Prólogo

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Existe esa popular frase que dice "Uno siempre vuelve al sitio en el que fue feliz", no sé quién la escribió, entre tantos libros que he leído aún no la he encontrado.

Me hubiese gustado estar aquí para un reencuentro de los estudiantes de mi generación o una celebración en familia; lo que fuera que no tuviera un aire tan triste y sombrío como lo es un funeral bajo esta llovizna y estas personas con fingida tristeza.

Y yo que creía que la lluvia en un funeral era de lo más cliché en una película...
Pero está claro que no podemos esperar un clima veraniego en Octubre.

Lo cierto, Hugo, es que si me hubiesen llamado para ese tipo de reuniones de las que hablé antes, tampoco habría venido.

Ya lo han hecho antes. En todos estos ocho años que han pasado me han enviado correos, mensajes e invitaciones a eventos de reencuentro. Mi respuesta siempre es nula; lo mismo ocurre cuando me han agregado a esos grupos de mensajería nombrados con el año de nuestra generación, los elimino inmediatamente.

No quería tener nada que ver con este lugar, con estas personas, todo lo que me recordara a tí y a mi falta de tí.

Tampoco quería verte, por eso te borré de todo lugar; tu número de teléfono, tus redes sociales, e incluso traté de borrar de mi vida a tu hermana, aunque no era para nada justo. Pero aunque tratara de borrarte de mi mapa no podía borrarte del primer lugar en donde estabas, mi mente.
No digo mi corazón porque no sabía si él te sentía, pero si sé que mi mente te piensa. Siempre te piensa.

Ocho años han pasado y cada día que pasa espero que cesen tus recuerdos; no lo hacen, siguen ahí, como si fueran el azúcar de mi café.

Ese café que te encantaba beber y a mí me encantaba oler.

Hoy he vuelto.

Hoy he puesto los pies en el suelo que una vez mojó mis zapatos al ser desnivelado, ese suelo de las calles en las que te veía trotando con tu perro, ese suelo que yo sentía temblar cuando estabas cerca.

Tenía miedo de verte y darme cuenta que mi corazón sí te sentía.
Ya me había acostumbrado a solo pensarte; preguntarme cómo estarías, con quién estarías, si seguirías trabajando en el mismo lugar o habías cambiado de pensar. Si aún pensabas que el Shawarma no tenía sabor o te habías convencido de lo que yo te decía, si aún preferías el helado con maní en vez de con botonetas, si aún escuchabas ese grupo de música que yo no he dejado de escuchar todos estos estos años.

Pero sobre todo, me preguntaba si me recordabas tanto como yo a tí; me dolía pensar que no era así y era ahí cuando cambiaba de canción para no pensarte, cuando elegía un nuevo sabor de helado, cuando reprimía mis ganas de cierta comida que me enseñaste a amar.

Porque no quería que mi corazón te sintiera ni que mi mente siguiera pensandote, pero hoy lo ha hecho.

Hoy te ví y reviví cada detalle, cada día.

Quisiera que no doliera como lo hace.

"El extraño sabor de las almendras" ®Opowiadania do pokochania. Odkryj je teraz