«¿Qué fue eso?» Se preguntó en silencio mirando a través de la ventana de la oficina del comandante. ¿Qué fue eso que lo arrastró a su tienda esa noche? Había cruzado una línea importante con ella, su camarada y amiga de años, pero no estaba arrepentido. Una carcajada histérica retumbó por los pasillos vacíos del castillo. «¡Es tan escandalosa!» Pensó molesto con su falta de consideración a la etiqueta social básica. No, ella no era una mujer ordinaria. Ningún ser humano común picaría alegremente a un monstruo gigante con un palo y lo llamaría un experimento científico.
Sus subordinados ahogaron un grito cuando parte de la chaqueta de su uniforme quedó atascado entre los dientes del Titán, el mismo que ha estado intentando comerla de diferentes maneras desde hace tres días. Ella estiró su uniforme y desmeritó la gravedad del accidente con una risa. Siempre sonreía y reía a carcajadas por algún motivo más allá de su comprensión. Existían tantas cosas que no comprendía de Hange Zoë. Desde su forma de vestir y su comportamiento de hombre, su naturaleza excéntrica, su intrepidez y la criatura cruel escondida bajo su velo de amabilidad. Tal vez la suma de estos pensamientos confusos lo llevó a plantar un beso en sus labios esa noche en la tienda.
Ella terminó de revisar la estrategia que había desarrollado para la misión de capturar esos monstruos con el escuadrón de operaciones especiales y allí se quedó, sonriente y orgullosa de su trabajo esperando palabras de aprobación de su parte. Sin embargo, obtuvo una mano que la tomó del cuello de la camisa y un beso en los labios. Ella lo miró totalmente confundida, quieta y él esperó una sonora cachetada en respuesta a su impulsiva acción. Un minuto de silencio después, ella regresó a sus cinco sentidos y lo besó tan apasionadamente que pensó que se lo comería.
La empujó violentamente en dirección a la mesa, echó todos los libros y papeles con una mano mientras la otra la tomaba de la cintura y la sentó en el espacio vacío. Sus bocas se separaron por primera vez desde su respuesta a su beso y miró sus ojos castaños tratando de encontrar una pizca de duda o enojo, pero esos ojos devolvieron su mirada persuadiéndolo de terminar lo que había empezado. Ella era un misterio, ahora más que nunca.
Arrancó los lentes de su rostro y los lanzó al suelo porque estaban en el camino de más besos apasionados. Ella rodeó su cuello con sus brazos y lo atrajo a su cuerpo. Desesperado, deshizo las hebillas del arnés de su uniforme y casi los rompe. Bajó la cremallera de sus pantalones y se detuvo de vuelta, «¿Qué era esto?» Se preguntó una vez más. «¿Qué era este apetito voraz creciendo dentro de él? ¿Qué era esta sed por la humedad de su boca? ¿Qué era este deseo incontrolable de apretarla contra la mesa?»
Ella rodeó su cintura con sus piernas y lo presionó contra su cuerpo. Él abandonó toda duda y pensamiento. Se concentró en ella, sólo existía su lengua, la calidez de su piel bajo sus labios y sus manos tirándolo del cabello con cada golpe a sus entrañas. Podía oír su respiración inestable en su oído, cada gemido muriendo en su garganta. Él aceleró el ritmo y sintió sus uñas hundiéndose en su espalda a través de la tela de su camisa. Debía evitar que la mesa se sacudiera con una mano mientras la otra sostenía firme su cintura. Luego sintió sus dientes clavando su hombro como si los brutos golpes dentro de ella la estuvieran enloqueciendo.
Hange nunca le pidió que fuera más lento o gentil, el lenguaje de su cuerpo gritaba lo que ella no podía. Sus besos eran hambrientos de pasión y tan brutos como el movimiento de sus caderas, ella le devolvió su violencia con cada arañazo, mordida y tirón. Él siempre tuvo la impresión de que esta mujer no dejaría dominarse tan fácilmente y lo comprobó esta noche en su tienda. Repentinamente, una explosión en su oído le indicó que lo había cacheteado con fuerza en una de sus mejillas y eso lo llevó a la cima del placer.
Levi puso una distancia entre ellos rápidamente antes de cometer un error del cual se arrepentiría en el futuro. Estaba sudando y se recuperaba de las olas del éxtasis cuando notó las llamas de las velas bailando en la oscuridad de la tienda. Ella bajó de la mesa y sin pronunciar palabra, desabotonó su camisa y se la quitó lentamente frente a él. Él no tenía idea de cuan hermoso era su cuerpo, ni siquiera estuvo seguro de si era hombre o mujer cuando se conocieron y nunca le importó porque no había diferencia para él.
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Las Crónicas Eróticas de Levihan
FanfictionR18+ Existían tantas cosas que no comprendía de Hange Zoë. Desde su forma de vestir y su comportamiento de hombre, su naturaleza excéntrica, su intrepidez y la criatura cruel escondida bajo su velo de amabilidad. Tal vez la suma de estos pensamiento...
