Corrupción i

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Sin denotar una mayor emoción en su rostro, Dazai recorrió cuidadosamente a Mori-san que se mantenía dándole la espalda, con las manos enlazadas tras ella. Como era habitual, Elise estaba cerca, pero en esta ocasión no estaba jugando ni dibujando en aquella habitación amplísima.

Con la llegada del atardecer, toda la habitación se volvió abrumadoramente roja y Dazai no podía evitar reparar en cómo crecían inevitablemente las sombras. Veía la del sillón que solía ocupar el médico, veía la suya, así como la de los amplios arcos de las ventanas. Se acababa el tiempo estaba seguro, pero, tal parecía, que la decisión del líder de la Port Mafia era inapelable.

Sin girarse a ningún lado, Dazai notaba claramente la mirada de Ane-san puesta en su nuca. Era una presión constante. Llegó a pensar que aquello se trataba de una competencia silenciosa por quién podía permanecer más tiempo sin intervenir y guardar silencio. A este paso, la resolución de Dazai comenzaba a flaquear. Aún si pensaba que era capaz de sortear a todo miembro del complejo, el tiempo empezaba a ser apremiante.

Habrían pasado ya cerca de cinco minutos.

—Comienzo a sentirme curioso, Mori-san —empezó a decir Dazai, acercándose, aun cuando sabía que, dentro del bolsillo del abrigo oscuro del sensei, él estaba escondiendo un bisturí. Sabía que lo tenía ya empuñado—. Si confías en tu juicio, ¿no sería igualmente satisfactorio que estuviera yo en cualquier parte? Si no es así, pienso que no estás seguro de haber tomado la decisión adecuada.

—En realidad, Dazai-kun —intervino Mori-san, sin apartar su atención de los amplios ventanales—, no estoy tratando de probar un punto. Depende de cuál sea tu perspectiva del asunto. Si decides quedarte, simplemente sabré que estuve en lo correcto al querer que me sucedieras como líder.

—¿Por qué sería capaz de sacrificar peones a cambio de mantener firme mi manera de vivir y mis convicciones?

En esta ocasión, el médico se giró a él, levantando una ceja.

—Puedes estar todo el tiempo que lo desees en la Agencia Armada, pero, en el fondo, sigues de la misma manera, buscando un propósito solo para darte cuenta de que, aún si te acercas demasiado a la muerte, no darás con buenos motivos para huir de ella. Jugar del otro lado no hará las cosas más fáciles para ti.

—Mori-san quiere leerme la cartilla.

La incipiente sonrisa del médico desapareció.

—Esta noche sabré bien quién eres —declaró.

—Estás siendo demasiado sentimental, Mori-san. ¿Me juzgas a raíz de lo sucedido con Oda-san? ¿Es eso? Ha pasado ya un tiempo.

Dazai sostuvo la mirada de Mori-san. Fue tan sólo un segundo, pero le pareció que aquello bastó para que, finalmente, el médico terminara por decidirse. A su espalda, Dazai supo que Ane-san se movió inquieta. Quería decir algo, se dio cuenta, pero, al final, siguió cubriéndose los labios con la manga del kimono.

—No me dejarás ir.

—Creo que eso ya estaba acordado. ¿Por qué querrías hacerlo en cualquier caso? ¿No fuiste tú quién nos ha llevado a esta situación con tu amenaza? Te queda cumplirla. Hace tiempo que lo volviste un arma inservible para nosotros.

—Temo desilusionarte, Mori-san, pero...

—Siete minutos —le interrumpió una vez más.

Cerrando la mano y sintiendo las vendas que la envolvían, Dazai se convenció de que, sin importar nada, el resultado sería el mismo. Rampo aún no descubría la ubicación de la doctora Yosano y, de momento, no tenían los medios para chantajear a la organización criminal.

TRAS LA DUPLAStories to obsess over. Discover now