Prólogo

8 0 0
                                        

— ¡Nunca llegue a imaginar que serias un completo idiota!— grité caminando hacia él.

— ¡Y yo nunca creí que serias una niña tan inmadura!— gritó. Estaba tan tranquilo al lado de su auto sin mosquearse, pero sus palabras cayeron como un balde de agua fría.

—Imbécil.

—Si soy tan imbécil como tú dices; ¿Por qué simplemente no te alejas de mí?— respondió molesto. Me detuve de golpe asimilando lo que acababa de salir de sus labios, eran palabras tan clichés pero tan duras a la vez, mi corazón dio un vuelco, un nudo en mi garganta se creó y mis ojos iniciaron a cristalizarse.

—Bien— espeté — ¿Quieres que me aleje de ti?— el asintió sin arrepentirse de su decisión— Está bien, eso haré— respiré hondo —Pero no vuelvas a buscarme, lo di todo, sin embargo no lo valoraste y si en algún momento de la vida nos cruzamos nuevamente, ni siquiera te atrevas a voltearme a ver.

Con mis emociones disparadas, con mi mente bloqueada y mi corazón pateado, pero con mi rostro en alto tuve que soltar a lo que un día aprecié tanto. Giré sobre mis talones decidida a dejar caer todo por la borda. Sentí como mis pasos se detuvieron y algo tiraba de mi mano.

—Ash yo… no… mi intención…

—Tus palabras no se las llevó el viento, fueron duras pero directas a la vez y mientras salían de tu boca no encontré entre ellas duda o arrepentimiento— me solté bruscamente —Ignórame como lo solías hacer, vivirás tranquilamente al recordar que fuimos simplemente unos perfectos desconocidos.

Por última vez observe sus ojos color miel, sonreí tristemente y antes de dirigirme hacia mi auto solté esas palabras que no quería que se cumplieran pero así fue —Pensar que pueden pasar años y años y nunca terminas de conocer a quienes piensas que conoces como la palma de tu mano. Adiós Thompson.

Una, dos, tres y más lagrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Realmente la descripción de cómo me sentía era una porquería. Ja y creer que todo estaba bien y en un cerrar y abrir de ojo todo está mal y no hay explicación alguna que te haga comprender el porqué de las cosas.

Con mis manos temblorosas tomé mi teléfono y busque entre mis contactos aquel número que creía que podía intentar salvarme.

— ¡BROWN!, ¿DONDE ESTÁS? — su voz agitada y molesta resonó en mi mente. No respondí, no podía. Sentía que si cruzaba más de una oración me rompería, mi silencio lo dijo todo  — ¿Estás con él? Nena mándame tu dirección voy de camino por ti.

—Estoy bien— tragué grueso soportando las lágrimas he intentado que no se note mi voz quebrada —En treinta minutos te veo en el aeropuerto.

— ¿Qué…?

No le permití decir más, subí a mi auto cerré la puerta con fuerzas y comencé a manejar en aquella carretera rumbo al aeropuerto.

No podía más.

Me orille, solté un suspiro e inevitablemente golpeé el volante. Era un completo desastre. Mi vida, mi actitud, mis pensamientos, mis emociones y realmente era un proceso que no estaba soportando. Dolía, una vez más mi corazón se quebraba más de lo que ya estaba y era un infierno.

Quería que todo se detuviera, que la vida me diera un momento de paz, un momento de ser feliz que nada malo sucediera.

Y me perdí definitivamente ahí sola, con varios autos en distintas direcciones y todos ignorando completamente mi existencia, cada uno en su mundo con sus preocupaciones. Mientras que yo con mi vida hecha un desastre sin pensar en la sorpresa que me tenía la vida.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Apr 06, 2023 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Simplemente Perfectos Desconocidos Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora