesto de fastidio.- Otro maldito día sin lluvias.- Acabé diciendo con pena.
Luego me fui hasta el escritorio de madera que tenía acomodado en uno de los rincones del lugar. Sobre él había un cuaderno de notas y una lapicera color rosado con un adorno del plumas violetas en la punta superior. Me senté en la silla que estaba junto a él, tomé la lapicera y comencé a escribir en una hoja en blanco. "Jueves 28 de abril de 2033. Hoy es el día número 1873 sin lluvia y no hay señales en el cielo de que este evento de la naturaleza vuelva a suceder."
Antes de continuar les quiero contar un poco lo que estaba sucediendo para que así puedan entender mejor.
La humanidad estaba atravesando por la mayor sequía en toda su historia. Según los registros oficiales ya habían pasado más de cinco años de la última lluvia registrada en alguna parte del mundo y la situación se había vuelto alarmante. En todo el mundo las reservas de agua comenzaron a secarse creando un gran crisis hídrica. Los gobiernos de los primeros países que comenzaron a quedarse sin agua en un principio optaron por mezclarla con agua de mar para así maximizar el rendimiento de sus reservas. Esto hizo que la misma tuviera niveles muy altos de sodio y que la gente se vea obligada a empezar a tener que consumir agua embotellada y así poder vivir un poco mejor. Esta mediada pareció ser la solución en un principio, pero con el tiempo la crisis fue extendiéndose más de lo esperado, la demanda continuaba subiendo y el precio de la misma iba elevándose día tras día. Esto comenzó a afectar bastante a las personas de clases sociales bajas que no podían pagar su costo y fue así que empezaron las protestas. Eso solo era el inicio de todo lo que pasaría después. Cuando en aquellos países las reservas se agotaron por completo tuvieron que salir a comprársela a los demás países qué aún tenían reservas. Sin embargo la gran demanda hizo que su precio aumentara cada día más y más y no todos podían acceder a un simple botella de agua. Los que podían viajar comenzaron a huir rápidamente hacia los países donde aún les quedaba agua y su precio era accesible. Esto hizo que aquellas zonas empezaran a tener problemas de sobrepoblación. La situación obligó a los gobernantes a cerrar sus fronteras dejando a miles de personas varadas en sus puntos de ingreso. Allí fue cuando se empezó a desatar el caos. La gente viéndose impedida de ingresar empezó a desesperarse pues sabían que volver a su país tampoco era la opción viable. Muchos empezaron a tratar de ingresar a la fuerza. Ante esto la respuesta de las autoridades no fue otra que enviar a sus tropas a defender sus fronteras. Para ellos cada persona que intentaba entrar sin autoridad era un invasor que debía ser detenido de la manera que sea. Se vivió una escala de violencia nunca antes vista, los cuerpos acribillados a balazos empezaron a apilarse de a montones. Día tras día aquella triste situación se ponía peor haciendo que los gobiernos locales comenzaran a verse desbordados. Por cada persona muerta llegaban tres más intentando pasar sin autorización. Sus tropas ya no daban a basto, y poco a poco iban perdiendo terreno. En ese momento fue que vieron con buenos ojos la opción de empezar a crear una especie de alianzas con las principales potencias mundiales. La negociación era bastante simple, las grandes naciones enviaban a sus soldados fuertemente armados para ayudar a controlar la situación y recibían agua como forma de pago. Pero lejos de ser una solución la maniobra creo aún más problemas. Dentro de estos territorios el precio del agua también comenzó a subir a ritmo muy acelerado y la población que ya no tenía acceso a ella empezó a protestar. El valor de una simple botella de agua crecía y con ello crecía la preocupación de la población más vulnerable. Cada día eran más y mas las personas que salían a las calles a reclamar. Mientras los gobernantes hacían oídos sordos a estos reclamos la situación empeoraba. Las protestas se convirtieron en grandes movilizaciónes de miles de personas ya desesperadas. Pronto los saqueos a los negocios se volvieron moneda corriente. Primero se enfocaban en los comercios más pequeños. Luego las grandes almacenes se volvieron su objetivo hasta que por último las plantas de embotellamiento de agua eran su blanco. El gobierno respondió enviando soldados a tratar de frenar a la población y en poco tiempo las protestas se transformaron en guerras civiles que dejaron miles de muertos más desparramados por las calles. El problema era que cada día eran más las personas que se unían a la lucha haciendo que el avance hacia las grandes ciudades donde vivían las personas de clase social más alta se volviera incontrolable. Allí fue que se crearon las famosas zonas seguras, diseñadas especialmente para albergar a toda esta clase de personas, aquellos qué aún podían pagar el costo de una botella de agua. Eran unas verdaderas fortalezas. Con muros muy altos, protección militar y adentro todos los lujos que se puedan imaginar. Claramente solo unos pocos podían vivir allí, el resto de la gente ya no le importaba a nadie.
