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No sabía cómo era que había comenzado todo esto

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No sabía cómo era que había comenzado todo esto. Para ser sincero, no tenía ni la menor idea de cómo había hecho para que alguien como aquel sujeto se fijara en su flacucho e indefenso ser. Claro que, después de todo, estaban sus grandes dotes de omega, pero antes de ello, realmente no tenía ni una pizca de gracia.

Dicen que el amor vuelve ciego hasta al más testarudo corazón, pero cuando el destino está involucrado y una que otra hormona jerárquica se une en la lucha, quizá todo se puede volver tan solo un poco más fácil.

Timothy Wayne no tenía la menor idea de por qué aquel chico lo había mirado de la misma forma en la que un animal hambriento mira a su presa. Tal vez solo estaba alucinando, creyendo que su destino había sido revelado y el futuro cambiaría en ese mismo instante solo por el choque de ambos iris azules habían conectado en el momento preciso. Aunque, ante ello, no había otra razón que lo aclarara más que el hecho de una suposición que creía incierta —y que, bajo los análisis del pelinegro—, podría ser un delirio de su corazón solitario.

« Oh, maldición »

¡Claro que esto era el destino! Sin embargo, solo era lo bastante introvertido como para hacerse cargo de sí mismo y el manojo de nervios que estaba siendo; pues más allá de su buen porte y aquellos profundos ojos azules que cautivaban a cualquiera que los mirase, Timothy no podía siquiera acercarse al mayor, pero ahí lo tenía, frente a sus ojos. Esto era más que un sueño para él; lejos de esa intensa guerra de hormonas que parecía fluir entre ambos cada vez que sus miradas se encontraban, esta era una oportunidad única que el universo había puesto ante sus ojos.

Justo en el momento en que su rostro chocó contra aquel firme pecho en la entrada de los sanitarios masculinos, no había duda sobre quién era, pues el aroma que desprendió respondía a cada una de sus preguntas.

Conner Kent.

—¡Lo siento! ¿Estás bien?— Sus manos tocaron sus mejillas. Sabía que cada fino tacto en cada parte de su rostro era a propósito, nadie era tan despistado como para tocar el rostro de alguien más sin razón alguna—. Lo siento, de verdad, no había visto que estabas por salir. Discúlpame.

Timothy levantó la mirada, con la lentitud exacta para alcanzar a visualizar cada parte del rostro ajeno mientras sus manos se sostenían del dorso de aquellos musculosos brazos; desde cada dulce poro hasta una ligera marca bajo su mejilla. Era increíble cómo su rostro parecía ser expuesto con la más fina delicadeza masculina atractiva para su único deleite. La luz amarilla que el sanitario tenía solo creaba sombras suaves sobre su rostro marcando sus facciones de una forma que lo hacía alucinar, dando un contraste sutil sobre las tonalidades de piel de ambos.

El menor alejó su brazo avergonzado, soltando una pequeña risa para dar tan solo un paso hacia atrás y negar con calma, posando su mano sobre su pecho y retrocediendo un poco.

Alfas y otras cosas extrañas. [timkon]Stories to obsess over. Discover now