antes de empesar quiero pedir disculpas por mi falta de inactividad en el canal pero en este tiempo de inactividad e estado ocupado con mis estudios y mi trabajo eso me a quitado tiempo para actualizar mis historia y crear nuevas historias, ahora si comencemos con la historia
Capítulo 1: Invocando al Demonio de Fuego
Esta historia comienza apenas unos días después de que concluyeran las semifinales de los exámenes Chunin. El aire en Konoha todavía cargaba el peso de la batalla, y Naruto Uzumaki seguía dedicando cada hora libre a su entrenamiento junto a Jiraiya. El Sannin le había enseñado los fundamentos del jutsu de invocación, pero por más que el chico lo intentaba, nunca lograba traer nada: ni un renacuajo, ni una hoja, ni siquiera una gota de agua del Monte Myōboku. La frustración lo carcomía, y ni el propio Jiraiya lograba explicarse lo que ocurría: hacía tiempo que había retirado el sello de cinco puntos que Orochimaru le había impuesto en el cuello, aquel que obstruía su red de chacra y le impedía moldear su energía con libertad.
En el campo de entrenamiento, el silencio solo se rompía por el chapoteo del agua. Naruto avanzaba paso a paso sobre la superficie del lago, concentrando su poder en las plantas de los pies. Se suponía que era un ejercicio básico, pero hoy cada movimiento le costaba el doble.
-Maldición... -masculló entre dientes. Su récord habitual era de cuarenta minutos, pero la rabia descontrolaba su energía: el chacra se agitaba dentro de él como una tormenta, levantando olas irregulares que hacían que el agua se moviera bajo sus pies como si estuviera hirviendo. Casi pierde el equilibrio, y tuvo que hacer un esfuerzo inmenso para no caer. Suspiró hondo, expulsando el aire lentamente, y caminó hacia la orilla con paso pesado.
Al llegar a tierra firme, golpeó el grueso tronco de un roble con toda su fuerza. El sonido seco resonó entre los árboles; sus nudillos se rasgaron y la sangre empezó a brotar, pero él no sintió el dolor. Solo sentía vacío.
-¿Por qué no puedo hacerlo? -murmuró-. ¿Qué hay de malo en mí? ¿Acaso no soy digno de nada?
En ese instante, una sensación extraña recorrió su cuerpo: no era frío, ni miedo, sino una vibración profunda, como si la tierra misma latiera bajo sus pies. Iba a ignorarla, pero al levantar la vista vio a Jiraiya saliendo de entre la espesura.
-¡Sabio pervertido! -lo llamó por costumbre.
Pero el Sannin no sonrió, no hizo ningún gesto de molestia, ni siquiera varió su paso. Su rostro era severo, sus ojos oscuros y serios como nunca antes los había visto.
-Naruto -dijo con voz baja y solemne-, necesito hablar contigo. Es algo demasiado importante como para dejarlo pasar.
El chico asintió, sintiendo cómo la preocupación reemplazaba a su frustración. Jiraiya dio media vuelta y le hizo una seña para que lo siguiera. Caminaron en silencio durante varios minutos, hasta llegar a un claro abierto junto a un precipicio inmenso. El vacío se abría bajo ellos, oculto entre la niebla que subía desde el fondo, y el viento soplaba con fuerza, agitando las copas de los árboles.
-¿Qué ocurre, Jiraiya? -preguntó Naruto, incapaz de aguantar más la incertidumbre-. ¿Hay algo malo con mi chacra? ¿El sello volvió a afectarme?
El Sannin negó con la cabeza lentamente.
-No es nada de eso. Es algo mucho más antiguo -respondió él, y alzó las manos para empezar a formar los sellos con una precisión absoluta-. ¡Kuchiyose no Jutsu!
Una explosión de humo blanco estalló frente a ellos, y cuando se disipó, dos figuras aparecieron en el suelo: eran Fukasaku y Shima, los dos sabios ancianos, los máximos guardianes del contrato de invocación de los sapos. Ambos miraban a Naruto con una mezcla de respeto y gravedad.
-¿Los ancianos del Monte Myōboku? -balbuceó el chico-. ¿Por qué han venido hasta aquí? Pensé que nadie los podía llamar a menos que fuera una emergencia extrema.
