Sus pisadas furiosas atravesaron el recibidor, la sala, la biblioteca, la cocina e inclusive podría apostar que debajo de la cama. Di otra calada a mi cigarrillo, no podía afrontarlo, no aun. Me enjuague una vez mas las lagrimas en el suéter intentando no hacer ruido. El día estaba curiosamente soleado y lo odie por eso, ni una nube en el cielo. Maldita mierda.
Encendí de nuevo otro cigarrillo, el ultimo de la cigarrera. Considere estupido por un minuto el que llevaba dos años midiendo cuantos cigarrillos fumaba al día, cuantas copas bebía de noche. Todas controladas para compartir el máximo tiempo a su lado sin tener una enfermedad que terminaría en un final shakespiriano en el que moriría en una cama de hospital. Bueno, lo mas probable es que una bala me diera un final más rápido y con un punto final en un libro abierto para este punto. Escuche llanto en la calle y asustado me asome sobre la cúspide de nuestra casa de dos aguas. Un par de mujeres se abrazaban mientras una le juraba cosas desde el suelo a la otra, el traje negro y las solapas plateadas daban toda la explicación, esperaba que ella si volviera de esta tumba segura.
–Aquí estas.– Hablo quebradamente desde la escalera de tubo que subía al techo, sus ojos estaban llenos de lagrimas y tenia la cara roja. Termino de subir en un salto que para nuestros 35 años pensé poco posible.
–Si, aun estoy por aquí.–Me dolió mas de lo pensado recitar dichas palabras.–Comenzaré a empacar en un rato, quería un momento a solas.– Le hable susurrando.–Ya le e escrito una carta a mi madre, también a Jehan, me alegro que este fuera del país, deben de llamarle mañana en la mañana, no debe de volver.– Comencé a recitar cada pensamiento.
–Reimond.– Le mire una vez mas, tenia el horripilante papel en la mano. Rogándome que parase.
–Prométeme que cuidaras de mis rosales. E puesto mucho esfuerzo en que crezcan en esta horrible tierra. También quiero que le expliques a el hijo de Marius que no podré volver a llevarle por helado.– El me callo con un beso, esos labios, que tanto que había amado besar estos años, estos que añoraba desde joven por primera vez sabían agrios. — Joder, extrañare tanto tu sabor a café.— No era un secreto que el cafe solo me gustara si venia en el sabor de sus labios.
–No es justo, no es justo.– Susurro fuerte contra mi mandíbula.–Ya e peleado yo, no debes de ir tu, estamos casados y es legitimo, no nos pueden hacer esto, no otra vez.– Inevitablemente vi su pie, lo había perdido en un enfrentamiento aéreo hacia un lustro atrás, recordé esos horripilantes meses, oscuros y fríos en los que solo podía esperar una fecha en el calendario, no me perdía ninguna carta y cada golpea la puerta era un pequeño infarto.– Estoy seguro que puedo detener esto, sino Fedric podrá, el es un teniente.– Lloro y por primera vez entendí que sintió el aquella vez. Miedo, no por mi, sino por el ¿Que pasaría si nunca mas le veía? Si esta era la ultima vez.–Debe de haber algún otro, no debes de ser tu. Alguien mas joven, tiene años que no vuelas.– Era consciente de ello.— Esto debe de ser un maldito mal entendido.— Susurro una vez mas.
–Me están llamando de inmediato cielo, no creo que sea posible hacer nada ya, me esperan en el tren al anochecer.– Le acaricie la espalda, los últimos recortes alimentarios nos habían echo bajar peso y ahora podía sentir sus huesos bajo el uniforme de catedrático.
—Fuguémonos, vámonos ahora, estaremos muy lejos para el anochecer.— Me rogó.
— Meteríamos en problemas a los demás.— Le bese la coronilla mientras el volvía a aferrarse a mi pecho– Prométeme algo.– Le susurre mientras él seguía llorando.– Si no vuelvo olvídame.– El se despego de inmediato, con una mirada que más parecía que estaba a punto de meterme una buena cachetada.– No te someteré al estrés de un año.– Recordé el hilo de canas que me decoraron la cabeza después de aquellos cuatro meses horripilantes de su ausencia.
– Hazme el favor de callarte.– Escupió antes de volver a besarme, largo, candido, encandilarte y triste.– Regresa vita mía.– Me susurro mientras se acomodaba en mi hombro.—Regresa a mi.—
Aquella noche me dejo en el tren con un beso, una fotografía cosida dentro de mi chaqueta de vuelo, el Rosario de Musichetta en el cuello y su placa de identificación sujeta a mi cadena, aquello nos salvo la ultima vez.
— Te e dejado una carta.– Le susurre mientras deslizaba mi anillo en su dedo, el me miro anonadado, mientras el tren comenzaba a avanzar, apenas unos dos pasos.— Un año no es un siglo amor, volveré antes de que te des cuenta.— Sus ojos me demostraban el profundo miedo que sabía estaba viviendo, nunca lo había visto tan callado.
— Vuelve vida mía.— Me susurro mientras intentaba mantener el paso que comenzaba a marcar el tren. Le bese una ultima vez las manos antes de admirar los dos anillos en sus dedos anulares, se me escapo una lagrima cuando le solté y el se quedó estático acallando su llanto.
–¡Escríbeme!— Le grite mientras lo tenia aun a unos metros, su abrigo negro se agitaba en el aire de la estación.— Te amo Alexent.— Susurré mientras subía los últimos escalones al vagón.
—¡Reimond!— Escuche el grito a lo lejos, uno que hizo que me volviera rápidamente. El corría intentando alcanzar el vagón.—¡Reimond!— Corrí a asomarme sonriendo en el proceso, volvía a sentirme un adolescente.— Te amo.— Me dijo mientras dejaba de correr, se había terminado la estación.
Ahí, en medio de la estación a la mitad de la noche, con un abrigo negro, los rizos rubios agitándose al viento, las lagrimas escondidas entre las pestañas y la nariz roja. Así deje al hombre que amaba.
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Reviendrai
Historical FictionLa guerra deja muchas cartas a su paso. La mayoría de ellas con corazones rotos y lapidas de por medio.
