Los niños de ojos negros

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No me gusta mucho viajar de noche, y sobre todo si debo ir solo en mi vehículo, procuro hacer todos mis trasladados con la luz del día, siempre me ha parecido más seguro, llevo menos riesgo de tener algún accidente, al menos, eso es la versión oficial, lo que digo siempre a todos cuando me preguntan por mi trabajo, como inspector regional de una importante cadena de autoservicio, me paso la mayor parte del tiempo en carreteras. Cómo explicar que realmente tengo miedo de que me vuelva a suceder, qué probabilidades reales existen de que me vuelva a pasar, ya pasó un año de aquella experiencia pero aún puedo ver aquella mirada.

La noche era fría, el invierno comenzaba a asomarse, las vacaciones habían comenzado para muchas personas y las fiestas rondaban la cabeza de las personas, lo que hacía que las calles se vaciaban pronto para refugiarse de las bajas temperaturas. El día había sido muy pesado en el trabajo, el cual por naturaleza no es fácil, a la gente normalmente no le gusta que la revisen y le digan lo que están haciendo mal, sumando el aumento de clientes que en estas fechas comienzan a abarrotar las tiendas departamentales vuelve todo un poco más alocado.

Como normalmente sucede en estas fechas, salí más tarde de aquella sucursal, la cual he de confesar es la que menos me gusta visitar, la tienda se encuentra a pie de carretera, a las afuera de una pequeña ciudad, al ser una pequeña ciudad y para llegar al único hotel que se puede utilizar autorizado por la compañía, debo recorrer veinte minutos en el automóvil, me detuve en la tienda de la gasolinera 24/7 que se encuentra de camino para comprar los víveres para el viaje de regreso mañana, afortunadamente ya era hora de regresar a casa.

Entré y salí sin mayor problema, realmente ya tengo muy estructurado lo que compro cada noche, benditos viáticos son una gloría para la gente que vive viajando y es necesario, casi obligación que no quede nada de ellos. Regresé a mi vehículo en el estacionamiento, abrí el switch del vehículo para sintonizar la radio, si bien estaba cansado, no tenía mucha prisa de llegar al hotel, el reloj marcaba las once de la noche, la temperatura había bajado aún más, decidí no esperar y comencé a comer algunas gelatinas que había comprado.

La música sonaba en la radio, paginas del pasado, mi soundtrack de viaje favorito, blue bayou de Linda Ronstadt se mezclaba con mi voz desafinada, mi cabeza recargada en la cabecera del asiento y los ojos cerrados cantando a todo pulmón "working til the sun don't shine, looking forward to happier times", como deseo nunca haber abierto los ojos, nunca haberme quedado ese tiempo en ese lugar, porque simplemente no me fui al hotel inmediatamente.

Un golpeteo fuerte en mi ventana me despertó de aquel viaje con Linda, tarde uno segundo en reaccionar a lo que estaba sucediendo, había perdido un poco la noción del espacio tiempo en esos momentos, después de recobrar conciencia voltee hacia la ventana y ahí estaban ellos, dos niños de corta edad, 11 y 7 años aproximadamente, parado junto a mi ventana mirándome fijamente, el pequeño estaba más cerca del vehículo, y fue quien tocó a la ventana, la abrí ligeramente para poder escuchar lo que claramente intentaba decirme, "disculpe señor, buenas noches, estamos muy lejos de casa, nuestra madre no ha pasado por nosotros, llevamos ya mucho tiempo esperando y se vuelve cada vez más frío aquí afuera, pudiera llevarnos a nuestra casa, no es muy lejos de aquí"; su voz, su forma de expresarse tan correcta y el uso tan perfecto del lenguaje me erizó la piel; ambos iban vestidos con un pantalón de mezclilla azul oscuro, tenis negros y una sudadera negra con la capucha puesta, por lo que no podía distinguir correctamente sus rostros, pero notaba su mirada penetrando por el cristal, como rayos x tratando de saber todo sobre mi, estire mi brazo a la puerta del copiloto para quitar el seguro, el presupuesto de la compañía no alcanzaba para un auto eléctrico por lo que tenía que hacerlo de manera manual, pero me contuve de hacerlo, regrese a mi postura y fingiendo no haber escuchado la primera vez, baje solo un poco más la ventana, antes de decir cualquier cosa el niño volvió a decir, "buenas noches señor, estamos muy lejos de casa, nuestra madre no ha pasado por nosotros, llevamos ya mucho tiempo esperando y se vuelve cada vez más frío aquí afuera, pudiera llevarnos a nuestra casa, no es muy lejos de aquí", su voz, esa voz no era la de un niño, su forma de hablar no correspondía a 7 años de vida o menos, encendí el vehículo, simplemente dije "lo siento hijo, no puedo llevarte, debo estar en mi hotel ya mismo"; el niño dio un paso atrás para quedar al lado del mayor, comencé mi marcha atrás liberando un poco de luz que tapaba con el auto, volví mi mirada hacia ellos, cosa de la que me he arrepentido completamente, la luz me mostró su rostro, su verdadero rostro, efectivamente correspondía a un par de niños, de las edades que su cuerpo suponía, pero sus ojos, completamente negros, todo, pupila, iris y esclerótica de un negro intenso, profundo, inexpresivos, que no dejaron de seguirme en mi retirada del estacionamiento, por el espejo retrovisor pude seguirlos todo ese camino.

