Wanning, ¿Puedes Decir Algo?

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"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd"


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Habían transcurrido ya cinco años desde la partida de Chu Wanning, su hermoso ChuFei, aquél maestro que tuvo cautivo durante los últimos años de su vida.



Desde entonces cada noche el efecto de la flor del odio insertada en su corazón, se encajaba más y mas profundo envenenando su alma, destruyendo su estabilidad mental poco a poco.



Desde el momento en el que el corazón de Chu Wanning había dejado de latir, Taxian Jun, se había negado a dejarlo ir. Había preservado su cuerpo intacto, gracias al flujo de su propia energía espiritual, esto aun en contra de las opiniones de la emperatriz, quién dejaba entre ver el descontento que le generaba que el emperador siguiera amando los restos de lo que fue Chu Wanning en vida, y que a la altura de esos años, ya debería haber sido tragado por los gusanos.



Sin embargo, Taxian Jun, había levantado un mausoleo justamente en el Pabellón de Loto Rojo, y noche a noche se perdía bajo las ramas del Haitang para beber el vino con flores opioides, totalmente fuera de control.



Aquél fuerte alucinógeno, que de alguna u otra forma lo llevaba a olvidar la miseria, el amor, el rencor y el efecto de la flor de odio insertada en lo profundo de su corazón, servía como bálsamo para las heridas de su corazón y su alma.



Aquella noche llegó con una botella en mano, cubierto de sangre, después de haber exterminado a un pueblo entero, aun con uno que otro pequeño fragmento de carne salpicado sobre su hanfu de telas oscuras y su rostro.



Sus mejillas tenían aun los rastros de las pequeñas salpicaduras en su piel. Una piel pálida y casi sin vida.



Su sirviente mas fiel lo siguió con un par de toallas y un cuenco en la mano.



"Venerable, por favor, permita que este humilde sirviente limpie su rostro"



Pero Taxian Jun estaba demasiado intoxicado como para hilar lo que aquél hombre decía, realmente Taxian buscaba siempre consuelo en aquél lugar, buscando un rastro de Wanning, con la esperanza aun viva de escucharlo hablar. Empujó al sirviente lejos de él y caminó con las piernas lánguidas y flojas, hacia el interior del Pabellón donde descansaba su antiguo maestro. Sus ojos purpuras de pupilas dilatadas podían ver a media luz gracias a las lámparas que había ordenado mantuvieran encendidas durante todos esos años.



Solo el hueco de sus pasos se escuchaban en esa habitación lúgubre, hasta que el silencio invadió, entre las cuatro paredes. Taxian Jun se había detenido frente al ataúd de Chu Wanning, y había tomado una de sus manos, era tan fría e inerte, tan poco flexible, le fue difícil abrir sus dedos para poder entrelazarlas, tanto que escuchó como sus huesos crujieron.



Taxian Jun, llamó a Wanning en medio de su alucinante escenario.



-Wanning, Chu Wanning, te odio... te odio tanto, pero también eres lo único que me queda... -



Susurró al mismo tiempo que inclinó su cuerpo hacia él y besó sus labios, labios fríos, muertos, secos y sin vida, inflexibles... Taxian frunció el entrecejo, y envuelto de ira tomó la barbilla de Chu Wanning y le reclamó, como si aun estuviese con vida.



-¡CHUFEI! ¡¿Cómo te atreves a rechazar a este venerable?!... ¿Por qué siempre te niegas a besarme? -



El estado en el que Taxian Jun había caído, era terriblemente deplorable, de pronto sus labios se apartaron cuando su sirviente fiel apareció en la puerta, y lo llamó para intentar persuadirlo, y convencerlo de que lo que hacía, no era correcto.

AmapolaWhere stories live. Discover now