En determinado momento el número de manifestantes creció tanto que ya superaban ampliamente a las fuerzas armadas y ya se habían vuelto una gran amenaza. Fue allí que los gobiernos dieron la orden de lanzar bombas de destrucción masiva contra estos. Para este punto parecía que la humanidad estaba llegando a su fin. En los siguientes años la población mundial se redujo en mas de un 90%. Ya casi no había agua ni comida, todos los que no habían muerto por órdenes de los gobiernos, habían muerto de hambre o de sed. Solo cerca de un 8% logró asegurarse un lugar en la zonas seguras. El resto aún vagaba por los alrededores intentando sobrevivir como pudieran.
Sin embargo la situación en las zonas descampadas era un poco diferente. La mayoría eran predios rurales que tenían sus propias fuentes de agua dulce y esto les permitía vivir un poco más en paz. Para mi fortuna mi familia poseía una pequeña granja en el interior del país que mi abuelo, un ingeniero jubilado, había adquirido una década antes de que todo empezara. Su sueño siempre había sido jubilarse y vivir alejado de todo el ruido de la ciudad.
La granja era algo pequeña, pero tenía todo lo necesario para que una familia de seis personas como la mía pudiera subsistir cómodamente. Contaba con un sistema de paneles solares que le brindaban su propia energía eléctrica. Tenía algunos estanques de agua artificiales bastante grandes y varias plantaciónes pequeñas con sistema de riego por goteo. Pero su principal virtud era que estaba ubicada no muy lejos de uno de los últimos ríos en el mundo que aún tenía un caudal de agua bastante grande y muy fluido. Claramente estaba prohibido acceder a él, su explotación estaba bajo estricta supervisón del gobierno y era celosamente custodiado por el ejército.
A unos pocos kilómetros de su ubicación y unos pocos de la nuestra, estaba asentado un pequeño y antiguo pueblo llamado Virnos. Sus ocupantes habían creado un sistema de extracción de agua desde antes de la creación de la primera empresa encargada de su extracción y distribución. Mi abuelo, previendo toda esta situación actual mucho tiempo antes, utilizó sus conocimientos de ingeniería para crear un sistema de extracción subterránea conectada a este pequeño pueblo. Poco tiempo después sus pobladores habían sido desalojado a la fuerza por orden del gobierno. Pero desconociendo la conexión entre aquel pueblo y mi hogar jamás cortaron el abastecimiento. Solo se limitaron a desarticular la bomba de extracción ubicada en aquel lugar. Bomba que mi abuelo un vez mas pudo ingeniárselas para volver a construir sin mayor problema. Así la vida en aquella granja era bastante normal en comparación al resto. Pero aún así no estabamos en completa paz. Cuando este conflicto alcanzó su punto mas alto y el gobierno lanzó sus bombas la gran mayoría de la gente murió en aquellos ataques. Sin embargo algunos lograron salvarse y se unieron para crear grupos de saqueadores. Al principio se concentraban en las grandes ciudades donde aún podían sobrevivir con lo poco que quedaba. Pero a medida que los recursos se les iban agotando se iban trasladando a las zonas rurales. Sabían que en las granjas como la nuestra teníamos los recursos que ellos no. Debíamos estar siempre alerta, no eran gente muy amistosa.
