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POCO A POCO

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   Podía una persona morir en un día cálido y brillante? Al parecer si.
Nadie supo a ciencia cierta que le sucedió, solo que una extraña enfermedad se la llevó poco a poco.

   Las cosas iban bien hasta que llegó ese gato de raza persa, sintiéndose todo pomposo, caminando enteramente por la casa como si fuera el dueño, todo era mejor cuando yo era la única mascota. El mundo entero sabe que los perros somos mejores mascotas, en fin, ahora solo quedamos el padre, su hija, ese gato y yo.

   En el pasado la madre se la pasaba en ratos con el gato, ¿Cómo podía no darse cuenta de lo que causaba? Cuando se iba de su lado a pasar tiempo con la niña o con el padre, me acercaba tranquilamente al lado de la madre, acompañándola y me quedaba ahí. Y aun así la vi marchitarse lentamente hasta irse.

   No quería que las cosas fueran de ese modo pero ahora veo al gato todo el tiempo con la niña, lo único que le va a provocar es lo que no quisiera que sucediera, una muerte paulatina, pero ella no lo siente.
Al llegar las noches, podía verlo moverse sigilosamente por los pasillos de la casa, contoneándose, lamiéndose las patas, con esos ojos brillantes y esa vista aguda que no se apartaba de mí, me estaba intimidando para alejarme, que huyera despavorido pero no lo iba a lograr, tengo una misión y mi lugar es aquí.

   Podía observarlo desde el extremo de una pared asomando mi cabeza, como el felino hacía rondines fuera de las recamaras del padre y de la hija, con ese maullido irritante, sórdido, nauseabundo, moviéndose de un lado a otro, hasta que se colaba a un cuarto y se quedaba allí.
Afortunadamente por el día la pequeña me buscaba y me cargaba en su regazo, acariciando mi lomo y el gato con mirada iracunda aventaba un gruñido y sacaba las uñas, arqueando el lomo.

   -Ya, no seas celoso, ven conmigo. Vi como lo cargaba el padre y se lo llevaba, a mí nunca me ponía atención, pero esperaba que eso pudiera cambiar con el tiempo.

   No podía más que pensar que la extraña muerte que se llevo a la madre lentamente podría hacerlo con ellos.
Pasaba las horas del día ideando planes para hacerlo echar, tratando de meterlo en problemas como tirando floreros y escondiéndome así lo culparían a él, cosas como esa, y aunque lo regañaban seguía ahí de todos modos.

   Decidí no hacer nada más, me quedaría en una esquina, viéndolo todo, sabía lo que seguía a continuación y no habría nada que pudiera evitarlo.
Al tiempo la niña enfermo también, esa extraña enfermedad que se la llevaba poco a poco, trataba de estar todo el tiempo con ella, pero no siempre lo lograba, el gato se echaba al otro lado de ella, con esa mirada amenazante. Mi suerte era que la niña me prefería a mí, pero el gato tenía la intención de comenzar una pelea en ese momento, el padre en su desesperación y ansiedad entró a la recámara.

   -Muy bien suficiente! , gritó el padre, eso ya era la gota que le colmo el vaso.
-Has causado muchos problemas, te vas! , y alzándolo se lo llevo de la casa y no lo vi más.

   Aun así la niña no sobrevivió, murió repentinamente esa misma noche. El padre totalmente deshecho decidió vender la casa e irse lejos a estar un tiempo con su familia.
Pese a que todo parecía lúgubre nuevamente, mi misión en esta familia había terminado, aunque no pude llevarme al padre me había llevado a todos los demás.
Lo que nunca se percataron fue que el gato impedía que la enfermedad se los llevara rápido, con él se alentaba o en el caso del padre no se enfermaban nunca porque el padre nunca me quiso cerca solo al gato que lo salvaguardaba.

   Y aunque quiso proteger a la niña no lo logró, debido a la preferencia de ella hacía mí.

   En realidad ese felino les evitaba que la extraña enfermedad que yo les provocaba los matara, sin el gato la niña murió esa misma noche.

   Ahora debo ir y buscar a otra familia que me adopte, un perro como yo que luce eternamente como un cachorro, tierno y adorable nunca ha tenido ese problema.

POCO A POCO Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora