La lluvia caía sin descanso, empapando sus fuertes escamas, el pequeño, sin aliento, se sentía dolorido por el brutal golpe que acababa de recibir.
Solo era capaz de escuchar el gran estruendo que sale de la garganta del pobre tiranosaurio, que luchaba desesperadamente por su vida, los dientes de la criatura que acababan de lanzar al velocirraptor unos 20 metros, se clavaban ahora sin piedad en el grueso cuello del tiranosaurio. Hasta que el gran titán se dió por vencido, desplomandose sobre el suelo mojado por la lluvia. El velocirraptor, en medio de un ataque de ira, saltó con todas sus fuerzas al lomo de la indominus-rex (la criatura que derribó al tiranosaurio) y lo mordió, hundiendo todos sus afilados dientes en su durísima piel.
Su acción duró muy poco, ya que el fuerte dinosaurio lo tiró con tan solo moverse un poco. Era su fin, aún no sabía porque se metió en aquella encarnizada pelea, pero una cosa estaba muy clara: No se arrepentía de nada.
Como si de un milagro se tratase, el fuerte e inquebrantable tiranosaurio, se levantó como si resurgiese de sus cenizas, alzandose de la nada y volviendo a desgarrar el cuello de la bestia, que se retorció de dolor e ira.
Tras unos angustiosos minutos, en los que el tiranosaurio y el pequeño velocirraptor lucharon juntos contra el temible monstruo, la mirada de la bestia iba perdiendo su brillo y al fin cayó derrotada al lado del enorme recinto lleno de agua. Todavía, con una terrible boca llena de dientes, el dinosaurio volvió a ergirse ante los dos dinosaurios, que seguían mirándolo con decisión y odio.
Hasta que en el momento menos esperado, mientras rugian con todas sus fuerzas, otro espeluznante rugido salió del agua, detrás de la indominus-rex. Un gigantesco mosasaurio apareció de la nada enseñando una infinita hilera de colmillos que atravesaron el cuerpo ya ensangrentado del animal, que tras soltar el grito más desgarrador que se escuchó jamás en la isla, fue dolorosamente arrastrado hasta las profundidades del agua en la que habita aquel majestuoso dinosaurio, mientras sus gritos se ahogaban lentamente en las densas aguas y su sangre la teñía levemente de rojo.
Sentí que no importaba cuantas veces viera esa película, nunca me cansaría de ver al velocirraptor luchando ferozmente a pesar de ser pequeño, de ver como ayuda a sus compañeros sin titubear, de lo útil que era sin ser el más fuerte...
Siempre admiraré eso, ya que es lo que nunca tendré. La valentía de enfrentar mis problemas.
Miré la hora. Ya es muy tarde, mi madre va a venir de trabajar y me va a regañar.
Apagué la televisión de mi cuarto y me refugié en las sábanas. Todavía podía escuchar los rugidos de los dinosaurios en mi cabeza. De repente me acordé de mi pastilla, la recogí de mi mesita y me dirigí al cuarto de baño, donde la tragué con ayuda de un vaso de agua.
Tenía tan solo diez años, pero ya era capaz de quedarme sola en casa y acordarme de tomarme mi medicación.
Ya que estaba en el baño aproveché para echarme un poco de pomada en los moratones de mis rodillas y brazos. Me retorcí un poco debido al contacto frío de la crema.
Me paré un rato a contemplarlos y me recorrió un escalofrío, sin esperar más los tapé con las mangas de mi pijama para que mi madre no pudiera verlos.
Volví a cobijarme en mi cama y cerré los ojos.
En ese momento escuché la puerta de casa abrirse.
-Kaela, ¿Estás despierta?- Preguntó, yo no respondí ya que me regañaría por estar despierta tan tarde.
Mi madre cerró la puerta y entró a su despacho con mucha prisa, el que antes era de papá.
Que raro, normalmente me da un beso de buenas noches antes de entrar allí.
Me destapé intentando no hacer demasiado ruido. Puse los pies descalzos sobre el frío suelo de mármol y caminé por el angosto pasillo. Empecé a escuchar ruidos extraños provenientes del despacho.
Comencé a sentir miedo, la casa estaba a oscuras solo pasaba la luz por debajo de la puerta donde se encuentraba ella.
Me pegué a la puerta y empecé a escuchar lo que decía.
-Lo siento, lo siento mucho- Gimoteaba.
Agarré el pomo dispuesta a abrirlo, pero recordé que mi madre me prohibió entrar ahí, había cosas muy delicadas del trabajo, o eso decía siempre.
Lo giré dejándome llevar por la preocupación.
Mi madre se encontraba echada sobre la mesa sujetando el cuadro en el que aparecía mi padre. No paraba de llorar, se notaba que estaba destrozada, y no parecía percatarse de mi presencia.
-Mamá...- Dije con un hilo de voz. Ella levantó la cabeza y me miró a los ojos, sorprendida. Tenía los ojos rojos y unas ojeras profundas, pero no es eso solo lo que me preocupaba. Su mirada se clavó en la mía, pero no estaba para nada contenta.
Tenía la mirada ida.
-¡¿Tú que haces aquí?!, ¡te dije que no entres!- Se levantó sin apartar la mirada un solo momento.
-Solo quería ver si estabas bien- Musité encogida por el miedo.
-¿Tú crees que estoy bien?- Dijo arrastrando las palabras y conteniendo la ira. No sabía que responder, sabía que físicamente no estaba bien, siempre llegaba tarde de trabajar y lloraba mucho cuando estaba a solas. Desde que papá murió siempre estaba mal.
Se acercó a mi y me agarró del cuello del camisón del pijama.
-¡¿Tu crees que estoy bien?!- Me repitió sin contenerse y empezando a zarandear me violentamente. Yo dejé salir una lágrima aterrorizada y respiré entrecortadamente.
-Imbecil- Dijo por lo bajo. Me empujó echándome de la habitación, caí de espaldas en el suelo y cerró la puerta de un portazo haciendo que me sumiera de nuevo en la oscuridad del pasillo.
Rompí a llorar agarrando mis rodillas viendo incredula como me había empujado. Comenzó a gritar más enfadada y seguí escuchando sus delirios desde el otro lado de la puerta.
-¿Por qué me tuve que enamorar de él?, ¿por qué tuve que perderlo tan pronto?- Escuché un prolongado llanto desgarrado.
-¿Por qué me tienen que despedir ahora?, ¿Cómo vamos a comer ahora?- Siguió sollozando como una niña pequeña a la que le habían quitado un juguete. Seguramente habría bebido al salir del trabajo.
Finalmente me fui llorando, incapaz de seguir escuchándola. Me tiré de nuevo sobre mi cama y empapé la almohada de lágrimas.
-No soy imbécil- Repliqué para mí misma.
Lo pensé casi toda la noche.
A lo mejor si lo soy. En el colegio también me lo dicen, a parte de otras cosas. Ahora mi madre también.
Tendrán razón.
Tras varias horas en vela escuchando los sollozos de mi madre conseguí dormirme y soñé con mi padre, aunque no recuerde nada de él. Solo esperaba que no me insultara como los demás.
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CON UÑAS Y DIENTES
Science Fiction¿Alguna vez has deseado proteger a la gente con uñas y dientes de cualquier peligro?, ¿Y con garras y dientes? De todas formas no siempre tienes esa fuerza, pero puede que Kaela si la tenga en el fondo de su alma, escondida a los ojos de todos, incl...
