Traté de terminar mi trabajo lo más rápido posible, hoy tenía que salir por lo menos una hora antes de lo usual. Entregué mis reportes a Roberto y caminé rápidamente al ascensor, el camino fue una tortura, los murmullos no dejaban de aturdir mis oídos, baje en el ascensor con la tensión y el estrés incrementando a la par de los pisos que dejaba sobre mi cabeza, desde que recibí la llamada de mi padre me la pasé buscando respuestas para todas las preguntas que seguramente me haría.
Llevaba casi un año sin verle y las pocas llamadas telefónicas que habíamos tenido no habían ahondado en temas más personales, ambos sabíamos que no era lo mejor, así que realizábamos las preguntas de rutina, pero no desinteresadas y terminábamos con un genuino "te quiero mucho", pero esta vez no era una simple llamada en la que podía fingir sin que viera mi rostro y sinceramente estaba muy nerviosa. Acomodaba mi cabello, limpiaba mis anteojos, me acomodaba la falda todo casi mecánicamente.
Subí las escaleras y ahí estaba, de pie junto a la puerta, con la maleta de piel de cabra que mi abuelo le había regalado cuando decidió hacer un último viaje por Europa después de jubilarse, cada vez que veía esa maleta sabía que mi padre se quedaría conmigo por lo menos una semana. Estaba feliz de verlo, por más que me molestaran sus preguntas e insistencias, no dejaba de correr a sus brazos como una niña pequeña cada vez que lo veía después de un largo tiempo.
— ¡Florecita! ¿Cómo has estado? — me decía mientras me abrazaba fuertemente.
— Bien papá, pero no me digas así tan fuerte, que vergüenza que los vecinos vean que con más de 30 años mi padre aun me trata como una niña pequeña.
Entramos a mi departamento, ayudé a mi padre a acomodar su maleta cerca del sofá, sorprendentemente como si hubiese sabido que el vendría tenía en el refrigerador unas ricas albóndigas que mi madre me enseñó a hacer y que a él y a mí nos encantaban, lo único que faltaba era el espagueti, pero no era problema en 30 minutos estaría listo, así que me dispuse a cocinar sin siquiera haberme quitado los zapatos. La tensión y preocupación se esfumaron cuando comenzamos a platicar de los bueno recuerdos, de lo mucho que me había extrañado y de las primicias sobre la familia, nuestra conversación era tan entretenida que no nos dimos cuenta de que ya casi era media noche.
Después de lavar los platos , no por obligación ya que podía hacerlo mañana si no como una distracción para pensar en todo lo que habíamos platicad, era mucha información, ayudé a mi padre a desempacar y acomodar sus cosas en la habitación por momentos hacia cortos comentarios de lo que ya habíamos hablado, dándome a entender que estaba pensando de la misma forma que yo y que quizás le había faltado hablar un poco más conmigo de esos temas para tener un perspectiva diferente, le di las buenas noches y fui a mi cuarto, me senté en la cama pensativa, no estaba sola en el departamento después de casi 10 meses cuando Romina vino a quedarse una noche, ya que había perdido las llaves de su apartamento y el arrendador no estaba en la ciudad, recuerdo que esa noche conocí a Romina realmente ,después de varios meses de amistad.
Revisé mi teléfono, me quité la ropa y me dispuse a tomar una ducha de agua tibia, ese día había sido perfecto, terminé mi trabajo, recibí la hermosa visita de padre, y después de haber estado muy tensa mi padre se encargó de hacerme sentir cómoda y tranquila, salí del baño y respetando el ritual cotidiano me puse el pijama, me unté crema, terminé de beber mi té y me acurruqué en la cama.
Tuve el mismo sueño otra vez, caminaba en un hermoso jardín con una pequeña niña agarrada de la mano, tocábamos las flores con delicadeza le señalaba los insectos que volaban a nuestro alrededor y nos reíamos juntas cada vez que uno se acercaba. Podía ver sus hermosos ojos llenos de ternura y sus pequeños y rosados labios moviéndose mientras me decía mamá, su pequeño vestido blanco era muy parecido al que yo usaba a esa misma edad y que mi madre guarda como un tesoro, la alegría era tan intensa que las lágrimas caían por mis mejillas mientras la levantaba del césped para cargarla entre mis brazos, de pronto el grito de un hombre mencionando mi nombre nos interrumpió:
KAMU SEDANG MEMBACA
Mapenzi
PertualanganDespués de años de completa rutina, Elena decide tomar pequeñas decisiones para sentirse mejor y aventurarse un poco más, sin saber que uno de estos cambios desencadenarían la persecución de su propio jefe al saber que ella representaba un peligro p...
