Capítulo 29: Camila/Decisiones
Las cartas de amor se escriben empezando
sin saber lo que se va a decir,
y se terminan sin saber lo que se ha dicho.
Jean-Jacques Rousseau
Madre nos miró de arriba abajo, frunciendo el ceño; apenas pude abrazar a Lauren sin dejar de pensar en que toda la discreción que habíamos construido se había ido al diablo y ahora… todos lo sabían, de manera legal.
Me limpié las lágrimas de los ojos y aparté suavemente a la morocha quien me miraba confundida, como si estuviese fuera de sí. Recordé las últimas palabras que nos dijimos afuera y me atacó un sentimiento de culpa.
Tragué saliva haciendo fuerza para no volver a abrazarla y besarla como tanto deseaba y sonreí.
- Lauren, no tienes nada de qué preocuparte… -Ella frunció el ceño y se pasó las manos por el cabello en un intento por acomodarlo.
- No… tuve la experiencia más rara de la vida. Estoy asustada, Camz –Me miró con los ojos verdes penetrantes, llenos de lágrimas y quise poder hacer algo más que simplemente estar allí parada como una idiota. Asentí, echando un vistazo a Madre quien continuaba controlándonos.
- Hablamos luego, ¿Vale? Tengo que… -Señalé a mi hermanita quien también nos miraba un poco confundida e intenté sonreír en vano-. Vamos Sofi, te llevaré arriba.
No le di tiempo a reaccionar porque tiré de su mano y la conduje al cuarto. Mientras subía las escaleras, volteé la vista y Lauren continuaba parada con las manos moviéndose sin saber qué hacer con ellas, mirando al vacío, expuesta a su dolor más íntimo. De nuevo, hice un gran esfuerzo por no correr hacia la morocha.
- ¿Qué está pasando entre ustedes? –Sofi me preguntó, frunciendo el ceño. Aunque era pequeña, heredó la perspicacia e inteligencia de mis padres. Reí nerviosa, para distender la situación.
- Nada, ¿Por qué lo preguntas de ese modo? –Quité las sábanas de su cama para reemplazarlas por unas limpias. Estando de espalda, se me hacía más fácil mentir. Ella me cogió la mano, seriamente.
- A veces actúan raro… -La miré durante unos breves segundos y luego eché otra risita nerviosa.
- ¿Qué quieres decir? Todos estamos preocupados por lo que está pasando.
- No. No es eso –Hizo una breve pausa; parecía hacer un tremendo esfuerzo por soltar todo lo que pensaba, se mordió el labio y luego una enorme sonrisa cubrió su rostro-. Noto amor en sus miradas.
La miré boquiabierta, me había pillado por completo. ¡Dios! ¡Tan pequeña e inteligente!
- Bueno, somos amigas… existe un amor entre los amigos –Pero Sofi no daba el brazo a torcer. Se sentó en la cama para que obtuviera mi atención por completo y continuó mirándome de una forma que me daba escalofríos. Una mirada adulta.
- No. Ella te mira como te miraba Gaspard –El solo hecho de que pronunciara su nombre, hizo que mi cuerpo temblara. ¡Gaspard! Mi querido amigo, mi enamorado encubierto. ¿Dónde se hallaría? ¿Estaría bien? ¿Acaso seguiría pensando en mí? Tuve que admitir que me sentí culpable por no rememorarlo tanto como hubiera deseado.
- Y él es un amigo, así que no tiene nada de malo –Respondí esquivando su mirada profunda.
