Kara estaba nerviosa. Su primera cita en dos años. No quería arruinarlo.
No es que no tuviera experiencia... técnicamente, si contaras el sexo casual como "citas", podía escribir un manual ilustrado. Mujeres, hombres, lo que surgiera. Pero lo emocional... eso era otro idioma.
Su historial romántico se resumía a una relación más o menos seria con un tipo llamado Mike. Duraron seis meses. Lo suficiente para que Kara aprendiera dos cosas: una, que Mike era increíble en la cama. Y dos, que la fidelidad no estaba incluida en su paquete.
Era un buen tipo, sí, simpático incluso. Pero de los que te hacen dudar de cada mensaje de texto que no contestan. Kara decidió irse antes de quedarse atrapada. No quería más relaciones así.
Ahora, caminando rumbo al nuevo restaurante de moda en la ciudad, se preguntaba si esta cita iba a ser diferente.
La conoció por casualidad en una de sus caminatas por el parque. Se habían cruzado varias veces durante el último mes, con esas miradas que duran un segundo más de lo normal y esa tensión en el aire que no se puede ignorar.
Hasta que un día, se animó. Le pidió una cita. La chica aceptó con una sonrisa que le revolvió el estómago.
Cuando vio su silueta a lo lejos, caminando hacia el restaurante, Kara sintió que el corazón le latía tan fuerte que se escuchaba en Dolby Surround. Se encontraron en la vereda, se saludaron con una sonrisa tímida, y caminaron juntas el resto del trayecto.
-Buenas noches -dijo Kara, con voz suave-. Tengo una reservación a nombre de Kara Danvers.
La hostess las acompañó hasta la mesa con una sonrisa educada. Una vez sentadas, les ofrecieron una copa de vino y les dejaron los menús.
La cena fue... sorprendentemente cómoda. Hablaron de trivialidades, intercambiaron anécdotas ridículas, y entre una risa y otra, se filtraron algunas preguntas más personales.
Kara se sentía a gusto. Realmente a gusto. Hacía tiempo que no se relajaba así con alguien. Esta chica -cuya sonrisa parecía sacada de una película francesa- la hacía sentir segura. Vista.
Después de cenar, decidieron dar un paseo por la ciudad. El aire era fresco, y la conversación fluía con una intimidad creciente. Kara la escuchaba hablar sobre libros, proyectos, sueños... y cuanto más la escuchaba, más quería conocerla.
**
Las citas continuaron durante los meses siguientes. Kara no podía creer su suerte. Lena Luthor -sí, esa Lena- era su cita misteriosa. Y era perfecta.
Auténtica. Brillante. Magnética. Y cuando sonreía, Kara olvidaba respirar.
Alex le había dicho, medio en broma medio en serio, que si no le pedía que fuera su novia pronto, alguien más lo haría. Y ella iba a quedarse mirando desde el banco, llorando en silencio y escuchando Taylor Swift. Así que, ahora, ahí estaba: Kara Danvers frente a la puerta de la mujer que se había robado su corazón.
Lena abrió la puerta con esa sonrisa que mostraba los hoyuelos y los dientes perfectamente alineados.
-Kara -dijo, con dulzura-. Pasa, no te quedes ahí parada como si no conocieras mi casa.
Kara tragó saliva. Tenía las manos sudadas y sentía las piernas como gelatina.
-En realidad... vine a pedirte una cita -dijo, acomodándose los lentes con un gesto nervioso.
Lena la miró, confundida.
-¿Una cita? Pero... siempre avisas con anticipación.
-Ya, bueno... esta es distinta.
Lena arqueó una ceja, divertida.
-Está bien. Pero pasá mientras me cambio, ¿sí?
Kara asintió, aliviada. Lena la dejó pasar con naturalidad. No era la primera vez que estaba allí, pero igual sentía que ese lugar nunca dejaría de intimidarla. Tan elegante, tan Lena.
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Le Gach Buille (Supercorp Three Shot)
FanfictionKara Danvers llega a la vida de Lena Luthor cuando más lo necesita, sin que ninguna de las dos lo sepa. Lo que empieza como una amistad se convierte en algo mucho más fuerte, justo cuando el tiempo empieza a jugar en contra. Una historia sobre amor...
