Prólogo (Invasión)

80 6 0
                                        

Todo es blanco a mi alrededor y no hay nada que pueda discernir con claridad. Sé que hay mucho movimiento, pero no sé por qué; no sé dónde me encuentro y no sé qué ha sucedido. Hace frío, estoy mojado, puedo oír la voz de mi madre en algún sitio y quiero contestarle, pero algo me lo impide.

Hay leves recuerdos; mi cama manchada de sangre, una sirena de ambulancia y luces parpadeantes que acabaron por cegarme, y ahora estoy aquí. Sin poder moverme y sin poder detener lo que sea que estén haciendo conmigo en este momento. Los bruscos tactos de manos sobre mi piel son perceptibles, aunque no parezcan estar haciendo nada malo.

Puedo ver escenas fugaces en mi cabeza de mamá entrando a mi habitación y entonces, alguien dice con precaución:

-¿Hace cuánto está así?

-No sé, lo encontré...

-Señora, necesita salir.

-¡Bruno!

Ya no quiero oírlos. Debe ser producto de tanto inundarme con sus voces, esas mismas que jamás se oyen demasiado claras pero que, sin embargo, efectúan como si realmente las entendiera. Podría decirles que pararan, pero son simples voces, desconozco a sus dueños y lo que intente hacer al respecto no iría a ninguna parte.

Estoy pensando ahora, pienso muchas cosas y tal vez aunque nada tenga sentido, en algún momento lo tendrá.

-¿Su nombre?

-¿Él consume...?

Gritos. Gritos donde sea que voltee. Ya no quiero más nada. Puedo decirme a mí mismo que estoy cansado, cansado de no una sola cosa en concreto, sino de todo, absolutamente todo lo que acontezca donde sea que vaya y cómo recaen sobre mí cada una de sus secuelas.

Y aquí es donde puedo notar, en algún rincón de mi mente, algo que no es una luz pero que tampoco es oscuro. Quiero acercarme y al instante siento ese aliviante frío recorriendo cada pequeña parte de mi cuerpo. Sé lo que viene, mi imaginación se abre a nuevas posibilidades y lo que ocurría ahí afuera deja de importarme en absoluto.

-Bruno. Bruno D'Alessandro.

Ánima Where stories live. Discover now