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Querido diario,

Hoy ha sido un día extraño. Todo comenzó como cualquier otro día de la semana. Me desperté temprano, me vestí y salí corriendo de casa para tomar el autobús. Como siempre, me senté en el asiento de la ventana, sacando mi libro de matemáticas para comenzar a estudiar para la prueba de mañana.

Pero luego, algo sucedió. Un pequeño giro del destino que cambió todo mi día. Una chica entró en el autobús y se sentó a mi lado. Me di cuenta de que era nueva en la escuela, ya que nunca la había visto antes. Tenía un aire fresco y una sonrisa radiante en su rostro.

No pude evitar notar que llevaba puesta una camisa del equipo de fútbol americano, un deporte que nunca me había interesado. Pero algo en su mirada me hizo pensar que era diferente a la mayoría de las chicas que conocía. Así que, rompiendo mi costumbre de permanecer en silencio durante todo el trayecto, le dije hola.

Y así comenzó una conversación que hizo que el tiempo pasara volando. Nos reímos juntos, contándonos historias divertidas sobre nuestras vidas. Le conté que mi única amiga se había mudado de estado y ella me habló sobre algunos problemas que estaba teniendo con su novio actual.

Fue una sensación extraña, hablar con alguien que no conocía tan bien, pero que a la vez parecía tan fácil de hablar. Nos encontramos en una conexión sorprendente, de esas que no se pueden explicar fácilmente. A veces, cuando una persona entra en tu vida, sientes una sensación de que es como si se hubiera destinado a estar allí. Creo que eso es lo que sucedió con Sofía.

Durante el resto del viaje en autobús, intercambiamos ideas y chistes. Descubrimos que ambos teníamos un sentido del humor extraño, que sólo algunos pueden entender. Nos burlamos de los jugadores de fútbol, de la cantidad de colores que existían y de lo extraño que era el director de nuestra escuela. Me sentía tan cómodo con ella que se me olvidó todo el estrés y la ansiedad que sentía al estudiar para la prueba de matemáticas.

Finalmente, el autobús llegó a la escuela. Nos despedimos con una sonrisa y prometimos hablar más tarde, después de clases. No podía dejar de sonreír mientras caminaba hacia mi primera clase, y sabía que había algo especial en esa chica. Era como si la vida me hubiera dado un regalo en forma de nueva amistad.

Así que aquí estoy, querido diario, escribiéndote sobre este extraño pero maravilloso día. Todavía no sé cómo será la amistad con Sofía, pero tengo la sensación de que va a ser una gran aventura. A veces, las cosas más simples de la vida, como sentarse al lado de una persona en un autobús, pueden tener el poder de cambiar todo lo que creías saber.

Hasta mañana,

Patt

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