"Perdóname"
Karen Jimenez
Jane POV
La siguiente vez que me desperté, fue por el móvil, tampoco pude levantarme. A juzgar por la luz que se colgaba en el dormitorio, debía ser mediodía o primera hora de la tarde, pero no tenía fuerzas, así que volví a cerrar los ojos y dormirme.
Cuando volvió a sonar el móvil, ya había oscurecido. Pero cuando traté de acercarme, el móvil había dejado de sonar. Con las piernas temblorosas, fui al cuarto de baño para tomar unas aspirinas. Acababa de meterme a la cama cuando sonó de nuevo el móvil.
-¿Diga?- respondí sin fuerzas.
- Jane, soy yo, Ángela - su voz sonaba preocupada.
-Oh, Ángela, hola.
-¿Que te pasa?
-Creo que tengo gripe - logre mentir.
-Oh, no, que mal. Llamaba para ver si querías comer mañana.
-Lo siento, no puedo moverme.
-Pobrecita. ¿Necesitas algo? ¿Tienes comida?
- Gracias Ángela, estoy bien. No tengo hambre.
-Pero necesitas que te cuide alguien.
-No. No te preocupes por mí, no quiero contagiarte. Tranquila, solo necesito dormir.
-Asegúrate de beber mucho líquido.
-Lo haré- colgué.
Ángela era muy buena amiga. Siempre me ha apoyado en todo y yo a ella. Ella tiene una habilidad especial para hacerme sentir mejor cuando mas lo necesito. Pero en este momento, quería estar sola. Aunque eso significase que debía estar entre la cama. Pero por otro lado, quería consuelo. El consuelo del hombre a quien amaba, pero sabia que eso era imposible, ya que èl no pensaba estar al lado de alguien hasta dentro de cinco largos años.
Vida injusta.
Maxwell idiota.
Maxwell POV
Paseaba por el salón como un animal enjaulado, maldiciéndome por haberme comportado así con Jane.
- Dime una cosa, ¿Que harás si te enamoras antes de que pasen los cinco años?
-Eso no pasará.
¡Que idiota fui! arrogante, y tan desalmado por haber seducido a una joven inocente, valiente, perfecta, y por haberme acostado con ella y jugar con sus sentimientos. Y también con los míos. Me acordé de los defectos de mi madre, nunca dejo de amar a su marido a pesar de la difícil situación en la que sus prácticas empresariales habían dejado a mi familia. Ella seguía adorando al hombre con quién se casó. Se me hizo un nudo en la garganta. Mis padres estaban disfrutando como nunca viajando por todo el mundo. A pesar de todo, para mi madre la vida había siempre una aventura.
A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba por las ventanas, vi los primeros destellos del amanecer. Así sería la puesta de sol durante los próximos cinco años. Cuando terminara este tiempo, por fin podría quitarme las cadenas y empezar a ser feliz. Karla me había recordado que cinco años tenía sesenta meses, lo que significaba casi dos mil días. Y dos mil amaneceres y atardeceres. Peor aún. Dos mil noches negras que, gracias a mi inamovible plan, las pasaría sin Jane.
Tenía que reflexionar.
El fin de semana fue el más frustrante que había vivido. Jane se había ido dos días, dejándome en la soledad. Pero lo peor fue el lunes, cuando llegué al trabajo y vi que ella no estaba en la recepción. Estaba en el despacho repasando la estrategia para contratar a una nueva asistente personal cuando me enteré que Jane había llamado diciendo que estaba enferma.
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El Jefe y la Recepcionista
RomanceJane logra conseguir un trabajo en la empresa Walls`ford. Pero ella nunca imagino encontrarse con un jefe con tal mal genio. Eso no será problema para ella. Sin darse cuenta, empezará a descongelar el frío corazón de su jefe mediante unas clases de...
