El comienzo más caótico posible

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Peter siempre había pensado que su vida ya era suficientemente rara: hijo adoptivo de Tony Stark y Steve Rogers, héroe adolescente, y con un historial de misiones que incluía desde rescatar gatitos en azoteas hasta pelear contra robots gigantes en el centro de Nueva York. Así que, cuando conoció a Wade Wilson, pensó que nada cambiaría demasiado. Error.

La primera vez que se cruzaron fue en medio de una misión improvisada. Peter estaba patrullando solo cuando se encontró con un grupo de matones intentando robar un camión blindado. Iba a intervenir… hasta que, de la nada, apareció un hombre con traje rojo y negro, dos katanas y demasiada energía para las dos de la mañana.

—¡Hey, Spider-Teen! —gritó, rebanando un arma como si estuviera cortando pan—. Tranquilo, ya llegó el entretenimiento principal.
—Es Spider-Man. Y… ¿quién demonios eres? —preguntó Peter, esquivando un disparo.
—Deadpool, para servirte. Literalmente, puedo servirte comida, justicia o chistes malos. El combo es gratis.

Pelearon juntos —o, más bien, Peter intentó mantener la pelea ordenada mientras Wade convertía todo en una coreografía absurda— y, al final, el camión quedó a salvo… más o menos. Wade lo acompañó hasta una azotea y, sin que Peter lo esperara, le ofreció un taco envuelto en servilletas con dibujitos.
—Para celebrar nuestra primera cita de trabajo.
—Esto no es una cita —protestó Peter, aunque aceptó el taco.

Los encuentros continuaron. A veces, Wade aparecía de la nada en sus patrullas, otras se “infiltraba” en la Torre diciendo que venía a dejar informes para Steve (que no existían) y terminaba charlando con Peter en la cocina a las tres de la mañana.

Poco a poco, Peter empezó a darse cuenta de que, detrás de toda la locura, Wade lo escuchaba de verdad. Sabía cuándo estaba estresado, cuándo necesitaba un chiste y cuándo, simplemente, quería compañía sin hablar.

El momento en que todo cambió fue una noche lluviosa. Peter estaba agotado después de una misión fallida, empapado y frustrado, sentado en un callejón. Wade apareció con un paraguas rosa con dibujos de ponis y se sentó a su lado.
—No puedo arreglar lo que pasó —dijo Wade, serio por primera vez—, pero puedo quedarme aquí hasta que no te sientas solo.

Ese fue el momento en que Peter entendió que Wade no solo era un compañero de batalla ocasional, sino alguien que se preocupaba por él de una forma que no había sentido antes.

A partir de ahí, las cosas fluyeron de manera natural: más patrullas juntos, más conversaciones a medianoche, y un día, en medio de un tejado iluminado por luces de ciudad, Wade le dijo:
—Si me dices que sí, prometo hacerte reír incluso en los peores días.
Peter sonrió.
—Y yo prometo que intentaré mantenerte fuera de problemas… aunque sé que eso es imposible.

Y así, con un apretón de manos que terminó en un beso torpe y lleno de risas, empezó una relación que Steve tardó meses en aceptar, Tony encontró divertida desde el inicio, y Peter y Wade supieron que sería cualquier cosa menos aburrida.

EL INTRUSO INESPERADOHistórias para pegar e não largar. Descubra agora