Capítulo 1: Si No Te Hubieras Ido

9 0 0
                                        

La luna relucía sobre el vecindario, con una luz tan pura que llegaba a ser cegadora. Sería una noche inolvidable para la familia Geokgyu, en cuya residencia las luces se encendían y apagaban como el continuo abrir y cerrar de ojos de Kaisen, que se movía de habitación a habitación. Era como un llavero tintineando y tocando interruptores a cada momento. Entre tantos movimientos, se situó de pie en la entrada de la habitación en la que su hijo dormía, en absoluta oscuridad, sin intención de interrumpir su sueño. Kaisen se acercó a él para despedirse.
- Esto es todo para nosotros –dijo en voz baja al chico recostado en su cama–. Adiós, Akatsu.

La pausa de Kaisen reveló el silencio que recorría la habitación. La frialdad que entraba por la ventana golpeaba débilmente. Todo estaba envuelto en un azul profundo entre aquellas cuatro paredes. Kaisen dio un paso más cerca de la cama y dijo lamentándose:
- Tal vez te vea de nuevo algún día. Y si lo hago, mejor que seas el hombre que deseas ser. Te amo.

Era mejor que él no despertara. De esta manera, no podría oponerse a la decisión que su padre había tomado.
En silencio y oscuridad, la puerta de la habitación se cerró. Kaisen apagó las luces que quedaban y bajó a su patio de en frente. Toda la casa estaba protegida. Ninguna de sus puertas abierta.
Ya afuera, subió a su auto a revisar si llevaba consigo todo lo que necesitaba. Su celular, llaves, un anillo, una cafetera con latte frío, una pistola. El resto estaba guardado atrás, por lo que pudo comenzar a conducir hacia su destino teniendo como única preocupación la confianza que estaba ofreciéndole a su amigo Hasegawa. Esta preocupación se disipó gradualmente a lo largo del camino solitario por el que Kaisen condujo en la madrugada, pasando varios kilómetros hasta terminar inmerso en la nada del trayecto.
A tres cuadras de distancia del hogar de Kaisen, un hombre finalizaba su recorrido con el estrés de catorce horas conduciendo. Se estacionó a las afueras de una casa descuidada, despertando a su hija para que fueran a buscar a la única persona que vivía allí.
- Kaori, levántate, vamos –dijo tranquilamente a la chica que dormía en el asiento trasero de su auto.

Ella entreabrió sus ojos y reconoció a su padre a partir de las sombras de su rostro que iban esclareciéndose conforme él repetía "Levántate, vamos". Entonces, tomó su celular y vio la hora: 3:24 a.m. Arregló un poco su cabello y salió del auto para ser recibida por el viento frío que atravesaba las calles en la madrugada. Refugió sus manos en los bolsillos de su sudadera y preguntó a su padre:
- ¿No es muy tarde? –avizorando el lugar en busca de una señal de vida–. ¿O muy temprano?
- Depende de si quieres volver a dormir -contestó él, sacando dos maletas de su cajuela.
- Estoy cansada, pero lo decía por mi tío.
- Tranquila. Dijo que ya acostumbraba estar despierto a estas horas. No fue problema esperarnos.

Él azotó las puertas del auto, cerró la cajuela y caminó hacia la puerta de la casa con una de las maletas. Ella lo siguió cargando la otra. Se situaron en la entrada, temblando levemente, esperando no pasar mucho tiempo allí hasta obtener una respuesta. Hubo dos golpes en la puerta, pero nadie respondió. Hubo otros dos y se escuchó al hombre adentro gritar "¡Ya voy!".
- ¿Katsuo? –recibiendo a quien había tocado.
- Hermano... –lo abrazó sonriendo.
- Me alegra que ya estés aquí –soltándolo–, ¡y también Sakurai! –dijo guiando su atención a la chica que esperaba junto a Katsuo.
- Sí, no tuve opción –dijo ella, riendo y abrazándolo.
- Bueno, no se queden aquí, ¡adelante! –los tres se adentraron en el lugar–. Esta es su casa.

Dejaron las maletas en la sala, sin subir. Allí estaba la única luz encendida, que no se notaba por fuera a través de las cortinas tan gruesas que tenía. Katsuo dejó colgado su abrigo. Sakurai se dejó caer en el sofá, mientras su padre y su tío hablaban.
- Yoto, te agradezo de nuevo que hagas esto –dijo Katsuo.
- No es nada. Sabes que ya no necesitaré esta casa. Quiero que sea un hogar para ti y Sakurai –cerrando la puerta con candado–. Aunque, bueno, eso será trabajo tuyo.
- Seguro que lo será. Gracias –volvió a sonreír–. No es por apresurarme, pero ¿cuánto tiempo vas a estar aquí?
- Unas tres semanas, en lo que unos colegas en Genkina terminan de construir. Una mujer de por aquí está ayudándolos –comentó Yoto.
- ¿Sí? ¿De aquí, del vecindario?
- Vive a unas cuadras de aquí.
- ¿En serio? Es genial. ¿Una pretendiente? -insinuó Katsuo, riéndose.
- No está disponible –reía–. Solo es una amiga, arquitecta. Vive con su esposa y sus hijos.

Re: DhyoxStories to obsess over. Discover now