Los dos sapos dieron un salto ligero y se posaron sobre los hombros de Jiraiya. Fue Fukasaku quien habló primero, mirando fijamente a los ojos al rubio:
-Uzumaki Naruto. Hemos venido para comunicarte una decisión irrevocable. No puedes firmar el contrato con nosotros. Quedas excluido de la invocación de los sapos.
Las palabras cayeron como un golpe en el estómago del muchacho. Abrió mucho los ojos, sin saber qué decir.
-¡Fukasaku! -lo reprendió Shima, dándole un suave golpe en la cabeza con su bastón-. No lo digas con tanta crudeza, el chico no tiene la culpa.
-Disculpa la forma en que lo digo -intervino ella, mirando a Naruto con suavidad pero sin perder la seriedad-, pero lo que dice es verdad. No es que no queramos aceptarte. Todo lo contrario: tu potencial es inmenso, y tu alma lleva el peso de un destino muy grande. Pero hay algo que nos supera: un impedimento que no podemos ni debemos romper.
-¿Un impedimento? -preguntó Naruto, recuperando la voz-. ¿De qué hablan? ¿Qué es lo que me impide invocarlos? He hecho todo lo que me han enseñado.
-No es cuestión de esfuerzo -intervino Fukasaku, señalándolo con un dedo-. Tú ya tienes un vínculo. No es un contrato que hayas firmado tú, ni Jiraiya, ni nadie de esta generación. Es un lazo sellado en tu sangre, grabado en tu alma desde antes de que nacieras. Pertenece a otro lugar, a otro linaje, a un poder que no nos corresponde.
Naruto dio un paso atrás, confundido y asombrado. Miró a Jiraiya buscando una explicación.
-¿Es cierto todo esto? -preguntó con voz temblorosa.
El Sannin asintió lentamente.
-Lo que dicen es verdad, Naruto -confirmó él-. Hay invocaciones que no se eligen. Son ellas quienes eligen a su portador, y aguardan siglos hasta que aparece alguien capaz de soportarlas. Tú no estás destinado a los sapos. Estás destinado a algo mucho más antiguo, mucho más poderoso... y mucho más peligroso.
-Entonces... -el chico apretó los puños, la determinación volviendo a brillar en su mirada-, ¿cómo lo llamo? ¿Cómo encuentro lo que me pertenece? ¿Hay alguna forma de romper ese lazo si no quiero eso?
-No se puede romper -respondió Shima con calma-, pero tampoco tienes que temerle. Solo debes aceptarlo.
-Haz lo mismo que has intentado hasta ahora -añadió Jiraiya-. Reúne tu chacra, pronuncia el nombre de la técnica y abre tu corazón. Solo que esta vez no intentarás traer a nadie aquí. Esta vez, tú cruzarás hasta donde ellos están.
Naruto asintió, respiró hondo y levantó las manos para empezar con los sellos. Pero apenas comenzó el movimiento, una ráfaga de hojas cortó el aire, y una figura con la máscara de la ANBU apareció frente a ellos, arrodillada.
-Jiraiya-sama -dijo con voz firme-. El Tercer Hokage solicita su presencia inmediata en la sala del consejo. Es una emergencia que no puede esperar.
Jiraiya suspiró, miró a Naruto y le puso una mano en el hombro.
-Termina lo que vas a hacer. No tengas miedo de lo que encuentres. Yo te buscaré en cuanto pueda.
Sin decir más, el Sannin se marchó junto al guardia. En un par de segundos, Fukasaku y Shima también desaparecieron, dejando a Naruto completamente solo junto al abismo.
El viento sopló con más fuerza, agitando su cabello rubio. Cerró los ojos, reunió toda su energía y, con voz clara y decidida, gritó:
-¡Kuchiyose no Jutsu!
El humo lo envolvió por completo, denso y cálido. Cuando se disipó, el suelo había desaparecido bajo sus pies.
Naruto se encontró suspendido en el aire, a cientos de metros de altura, sobrepasando las copas de los árboles y la cascada que conocía tan bien. Lo que pisaba ahora era una superficie rugosa, dura y de un tono rojo oscuro, como piedra volcánica. El calor que emanaba era tan intenso que el aire mismo parecía brillar; tuvo que abrir de golpe la cremallera de su chamarra para no sofocarse.
Todo a su alrededor pareció temblar. Se acercó al borde y sintió que el corazón se le detenía: dos alas inmensas se extendían hacia los lados, tan grandes que casi cubrían el horizonte, con una envergadura de casi doscientos metros. La membrana era oscura, atravesada por venas que brillaban con un resplandor rojizo, y el aire vibraba con cada movimiento lento de aquellas alas.
