El amor es complicado hasta decir basta, ciego en su mayor parte porque nadie espera saber de quién se enamora, y a veces tan silencioso que asusta, tan sordo, y cuando se guarda nos volvemos mudos.
Los personajes no me pertenecen, todos los derechos a los respectivos creadores. _______________
Japón, Era Meiji. Lugar: desconocido.
En lo alto de una colina se divisaba una silueta, más concretamente, la de un joven... pero no un joven cualquiera.
Era un muchacho de estatura media y complexión atlética, con la piel ligeramente bronceada. Tenía el pelo negro como la pluma de un cuervo, peinado de forma totalmente rebelde y extravagante: tres mechones colgaban a la derecha de su frente y dos a la izquierda, mientras que el cabello de la frente se erguía en cuatro puntas, con tres mechones más detrás. Sus ojos de ónice eran tan oscuros y profundos como su pelo. Vestía un keikogi negro de dos piezas, aunque la parte superior la llevaba abierta, dejando al descubierto su abdomen plano cubierto por finas vendas blancas.
Pero, ¿qué estaba haciendo en ese momento? Bueno, por si no estaba del todo claro, estaba entrenando con un bokken (espada de madera).
Mantenía los ojos cerrados en absoluta concentración, practicando contra un enemigo imaginario. Sus movimientos eran rápidos y precisos, cambiando de postura con agilidad y elegancia, sin perder fuerza en sus estocadas en ningún momento. Cada movimiento seguía al anterior de forma tan orgánica que, cuando terminaba una maniobra, en una milésima de segundo pasaba a la siguiente, y el cambio apenas era perceptible.
Le había costado mucho trabajo alcanzar ese nivel de control. Aunque poseía un talento natural para el kendo, eso no era todo; tenía que trabajar duro para pulir sus habilidades y conseguir cosas nuevas. Y aún le quedaba mucho camino por recorrer en el arte de la espada.
—Es suficiente —dijo un anciano bajito, con visibles arrugas en la frente y ojos grandes y rasgados, así como una cicatriz recta de seis puntas que le recorría el pómulo derecho. Tenía las cejas notablemente pobladas y un gran bigote, así como el pelo liso y blanco que llevaba peinado hacia atrás, hinchándose alrededor de la base de la cabeza. Vestía un kimono jinbei de color marrón amarillento con un estampado de triángulos pálidos. También llevaba un grueso bastón de madera para apoyarse debido a su avanzada edad y a la falta de una pierna, que había sido sustituida por una clavija de madera, aunque seguía necesitando para mantener el equilibrio.
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A pesar de su aspecto algo decrépito, este señor era muy tenaz por naturaleza y algo irritable... como en aquel momento, cuando se dio cuenta de que su pupilo no le prestaba atención.
-*suspiro*¡Goku, basta!- tan pronto lo nombraron el chico paro de golpe, pero aún así causo una onda de aire con un tajo de su sable, la cuál por un momento hizo tambalear ea su maestro quien estaba a su lado solo a unos metros-(Ay, este niño)- pensó el anciano con cansancio por su casi tropiezo.
Goku, Son Goku (孫そん悟空) ese era el nombre del joven, así le puso su abuelito en honor al Gran Rey Mono o algo así era pues no recordaba muy bien. Y él nombre de su maestro es Jigoro Kuwajima (桑くわ島じま 慈じ悟ご郎).