En este ángulo de amor juvenil compuesto por dos lados; uno perteneciente a un carnívoro y otro a un herbívoro, aquel joven zorro, decidió ser la bisectriz de este mismo... ¿Por qué y qué sentido tiene amar a solo uno? O ¿Acaso su corazón estará con...
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Mientras yacía su mentón apoyado en su pata, observó tras el cristal templado del transporte público como los faltantes pasajeros ingresaban en orden de fila a medida que mostraban su boleta para tomar el vehículo.
Con un sentimiento de hastío buscó el teléfono móvil. Este marcaba las 5:11 am, lo que significaba que debía esperar alrededor de seis minutos para partir.
—Mierda...— Se quejó al notar que había roto el protector de pantalla y no podía costear un intercambio, por no mencionar que su modelo se había dejado de producir años atrás.
La culpabilidad se asomó por su cuerpo, entendía el esfuerzo que daba su padre para poder entregarle lo que necesitase y no dejarlo en las penurias aún con la situación económica en la cúal convivían diariamente. Esto lo reconoció a duras penas atravesaba la dichosa pubertad.
Al momento de llegar a la edad legal para ejercer un empleo, se dedicó a las horas restantes de la tarde a su oficio como servicio al cliente en un supermercado.
Y todo tras cumplir con sus responsabilidades como estudiante; sin cabidad a las dudas era una agenda bastante ajetreada para alguien tan joven.
Queriendo animarse, agarró su mochila para hayar sus audífonos. Era lunes, no debía empezar el día con el pie izquierdo.
Finalmente iba a salir de ese pequeño pueblo. Gracias al apoyo de su tutor y recomendaciones dadas por su empeño en el aprendizaje, se le presentó la oportunidad que consideró como la más grande en la vida, su aceptada transferencia a la Academia Cherryton.
Aún con aquella noticia en mente, se recostó en su asiento. Mientras divagaba, a través del rabillo del ojo, notó cómo una gallina se acercaba al asiento a su lado, pero de pronto de que esta se percató de su presencia, se alejó.
"No otra vez..." pensó en su mente. Aunque la sociedad haya avanzado en problemas como la discriminación y prejuicios entre la supuesta rota brecha de especies, el temor seguía estando vigente. Los zorros y gallinas eran enemigos naturales, no por algo existen cuentos para lo más cachorros sobre estos dos, y donde siempre el carnívoro es el villano.
Aún con un sabor agridulce en la boca, decidió ignorar aquello. Después de todo, es posible estar en un estado anímico perfectamente posible que es el de alegría mezclada con amargura. ⠀⠀⠀⠀⠀
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