Entonces escuchó un suspiro. No vino de ningún oído, sino que resonó directamente en su mente, profundo y antiguo, como el eco de una erupción que ocurrió hace milenios.
-Por fin... -dijo la voz-. Ha pasado tanto tiempo, Ashina. Creí que nadie volvería a encontrar el camino hasta mí.
Naruto se quedó helado, sin poder moverse. ¿Ashina? ¿Quién es?, pensó. La voz volvió a sonar, ahora con un matiz de sorpresa y confusión:
-No... tú no eres Ashina. Eres diferente. Llevas su misma llama, pero no eres él. ¿Quién eres, humano?
Antes de que el chico pudiera pronunciar una sola palabra, las alas se agitaron con una fuerza devastadora. Una corriente de viento lo golpeó de lleno, lanzándolo contra la piel de la criatura; tuvo que concentrar todo su chacra para pegarse a aquella superficie caliente y no caer al vacío. La bestia empezó a ascender, rompiendo el aire a una velocidad impresionante, atravesando las nubes como si fueran niebla ligera.
-¿Qué clase de poder es este? -alcanzó a pensar Naruto, mientras el miedo y la admiración se mezclaban en su pecho.
-Humano -la voz sonó ahora con autoridad-, dime: ¿cómo has logrado cruzar hasta aquí? ¿Cómo has despertado al demonio de fuego?
-No lo sé -respondió él, aferrándose con todas sus fuerzas-. Solo... solo intentaba encontrar mi camino.
La criatura soltó un gruñido que hizo temblar el cielo, y siguió subiendo, más allá de las nubes, hacia la inmensidad. El aire se volvió demasiado fino, el frío y el calor se enfrentaron a su alrededor, y poco a poco sus sentidos se apagaron. Finalmente, sus ojos se cerraron y perdió el conocimiento, sin saber hacia dónde lo llevaba aquella bestia legendaria.
Minutos antes, en las calles de Konoha...
El sol empezaba a ocultarse, tiñendo las casas de naranja y violeta. El grupo de los nuevos aprendices avanzaba por la avenida principal, charlando entre ellos, pero faltaban dos: Naruto y Sasuke no aparecían por ningún lado.
Ino se detuvo y miró a Sakura con preocupación.
-Sakura, ¿estás segura de que no sabes dónde están? Ni siquiera Sasuke se ha aparecido, y nunca se va sin avisar.
La chica de cabello rosa se encogió de hombros, aunque en su mirada se notaba que también estaba inquieta.
-No los he visto desde que salimos del campo de entrenamiento. Pensé que Sasuke se había quedado con Naruto para practicar un poco más.
-Eso sí que no es normal -comentó Chōji, mirando a su alrededor-. Siempre terminamos todos juntos al final del día.
Kiba se cruzó de brazos y frunció el ceño.
-Pues a mí también me extraña. ¿Crees que les haya pasado algo?
Shikamaru metió las manos en los bolsillos y miró hacia el bosque con esa expresión tranquila y reflexiva que siempre lo caracterizaba.
-En realidad... no debería sorprendernos tanto -dijo con calma-. Piénsenlo bien: tanto Naruto como Sasuke son personas que han vivido muy solas toda su vida. Naruto nunca tuvo a nadie, y Sasuke perdió a toda su familia de la noche a la mañana. Por más que ahora estén con nosotros, por dentro siguen acostumbrados a cargar con todo solos, a irse sin decir nada cuando tienen algo en la cabeza o cuando necesitan estar lejos de los demás. Es su forma de ser.
-Aun así... -insistió Ino-, no es lo mismo.
-Lo sé -respondió Shikamaru-, pero no debemos olvidar que son dos almas solitarias que, aunque se acompañen, siguen buscando respuestas en lugares a los que no nos llevan a nosotros.
Todos se quedaron en silencio, entendiendo las palabras de su compañero. Mientras tanto, muy por encima de las nubes, el destino de Naruto acababa de cambiar para siempre.
KAMU SEDANG MEMBACA
naruto el invocador de rodan
Fiksi PenggemarPoco después de las semifinales de los exámenes Chunin, Naruto fracasa una y otra vez al intentar invocar sapos, hasta que los ancianos del Monte Myōboku le revelan la verdad: él ya tiene un vínculo de invocación grabado en su sangre desde su nacimi...