Aceleré a fondo la marcha, Christopher Cross sonaba en la radio que no había dejado de funcionar durante ese tiempo, ¿Qué acabo de hacer?, deje a un par de niños ahí solos casi a medianoche, "It's not far to never-never land, no reason to pretend...", debía volver, soy una mierda de persona, ¿y si fueran mis hijos?, "Sailing takes me away to where I've always heard it could be..." No, no, no, sus ojos, que rayos les había sucedido en sus ojos, tan negros como la noche misma, tan profundos que sentí que una parte de mi alma se quedó con ellos.

Finalmente llegué al hotel, mi corazón latía a mil latidos por minuto, lo sentía casi salirse del pecho, estacione el vehículo frente a mi habitación, el tipo de hotel permitía que no pisaras la recepción para llegar a tu habitación, no se que hubiera contestado si la chica de recepción viera la cara con la que había llegado. Tomé rápidamente las compras del asiento del copiloto, me aseguré que las puertas tuvieran su seguro puesto, baje del vehículo, di un rápido vistazo a los alrededores, esperando no encontrar nada.

La mañana llegó, desperté y arreglé mis cosas lo más rápido que pude, entregué la habitación y me fui de ahí, pasaron un par de meses y había olvidado ese suceso, hasta que me tocó volver a visitar aquella tienda, las fiestas habían pasado y el frío poco a poco iba dando paso a la primavera, sentí un poco de miedo al saber que volvería aquella zona, me tranquilizó saber que solo iría por un día y no estaría solo, si bien sería necesario hospedarse esa noche, la compañía me tranquilizó, cosa que extraño a mis compañeros, ya que era famoso por desear los viajes en solitario todo el tiempo. El día terminó, tomamos nuestras cosas y salimos de la sucursal, esta vez no me detuve en aquella tienda antes de llegar al hotel, habíamos hecho las compras en la hora de la comida, "es lo habitual, así evitas pararte en la noche en cualquier sitio", le dije a mi compañero, que al ser de reciente ingreso, creyó en lo que le decía, que debía decirle, ¿Qué un par de niños me dieron el susto de mi vida en ese estacionamiento?

Eran pasadas las once de la noche, mi compañero conducía, pasamos frente a aquella tienda cuando los vi, estaban ahí nuevamente, misma escena, un vehículo estacionado, pude observar a dos personas en él, la ventana del piloto completamente abajo, un frio congeló mi corazón, el cual se rompió completamente y el miedo me paralizó cuando el pequeño volteo en nuestra dirección, se que me vio, no puedo explicar cómo pero sé que él sabía quién era yo. Grite, lloré y grite de nuevo con más fuerza, pero todo solo en mi interior, vi como los niños subían a ese vehículo, lo recuerdo bien, un automóvil Tsuru de los años noventa, de color claro, la parrilla la llevaba llena de maletas, mi compañero acelero con la luz verde del semáforo, llegamos a la habitación y simplemente dormí hasta el día siguiente, es como si mi cuerpo hubiera sido apagado por completo, no pude pronunciar palabra.

La mañana llegó, entregamos la habitación y comenzamos el regreso a casa, a los pocos kilómetros nos encontramos con un gran tráfico, los vehículos circulaban a vuelta de rueda, llegamos hasta donde se encontraba un oficial de caminos, quien nos indicó bajar la velocidad, se había producido un gran accidente y un tramo de la carretera estaba cerrada, llegamos a donde había sucedido y ahí estaba, el Tsuru blanco, ahora podía ver su que era color blanco, completamente destruido, dos cuerpos en la carretera cubiertos con una sábana blanca, un grupo de curiosos, de esos que nunca faltan en cualquier accidente rodeaban la zona del choque, y ahí, estaban ellos, inconfundibles, parados a un costado de la carretera, mirando fijamente el automóvil delante de ellos y los cuerpos en el piso, pasamos frente a ellos y nuestras miradas se cruzaron, nuevamente esos ojos negros completamente, sin expresión, sin alma.

Llegando a la oficina, solicite el cambio de localidad de manera inmediata, no quería volver a pasar por aquel camino, por lo poco que he podido averiguar, fui bastante afortunado, no soy el único caso de personas que sobreviven a este tipo de encuentros, nadie sabe exactamente que sucede si subes a tu auto o dejas entrar en tu propiedad a estos niños, por así llamarlos, no hay hasta ahora un testimonio que diga que sucede con ellos al permitirles entrar, pero yo creo, que fui testigo de uno de esos desenlaces, más no he querido compartirlo con nadie, me niego a confesar que yo sé lo que pueden hacer esos niños de ojos negros.




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