Marco
Maldito dolor de cabeza.
Apenas abrí los ojos y aún sentía como mi vista temblaba y mi cerebro daba mil vueltas.
No recuerdo nada después del quinto vaso de vodka.
¿La razón?
Resulta que mi ahora exnovia, tiene una relación con nada más y nada menos que con mi primo, aquel con quien compartía juguetes de niños y hacíamos travesuras, ese desgraciado ahora tiene a mi chica.
Miré a mi alrededor, estaba en el departamento de Javier, cerré con fuerza mis ojos, intentando imaginar que estaba en otro lugar.
Javier es mi amigo desde que entre a la universidad. Renta este departamento junto con otras chicas, ¿afortunado?, un poco diría yo. Si no viviera con aquella personificación de la brusquedad y una lesbiana. Suelo venir a su departamento de vez en cuando.
¿Te llamo después? —una voz masculina llegó a mis oídos.
—Yo te llamo — esa voz, esa maldita voz. —Nos vemos.
El dolor de cabeza llego con más intensidad al escuchar su odiosa voz. Mala idea venir aquí. Ni siquiera me di cuenta de que estaba en el sofá y sin pantalón.
Puse los ojos en blanco. La vida no era justa conmigo al hacer que ella me viera otra vez así.
Después de que su "amigo" saliera del departamento. Ella cerró con fuerza la puerta. A propósito, por cierto.
—¿A qué hora te vas? —preguntó con brusquedad y cruzo sus brazos.
—Si, hola. Buenos días.
—Hablo enserio, Marco. Vete de aquí — dio una patada a la parte trasera del sillón, lo que hizo que soltara un quejido y mi malestar se intensificara.
La maldije en susurros.
—¿Sabes cómo llegue aquí?
—No me sorprende que no lo recuerdes —Giselle me aventó mi pantalón. Se notaba que estaba fastidiada con mi presencia. Como si eso me importara. —Llegaste en la madrugada. Llorando como un bebe por que tu exnovia te engaño o algo así. Además de que tiraste alcohol en tus pantalones y Javier, "tu nueva mujer", te los lavo.
—¿Mi nueva mujer? —pregunte con un poco de miedo a su respuesta.
Ella sonrió con maldad. —Decías que te convertirías en gay, porque con las chicas tienes mala suerte. No dejabas de chulear a Javier.
Cerré los ojos, como si eso fuera a quitar la vergüenza de mi cuerpo.
Gracias a dios no recuerdo nada, pero Javier estará muy irritante con eso.
—¿No vas a olvidar eso verdad?
—Jamás.
—¿Dónde está Javier? —pregunte mientras me levantaba del sofá para ponerme el pantalón.
Todo me dio vueltas y mi estomago se revolvió. Sentía el vómito por mi garganta. Giselle me miró horrorizada.
—¡Vete al baño a vomitar! Me niego a limpiar tus asquerosidades otra vez.
Corrí al baño con la mano en mi boca, impidiendo que saliera el vómito. Al llegar a la taza del baño, una gran cantidad de vomito salió de mí. Mi cabeza dolió con más intensidad.
Al terminar, lave mi rostro y boca.
Giselle dejo una taza de café en la mesa, indicándome con la mirada, que era para mí.
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Como las olas del mar
Teen FictionA Marco lo acaba de dejar su novia. A Giselle sus problemas no la dejan tranquila. Marco necesita una novia falsa para presentar a su familia. Giselle necesita alejarse. Dos extraños que jugaran a ser pareja por una semana. ¿Qué podría salir mal?
