CAPíTULO 1:

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La lluvia azotaba fuertemente las ventanas desgastadas de aquel hospital de mala muerte, causando un ambiente tétrico, aumentando que las luces se habían cortado por completo, dando así un terrible temor a cualquiera que se atreviera siquiera a mirar aquel edificio abandonado.

Un hombre se levantó sobresaltado, jadeando debido a la falta de aire, igualmente sintiendo un pequeño mareo causado por su levantamiento rápido y brusco.

Su cabeza dolía, no sentía que su cordura estuviera completamente estable, así que optó por cerrar sus ojos un momento, así logrando calmarse.

Se percató de que su habla era nula, tratando de emitir sonido alguno con su boca, que rápidamente eran callados por un eco insonoro. Aunque eso era lo que menos le interesaba en esos momentos, ya que estaba en un lugar completamente desconocido, a oscuras y desordenado, pero para su sorpresa, las máquinas que tenía conectadas al cuerpo aún seguían funcionando.

Se levantó cuidadosamente, aún un poco débil. Miró hacia abajo, y estaba vestido con una bata típica de un hospital. No tenía zapatos a la vista, así que solamente andó con cautela por aquella habitación oscura.

Un único pensamiento inundó su mente. "Salir de aquí. Tengo que salir de aquí."

Decidido, abrió cuidadosamente la puerta del cuarto que lo mantenía apartado del exterior, para su sorpresa, esta no tenía llave.

Andaba con cautela, llegando a divisar cubrebocas y una que otro escombro regados por el largo pasillo.

Parecía muy tranquilo, parecía que este lugar estaba abandonado desde hace mucho, incluso llegándose a ver unas cuantas enredaderas crecer por aquellas incoloras paredes de cemento.

Caminó, precavido de no pisar nada, en especial aquellas jeringas que estaban regadas por casi todo el piso del hospital. Para su extrañeza, estas tenían un líquido amarillento dentro, dándoles un toque extravagante y peligroso, advirtiendo que había que tener cuidado de no tocarlas.

En los muros colgaban algunos diplomas, parecían ser bastante antiguos ya que no se alcanzaba a ver lo que decían con exactitud.

"Pero que...". Pensó aquel hombre, encontrándose con una camilla pegada al techo, literalmente.

Al acercarse más, sintió como si el ambiente fuese más pesado, comenzando a doler su cabeza de una forma descomunal, sentía vibraciones rondando en sus oídos, mareándolo de manera rápida y violenta.

Trató de pasar de ese lugar, sin prestarle atención a aquella cama para pacientes que se adhería extrañamente al techo, lo que le preocupaba ahora era salir con vida de ese infierno.

De un momento a otro cayó al suelo, estampando sus rodillas fuertemente contra este. Se arrastró lo más rápido que pudo, sintiendo su cabeza estallar, era una sensación completamente terrible.

Por fin, agradeció a todos los dioses posibles, ya que los mareos se detuvieron, pero como consecuencia dejándolo aturdido y jadeante, derrumbado boca arriba en el piso de aquel hospital de dudosa procedencia.

De repente, pensamientos extraños le vinieron a la mente.

¿Alguna vez le desearía eso a una persona? ¿En algún momento de su vida conoció a un humano? ¿Quién era él?

Decidió no pensar en aquello, eso solo le provocaba que su dolor de cabeza aumentara.

Se levantó, aún tambaleante y continuó su camino. No sabía a dónde se dirigía exactamente, pero estaba seguro de que buscaba una salida.

Aquel hospital era bastante laberíntico, se perdía constantemente y al final volvía a algún lugar conocido.

Se comenzaba a desesperar, perdiendo poco a poco la diminuta pieza de esperanza que quedaba en su ser.

De un momento a otro, como si de un milagro se tratase, una llave azul se hizo presente en sus pies, desconcertándolo por un instante. Sintió que debía tomarla, así que simplemente lo hizo, colocándose de cuclillas, para después sujetarla con su mano.

Se preguntó por qué razón una llave de color brillante estaba justamente tirada en ese lugar, como si de alguna forma lo estuvieran guiando hacia su destino.

No le tomó importancia, así que solamente comenzó a caminar, de nuevo. siendo guiado por sus pasos.

Sabía que no tomaría mucho tiempo el salir, y tenía que hacerlo ya, de lo contrario, terminaría muriendo de hambre.

Sería fácil, ya que estaba completamente solo

Completamente solo...

Se detuvo, cuestionando el por qué ese pensamiento le causaba una sensación de incomodidad, de tristeza profunda, inundando su pecho con una indescriptible culpa y agonía, deseando que de alguna manera, todo se acabara para él.

Pero su rostro se mantuvo completamente serio en todo momento.

Esos pensamientos lo hacían débil, así que se convenció a sí mismo que era una reverenda estupidez el sentirse de esa manera por algo que ni siquiera recordaba.

Caminó un buen rato, algunas veces mirando las destruidas paredes con diplomas obtenidos, probablemente, por los antiguos trabajadores de ese lugar, aunque generalmente mantenía su vista al frente, aún protegiendo sus pies de aquellos escombros y objetos regados por todo el lugar.

Parecía un laberinto, provocando como la primera vez, que sus sentidos lo traicionaran, llevándolo a elegir el camino equivocado una y otra vez.

Su desespero se hizo presente, pero se mantuvo calmado en todo momento.

Pasó al lado de una pared que no había visto antes, parecía tener un hoyo lo suficientemente grande como para que él mismo pasara.

Decidió entrar, encontrándose asimismo, un pasillo que no reconocía.

Se propuso recorrerlo, teniendo su mente en blanco, siendo controlado por el pensamiento instintivo de escapar.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, provocando que se quedara completamente quieto.

Por reflejo, dirigió su vista hacia abajo, encontrándose con una escritura en el suelo.

Por inercia, sus ojos analizaron la frase, que estaba escrita con notable desespero y rapidez.

Se paralizó completamente, mientras la leía una y otra vez, sin dejar de sentir que ese fuerte frío le azotaba la piel.

"Creo que él está en todos lados"

Así relataba el escrito.

"Una broma", pensó. No podía haber nadie en ese lugar, además de él. No era posible que alguien sobreviviera ahí, y si alguna vez lo hubo, de seguro fue algún indigente que enloqueció al estar en un edificio tan descuidado. Probablemente ya estuviera muerto.

Pasó de largo, aún sintiendo aquel frío, que con cada paso que daba aumentaba considerablemente.

Caminó, hasta encontrarse en lo que parecía ser alguna especie de sala de espera. Había asientos múltiples, que suponía deberían estar dirigidos a los clientes, y una recepción, que aún tenía su silla, solo que sumamente descuidada y llena de escombros, los asientos estaban igual o peor.

Una punzada recorrió velozmente su persona, haciendo que se mareara.

Rápidamente se dirigió a los asientos de la sala de espera, recargándose en ellos, esperando no perder el equilibrio.

Algo le dijo que debía ir más allá.

Se paró, caminando con la mirada perdida, aún con mareos. La debilidad que reinó en su cuerpo pareció haberse desvanecido, pero realmente no era él quien guiaba su cuerpo.

Divisó una puerta lejana, la cual al parecer era su destino.

Su mente volvió en sí, dejándolo de nuevo cansado, provocando que cayera de rodillas frente aquella puerta, aún jadeando y temblando.

Se levantó lentamente, sujetando aquella llave azul que con anterioridad había encontrado, la cual parecía abrir la puerta que se encontraba frente a él...

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