Capítulo XII
Brooke no podía pretender nada. Aún cuando hubiese deseado vivir en el anonimato y en la ausencia para él. Pero había acabado por comprender que nadie es amo de lo que desea o aspira, y eso, tanto él como ella, lo sabían.
Richard, a pesar del deseo de Brooke, había decidido no alejarse de ella aunque fuera manteniendo cierta distancia. Sentía tanta emoción al saber que era padre, aun cuando los labios de Brooke jamás le hubiesen confirmado aquello. Todas las tardes aprovechaba las salidas que ella tenía con Michelle al parque y al lago Michigan, para poder verlas, aunque fuera desde lejos. Eso era lo único que se merecía, se decía, al sentirse aún mas culpable. Sentía que su ceguera lo había apartado de quienes tanto amaba y de ese juramento que había roto con su actitud y sus palabras. Ahora veía a Brooke como una rosa, tan frágil y hermosa, y con muchas espinas para no ser destrozada, después de lo que había vivido a su lado. No obstante no se equivocaba, después de aquellas últimas lágrimas que ella había derramado por su culpa, ella se había convertido en un ser tan frío como el hielo ante aquel sentimiento llamado amor. Sabía que en el momento en que reconociera que era vulnerable y que estaba nuevamente enamorada, iban a atravesarle el corazón de la manera más ruin, cosa que no quería ni iba a permitirse que sucediera.
Tantas tardes de otoño pasaron, mientras Richard las contemplaba desde lejos, como madre e hija, memorizándose cada gesto, cada sonrisa, cada momento juntas; imaginándose, al mismo tiempo, junto a ellas, como debió suceder, como tenía que suceder…
_ Mami, cómprame un helado…
_ ¿Otro helado?_ le expresó al hacerle un gesto gracioso.
_ Sí… por favor.
_ Si te viera tu abuelo, se quedaría sorprendido.
_ ¿Por qué mamá?
_ Porque cuando yo era chiquita, así como tú, me encantaba comer mucho helado de vainilla… cuando vivía en Dublín, en Irlanda… hace tanto tiempo.
Brooke miró a los lados antes de cruzar, tomó la mano de Michelle y buscó un momento en su cartera para sacar las monedas con las que compraría los helados, sin observar que detrás de unos arbustos, detrás de ella, se encontraba Richard.
_ ¡Vamos!_ le pidió Michelle al jalarla del brazo.
_ Si… vamos._ sonrió dulcemente.
Empezaron a caminar, sin observar aquel carro que cruzaba de forma brusca hacia donde estaban ellas. Sin embargo, Richard si lo observó, así que se lanzó sobre ellas al ver que aquel conductor venía sin frenos. Él las sacó del camino; usó toda su fuerza en ese momento, quedando parte de su cuerpo en el camino de aquel carro que lo rozó.
Brooke lo vio caer sintiendo su corazón abrumado. Él había salvado su vida y ahora él estaba herido e inconsciente…
_ ¡Richard! ¡Richard! ¡Ayúdenme por favor! ¡Auxilio!_ gritaba Brooke desesperada , llorando al verlo tirado en el pavimento, sin reaccionar. Estaba herido_ ¡Ayúdenme! ¡Richard, no me hagas esto! ¡Richard, por favor, no te mueras! ¡Richard! ¡Richard!
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Lejanía
NouvellesHay decisiones que marcan la vida de una persona y el futuro de ella... Y es algo que Richard Graham ha aprendido muy bien. Su triste corazón le ha hecho recordar aquel pasado que él dejó atrás. Las mentiras y la codicia de otros pudieron aún más q...