Mi papá había sido un oficial de policía durante la mayor parte de su vida. Era bastante bueno disparando y nos había enseñado a mi pequeño hermano y a mi a hacerlo en caso se que algún día tuviéramos la extrema necesidad de hacerlo. Mi mamá odiaba las armas, sin embargo ella también sabía usarlas.
Al principio todo estuvo en absoluta calma, los problemas estaban a cientos de kilómetros de nosotros y estábamos tranquilos. Pero aquella situación fue empeorando y lamentablemente los saqueadores no demoraron en llegar hasta nuestras puertas. Por fortuna los que lo hicieron fueron algunos grupos pequeños, desesperados, mal armados y sin mucho entrenamiento. No fue difícil librarse de ellos. Pero lastimosamente perdimos al abuelo en uno de esos ataques. Es algo de lo que prefiero no hablar por ahora. A la abuela la habíamos perdido tiempo antes, su corazón no resistió mucho sin una medicina especial que ya no teníamos y era muy difícil conseguir.
Los siguientes meses fueron bastante tranquilos, al parecer ya no quedaba mucha gente en la cercanía, aún así no podíamos descuidarnos.
Continué escribiendo algunas cosas mas en aquel cuaderno de notas. De pronto mi tranquilidad fue cortada por un fuerte grito que provenía desde el exterior de la casa.
Me levanté rápidamente y bastante sorprendida. Corrí hasta la ventana de mi cuarto y miré hacia abajo. Allí pude ver a mi padre tomándose la cabeza, tenía un enorme gesto de preocupación en su rostro.
- MADITA SEA!- Volvió a gritar.
Inmediatamente supe que algo malo pasaba, era difícil ver a papá en ese estado. Salí corriendo hacia la puerta de mi habitación, bajé las escaleras rápidamente y seguí rumbo hacia afuera. Al llegar mi madre ya estaba junto a él.
- ¿Que sucede?- Pregunté yo tan pronto estuve en frente a ellos.
- Oh cariño, siendo haberte despertado así con mis gritos.- Se disculpó papá tratando de calmarse.
- No hay problema, ya estaba despierta hace un buen rato. ¿Me dirás que es lo que está pasando?- Volví a preguntar intrigada.
- Se ha cortado el suministro de agua.- Me respondió mi padre.
- ¿QUE? ¿COMO QUE SE HA CORTADO? ¿Que ha pasado?- Pregunté yo muy sobresaltada.
- No lo se querida, me levanté esta mañana a darle de beber a los animales y noté que no estaba saliendo agua. Revisé la bomba y está funcionando a la perfección.- Me volvió a responder.
- ¿Y entonces que pudo haber pasado? ¿Crees que el río se haya secado?-
Seguí preguntando.
- Dudo mucho que eso haya ocurrido, la última vez que fui por esos lados el caudal seguía siendo bastante bueno y no ha pasado mucho tiempo de eso. Mi teoría es que la bomba que está en el pueblo se ha dañado. Tendré que ir hasta allá a revisarla. En el peor de los casos quizás alguna patrulla militar la haya descubierto y desconectado. Pero recemos para que eso no haya ocurrido.-
- Yo iré contigo.- Dije sin pensarlo.
- De ninguna manera querida mía, es demasiado peligroso. Si el causante de la falla fue una patrulla militar no deben estar muy lejos.- Me ordenó él.
- Pero papá, si vas tú solo será peligroso para ti. Al menos déjame acompañarte hasta la torre de vigilancia para poder cubrirte desde allí.- Le insistí yo.
Papá hizo un gesto de negación con la cabeza y enseguida miró a mi madre como pidiéndole su opinión.
- Sabes que no me gusta que anden allí afuera. Pero me sentiría mas segura si están los dos juntos para cuidarse mutuamente.- Dijo ella.
Papá permaneció en silencio por unos instantes.
- Está bien, vendrás conmigo. Pero solo hasta la torre de vigilancia, ni un metro más. Partiremos cuando baje el sol.-
Dijo finalmente.

SedientosWhere stories live. Discover now