Prólogo

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Desde que Jungkook era niño le gustaba pensar en la vida que tendría de adulto; a los diez pensaba en tener una casa sobre un acantilado que además tenga una piscina que desemboque en una enorme catarata. ¿Por qué? Porque eso le daría genialidad como a los superhéroes, algo a en lo que seguía fantaseando. Cuando llegó a la pubertad, sus ideas cambiaron un poco, ya no era de su interés los cómics de héroes y persecuciones; lo era hacerse millonario y presumirle a Jihyun, un compañero suyo que gozaba haciéndole quedar mal en clase, que él tenía mejores cosas.

Hasta cierto punto, ese deseo sigue en un rincón de su cabeza, pero es eclipsado por un la tenue pero presente idea de huída. Tal vez un lugar alejado de la ciudad, trabajando en casa y visitando a sus madres de vez en cuando, eso le sonaba bien. Tranquilo y callado.


Son tan solo las 5 de la mañana cuando Jungkook se levanta abruptamente, debido al mismo sueño de siempre. Su frente pelada por el sudor, con la respiración errática y la agitación torpe de su corazón son (para su mala suerte) muy comunes para él. Se toma de los cabellos y tira de ellos con frustración, se siente -muy en contra de su voluntad-, necesitado.

Jungkook acaba de pasar su primer periodo de celo, con 16 años se presentó como alfa, aunque lo común es que suceda a los 15. Los cambios hormonales, la impotencia de no poder manejar a su lobo como debería y entre tantas cosas, una tonta y a veces lindo enamoramiento, le llenan la cabeza.

El joven no quería ser un alfa, esperó durante mucho tiempo ser un beta, no quiso tener que lidiar con cosas tan insoportables como una parte animal e instintos sin control. En su mente solo hay espacio para una vida tranquila y sin complicaciones. Algo que cree no podrá logar siendo un licántropo.

Con apuro se levanta de su cama y su memoria muscular le ayuda a ponerse sus pantuflas. Camina algunos pasos hasta estar frente al espejo, observa con ojos cansados su silueta, sus hombros están mucho más anchos y sus adorados ojos marrones ya no están, recordatorio del final de su vida como alguien normal. Una mueca triste surca su rostro, ingresa su anular a su boca y tira de su labio inferior levemente, sus colmillos relucen y sus sensibles encías se ven enrojecidas por el crecimiento de sus incisivos.

Su cabello está maltratado, en los últimos días no pudo encargarse de su cuidado personal. Solo recuerda rugidos, llanto, desesperación y mucho dolor. Sus mamás estuvieron cuidándolo, sinceramente tuvo cierto nivel de temor, angustia por no saber con exactitud cómo calmarse, sus sentidos estaban completamente nublados. Ahora se encuentra con dolor de cabeza como secuela, para suerte suya, los peores días fueron el fin de semana y ahora martes, ya puede regresar al colegio. Aún con su cuerpo adolorido, ha decidido ir a clases, toma una ducha rápida y cuando menos lo espera, ya está listo.

Su mamá lo lleva a la secundaria y el suspira al observar el cielo después de varios días. En cuanto llegan, se despide de la mujer y ella le da un beso en la frente deseándole un gran día.

 En cuanto llegan, se despide de la mujer y ella le da un beso en la frente deseándole un gran día

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⏰ Last updated: Jul 09 ⏰

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