𝑷𝒓𝒐𝒍𝒐𝒈𝒐

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Es media noche y desde dónde me encuentro puedo escuchar los aplausos, las risas y las canciones llenas de alegría.

Las campanas que anuncian el cambio de día ha sonado tan solo tres veces y eh logrado contar al menos veinte fuegos artificiales. Las personas no dejan de desbordar su amor en esta fecha y no los culpo, solo se cambia de año una vez al año.

Celebran que han resistido un año mas vivos junto a sus seres queridos y... Siendo sincera, los envidio. Yo estaría ahora igual que ellos, pero no es así. Me encuentro rodeada de soledad, flores marchitas, oscuridad, tristeza, lágrimas, lápidas...

Hace dos días festejaba un cambio de vida con el ser que más amo, mi madre. Al fin haría mi debut como actriz en un país extranjero con todos los gastos pagados durante la filmación y por supuesto, mi madre iría conmigo. Al iniciar el año nos marchariamos pero, ese no era el destino que al parecer nos tenían planeado ya que ese mismo día, en la tarde, en lugar de regresar mi madre con sus bolsas llenas de comida, fué un policía con cara de compasión quien me trajo la noticia. Lo sentimos mucho fué todo lo que pronunció mientras me entregaba el bolso perteneciente a ella.

Dicen que el auto se dió a la fuga y que no lo han podido encontrar.

Me pidieron paciencia mientras hacían todo lo que podían y... ¿Como serlo? Si la persona que me arrancó todo lo que tenía se encontraba libre y lo maldigo, nunca he deseado la muerte de nadie pero la de él o ella deseo ser yo quién la cause.

Treinta minutos, ese fué el tiempo con el que dispuso mi madre después del choque, bien pudo ayudarla y no ser tan cobarde.

Mi cuerpo tiembla y no es solo por el dolor que está experimentando, hace frío y el sereno de la madrugada me ataca, pero aún no tengo planeado irme, esta será la última vez que esté junto a ella en mucho tiempo, un resfriado se me pasará rápido.

- mamá - pasó la yema de mis dedos sobre la lápida y cierro los ojos para simular el tacto de ella - juro que te haré sentir orgullosa donde sea que estés, el hermoso nombre que elegiste para mí será conocido por todos y prometo - hice una pausa para elegir bien mis palabras - que la persona que te hizo esto se va a arrepentir.

Unas lágrimas volvieron a atacar mis ojos, dejándome en claro que no era tan fuerte como creí serlo pero no quiero llorar. A Victoria no le gustaba que lo hiciera y seguirá siendo así hasta el día en que me reuna a ella aunque no quiero prometerlo ya que romper promesas no fué algo que ella me enseñó y no sé que haré cuando me haga en falta sus besos o abrazos.

Estaba distraída en mis recuerdos, pensando en momentos lindos hasta que me percaté de algo que hizo borrar toda escena procreada en mi cabeza dando paso al miedo.

Una persona, no, una sombra se empezó ha acercar a pasos suaves en mi dirección. Quise creer que no era la única loca que estaba a solas en un cementerio a estas horas, que alguien más estaba pasando por una situación similar a la mía pero ¡¿Por qué diablos viene a mí?!

Se lo que piensan y diré solo una cosa, no me gusta correr cuando se presenta un problema y no demostraría ser una cobarde delante de mi madre, así que me levanté, dí un paso en dirección a él y me eché a correr en dirección contraria al percatarme que no se le definía el rostro.

¡Mierda mamá, aún no me quiero ir contigo!

¡Al menos déjame cumplir mi sueño!

No veía nada en tanta oscuridad, solo seguía la luz de las farolas sin rumbo alguno. Sabía que esa cosa me perseguía y no quise detenerme para averiguar que quería ¿Mi alma tal vez?

Victoria, criaste a una cobarde.

Me sobresalté al sentir unas manos frías sobre mi brazo y quise colapsar en ese momento de no ser porque habló

- espera - su voz sonó agitada - espera - repitió en lo que intentaba recobrar el aliento.

- ¿Por que me sigues? - hablé igual de agitada mientras intentaba buscar su rostro que era cubierto por una capucha negra al igual que su gabardina.

Dió unos pasos atrás soltando así su agarre pero me desesperaba que aún no me dejara ver su rostro ¡¿Por qué tanto misterio?!

- Yo estaba tranquilo despidiendome de mi padre y no pude evitar escuchar unas risas que venían de tu dirección, pensé que era aterrador viniendo de este lugar - arqueó una ceja mientras que con su mano señalaba los alrededores

En esos momentos pensé y puede ser cierto ya que estaba pensando en momentos felices con mi madre, alguna risa se me pudo ir

- lo siento, no quise molestarte - hablé apenada

- No pasa nada - negó con la cabeza - además, no pude evitar ver que estabas temblando, así que estaba pensando darte uno de los abrigos que tengo encima - señalo a su vestimenta - te lo iba a dar pero echaste a correr, no era mi intención asustarte.

Miré con inseguridad hacía él y luego regresé mi vista a sus labios ya que era lo único que dejaba a la vista. Eran gruesos y además, se le marcaba bien la forma corazón en el labio superior, no todas las personas gozaban de ese hermoso rasgó

- no estaba asustada - mentí - corrí porque llegaba tarde a casa

- Por supuesto - su voz, me gustaba su voz, era frágil, melancólica y escasa de sentimientos, el tipo de voz con la que quedarías dormida - entonces supongo que ya no quieres el abrigo - se burló - ¿Cierto?

Miré a sus espaldas, como ya dije aún no me quería ir, mañana partiría lejos de ella.

- con respecto a eso - no quería aceptarle nada a un extraño pero si era cierto que hacía mucho frío ¿Que mal podía hacerme un abrigo? - ¿Me lo prestas? - hablé en un susurro casi audible

- perdón, no escuché - se volvió a burlar

- ¿Que si me lo prestas? - repetí de igual forma lo que un poco mas avergonzada, lo que causó que la sangre se acumulara en mis mejillas haciendo arder esa zona.

- sigo sin entender lo que dices - sus labios se encurvaron con algo de duda.

- olvídalo - rodeé su figura con algo de enojo dispuesta a pasar frío de una buena vez pero me detuve, me detuve al sentir sus brazos rodeandome junto a su gabardina mientras reposaba su cabeza en mi hombro

- abrígate bien Harmony, no quiero que enfermes - y deposito un beso sobre mis mejillas aun caliente, dejándome en shock por como pronunció mi nombre.

Cuando logré reaccionar ya el no me sujetaba, de hecho, ya se había volteado y se dirigía en dirección contraria.

- ¿Quien eres? 

Su andar se detuvo en seco y noté como se replanteo la respuesta varias veces.

- ¿Yo?.. -se volteó hacía mí - Yo soy tu ángel oscuro

 -se volteó hacía mí - Yo soy tu ángel oscuro

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