La oscuridad lo cubre todo.
No distingo las paredes ni el suelo. Ni siquiera puedo ver mis propias manos.
Tampoco sé si estoy respirando.
¿Es un sueño... o algo más?
Solo puedo sentir el peso de aquello que no me permite avanzar.
La herida que dejó mi padre al marcharse.
La mirada temerosa de mi madre, como si aún esperara que algo terrible volviera a suceder.
Y los reproches de mi hermana, quien insiste en culparme por su partida.
Estoy sola.
Suspendida en un vacío que parece no tener principio ni final.
Quizá... desaparecer sería la salida más sencilla.
Dejar de luchar.
Dejar de sentir.
Dejar atrás todo aquello que me recuerda que, alguna vez, fui feliz.
Pero entonces...
Algo se mueve.
Una pequeña luz, apenas un destello semejante a un latido, rompe la oscuridad.
No debería estar ahí.
Y, sin embargo, comienza a crecer.
Se acerca lentamente, iluminando aquello que me rodea.
Detrás de ella, una figura borrosa comienza a tomar forma.
Alguien me observa.
No puedo distinguir su rostro.
No la reconozco.
Pero una mano se extiende hacia mí.
Firme.
Paciente.
Como si hubiera estado esperando este momento.
Como si supiera exactamente dónde encontrarme.
—¿Quién eres?
Mi voz apenas consigue escapar de mis labios.
La figura no responde.
Solo permanece ahí, ofreciéndome su mano.
—¿Por qué pareces conocerme?
Entonces escucho su voz.
Suave.
Cálida.
Extrañamente familiar.
Una voz que parece envolverme y, al mismo tiempo, despertar algo dentro de mí que no sé cómo explicar.
—No temas.
Mi corazón da un vuelco.
—Estoy aquí... y no permitiré que vuelvas a estar sola.
Hay algo en aquellas palabras que consigue tranquilizarme.
Pero también hay algo más.
Algo que me eriza la piel.
Algo que debería hacerme retroceder.
—Confía en mí —susurra—. No te haré daño.
Dudo.
Solo un instante.
Porque una parte de mí quiere huir.
Pero otra...
Otra quiere creerle.
Finalmente, extiendo mi mano y tomo la suya.
Es cálida.
Demasiado cálida.
Como si en su interior guardara un fuego que no debería existir.
Y, aun así, no quiero soltarla.
Su calor me atrae.
Me envuelve.
Me reclama.
Por primera vez en mucho tiempo, la oscuridad ya no parece tan fría.
Quizá no estaba destinada a permanecer sola.
Quizá aquella mano había llegado hasta mí por una razón.
Y aunque todavía no sé quién eres...
Gracias por encontrarme en la oscuridad.
Gracias por tenderme la mano cuando yo ya había dejado de buscar una salida.
Porque, aunque todavía no conozco tu nombre...
Algo dentro de mí ya te reconoce.
Mi amor.
Mi amado.
Sea quien seas.
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Entre Latidos y Decisiones
FanfictionComenzar la universidad lejos de casa no era precisamente el sueño de Alexandra Caussin. Con apenas veinte años, Lexie está decidida a concentrarse en sus estudios y convertirse algún día en una escritora reconocida. Lo último que necesita es enamor...
