Que el recuerdo te acompañe

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La alarma sonó, nuevamente como un día normal. Menos mal que era viernes.
Sin muchas ganas abrí los ojos, y con pereza desactivé la alarma de mi celular, solo para recordar que viviría otro día exactamente igual desde que conseguí este trabajo, más bien, uno que me consiguieron -no me malinterpreten, no es que sea malagradecido con esto, al fin y al cabo, un trabajo es un trabajo- y de eso ya iban casi 6 años.

A veces no entendía cómo la gente realmente podía pasar toda su vida en un trabajo que, aunque no fuera de sus sueños, no era para nada grato pero supongo que al final todo era cuestión de mentalidad. En fin, realmente si sabía la respuesta, y es que la economía lleva bastante tiempo muy mal, y de hecho conseguir empleo, a pesar de un título universitario, era muchas veces sumamente difícil... Así que no podía culpar ni juzgar a nadie.

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Después de dejar mi celular de lado, vi a la ventana, que tenía las cortinas abajo, pero que aún dejaba pasar ciertos rayos de luz, que el sol aún no se encontraba en su máximo brillo, más bien parecía que aún faltaba para que saliera en su totalidad.

Me quedé recostado un buen rato en mi cómoda cama, en la que solo dormía yo, viendo al techo sin ningún pensamiento en particular. Simplemente me encontraba existiendo.

Finalmente, después de batallar con mi pereza, me dirigí al baño para tomar una ducha, en primer lugar, debía asearme y de paso me despabilaba un poco más. La noche anterior me había acostado un poco más de la cuenta para conciliar el sueño, no tenía idea porqué, solamente me encontraba pensando en varias cosas pero ninguna a la vez.

Después de un tiempo, cuando ya me encontraba bañado, cambiado y desayunado, tomé mi maletín, además de un blazer para abrigarme por encima del traje impecable que debía llevar a la oficina. El clima era bastante engañoso, pero últimamente se encontraba bastante frío.

Con eso en mi alcance, también tomé las llaves y mi celular para meterlos dentro de mi pantalón y finalmente irme de mi apartamento.

Lastimosamente tardaría un poco más en llegar, ya que mi carro se había descompuesto y tendría que usar el transporte público para llegar al trabajo. Realmente no estaba muy cerca.

No me molestaba tomar el transporte público, por supuesto. Durante mucho tiempo en mi pasado lo usé, mayormente cuando aún era estudiante, y estas cosas por más que uno quiera no se pueden olvidar.
Lo único que me consternaba era lo peligrosa que se había tornado todo. Cada día había más noticias de asesinatos, de secuestros, de asaltos y demás. No era algo que pudiera evitar ni mucho menos controlar, pero sea como sea uno se preocupa y desea que nunca le pase...

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Durante todo el viaje hacia el trabajo, solo me mantuve viendo tras la ventana, había encontrado un buen lugar al ser tan temprano. Por lo que el autobús estaba algo vacío, salvo por mi y otras 10 personas más.

Con el transcurso del tiempo y el recorrido se fue llenando más y más, al punto de que habían personas que ya les tocaba ir parados, yo simplemente no podía pensar nada, es increíble lo vacía que se puede encontrar mi mente en la mayoría de las situaciones... lo "chistoso" es que cuando me doy cuenta de lo vacía que está mi cabeza pienso en eso, por lo que realmente mi cabeza no se encuentra "vacía" de forma literal, es obvio, solo es un chiste tonto que hago para mi mismo.

El recorrido duró aproximadamente 45 minutos, a pesar de que me encuentro a una distancia media, el tráfico siempre hace de las suyas.
Ya cuando iba a ser mi parada, me levanté de mi asiento y pidiendo permiso me fui haciendo paso hasta llegar a la puerta más cercana y apachar el botón que indicaba que la próxima parada si habría gente que se bajara.

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