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Verlo sonreír de aquella forma era más que doloroso, Bangchan sabía que las veces que vería esas sonrisas estaban contadas con los dedos de su mano, que posiblemente ni siquiera los recuerdos podrían revivir la hermosa sensación que sentía al verlo reír.

Pero estaba ahí, haciendo como si nada pasara, aferrándose a la idea de que ocurriría un milagro y que nunca lo perdería, incluso cuando su estado era terminal.

Cuando se sentaba a su lado y miraba su hermoso perfil recordaba el día exacto en el que se habían conocido. Habían sido compañeros de curso y desde el primer día se hicieron inseparables. Solo tenían al rededor de 7 años, pero siempre estuvieron conscientes de que no podían vivir el uno sin el otro, eran una dupla perfecta.

A pesar de ello nunca se esperaron que una horrible enfermedad llegaría a sus vidas acabando con todos su planes a futuro. Por supuesto que lucharían juntos sin importar qué, pero la muerte estaba cerca y sentían que ya no quedaba tiempo.

Felix estaba demasiado tranquilo, quería estar junto a Bangchan por siempre e incluso si su "Siempre" equivalía a tan solo 17 años, eso estaba bien para él.

Por lo mismo intentaba como podía entregarle algo de tranquilidad al inquieto corazón de su amigo todos los días. No quería que este se deprimiera cuando aún estaba con vida, no podía seguir viviendo con el pensamiento de que pronto no estarían los dos juntos, pues aún se tenían y eso era lo único que importaba.

- ¿Te has dado cuenta que los hospitales tienen un olor raro? - Bangchan tenía un paquete de papitas en sus manos, que se negaba a abrir mientras estuviese dentro de el hospital.

- Si, pero con el tiempo te acostumbras, yo ya no siento el olor. - Félix miraba de reojo las manos de Bangchan, como siempre este era un egoísta que no quería compartir su comida.

Wait for me  - Chanlix -Donde viven las historias. Descúbrelo ahora