1| El Inicio del Misterio

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Isobel camina desganada hacia el comedor, los gritos de los demás estudiantes la fastidian de sobremanera el día de hoy. Parece que se levantó con el pie izquierdo. Sin ganas de desayunar, se conforma bebiendo una taza de café. Toma asiento en la soledad de una mesa del fondo y se pone los auriculares con la intención de ignorar el alboroto del mundo exterior.

Al cabo de unos eternos cinco minutos, su mirada cae sobre un chico que intenta extraer una barrita de cereal de la máquina expendedora. Seguro es nuevo, de otra forma sabría que dicha máquina no funciona desde hace meses. Isobel resopla, y por un momento piensa en levantarse a ayudarlo, pero parece que alguien más se le adelanta.

Malcom Malvey, un joven famoso por incordiar a todas y cada una de las personas que se cruzan en su camino, se pone de pie y se ríe abiertamente de los patéticos intentos del otro chico por obtener su barrita de cereal. Seguro está bromeando, pero el muchacho no parece tomárselo bien, y lo empuja violentamente cuando Malcom le hace otro comentario.

Isobel se sorprende ante la reacción tan impulsiva, pero su atención sigue mayormente puesta en la música de Nirvana, que aún deleita sus oídos. Decide ignorar la escena, pues una pelea entre orangutanes no es nada excepcional de ver en el campus de Clington. Se levanta, tira la taza descartable de la cual previamente había tomado café, y se dispone a irse cuando un cuerpo choca contra el de ella. Isobel levanta la mirada y se percata de que Malcom acaba de darle un puñetazo al desconocido, que casi se cae sobre ella. El agresor, muy cobardemente, se aleja cuando ve que la nariz de su oponente empieza a sangrar.

La mayoría de alumnos en el comedor están atónitos, otros ríen y se burlan de la situación. Mientras tanto, el desconocido parece repentinamente desamparado. Como si estuviera perdido, sostiene su nariz magullada y mira hacia alrededor.

—¿Quieres que te lleve a la enfermería? —ofrece Isobel, solamente porque se sentiría como una mala persona si lo dejase así. Como está parada tan cerca de él, por más absurdo que parezca, se siente involucrada en la situación.

El muchacho asiente y la sigue a lo largo del corredor. Isobel es una de esas personas que no puede estar en silencio, así que no transcurre mucho tiempo antes de que habra la boca y balbucee alguna estupidez.

—Eres nuevo —no es una pregunta y suena tímido al salir de sus labios, pero aún así, Isobel alza la cabeza para verlo a los ojos.

Él se limita a asentir, luce ligeramente conmocionado por los sucesos recientes y su mano tiembla un poco al sostener su nariz.

—No suelo meterme en peleas —habla por primera vez—, no sé porqué reaccioné así.

Isobel se encoge de hombros.

—A los chicos como Malcom hay que ignorarlos —sacude la cabeza—, es de esos que acostumbraban a ser populares en la secundaria y ahora no saben como ganarse la atención de la gente.

Llegan a la puerta de la enfermería, que tiene una enorme cruz roja en el centro, e Isobel le indica que entre.

—Que te mejores —le dice, y no espera una respuesta antes de girarse y comenzar a caminar.

—Gracias, Isobel.

La aludida se da la vuelta, sorprendida cuando escucha su nombre, pero el muchacho ya se ha adentrado en la enfermería. Isobel se siente confundida, ¿cómo es que la conoce? Enseguida sacude la cabeza, decidida a ignorarlo y dirigirse a su primera clase del día.

Luego del cuarto periodo, Isobel se reúne con Grey, su único amigo, para almorzar. Ella se encuentra acostada sobre en césped, con la cabeza apoyada en los muslos de él. Parece pensativa, hay algo que se ha mantenido en su cabeza desde esta mañana, y es la cara de aquel misterioso desconocido.

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