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Habían pasado tres años desde que el caos se había desatado. El castaño salía de la universidad, dirijiendose con su pequeño grupo de amigos hacia casa, todos los días se marchaban de allí, hablando, comiendo, riendo, jugando, e iban siempre con una sonrisa en sus rostros, por la tarde quedaban y jugaban algún videojuego de la play, pero en aquella situación, todos esos recuerdos se habían nublado y se habían marchado, dejando ver al castaño que nunca volvería a tener más de esos recuerdos.

Aquel día el castaño viajaba con sus tres amigos hacia casa, un joven alto de pelo azul y ojos expresivos se situaba al lado derecho del castaño, junto al peliazul, permanecía un joven con el cabello de dos colores, la base la tenía blanca, pero sobre eso había mechones de colores negros, como de costumbre el castaño permanecía en el medio, mientras que a su lado derecho permanecía un joven tímido e introvertido, de cabello pelirrojo.

El joven timido desvío su cuerpo levemente para entrar a una tienda de alimentación, buscando el único alimento que solía agarrar en aquellas tiendas, la encargada de la tienda le saludo amablemente a lo que él le saludo de vuelta agitando levemente su mano derecha, mostrando su sonrisa tímida, como siempre solía hacer.

Apoyo dos paquetes pequeño de galletas; una rebozada en chocolate con leche y otro de chocolate blanco, en el mostrador, esperando a que la dependienta le cobrase el precio total. Junto a la puerta se encontraban sus amigos riendo y hablando de millones de tonterías como de costumbre.

Tras salir de la tienda, el pelirrojo guardo el paquete de galletas de chocolate con leche en su mochila y abrio el paquete restante, así ofreciendo a los únicos que había considerado amigos en muchos años.

El más alto de todos, solía acostumbrarse a revolver el pelo del menor cuando salía por la puerta de la tienda de alimentos. En Sora siempre se le hallaba una sonrisa, cuando el peliazul le revolvía el cabello de forma juguetona y cariñosa. Por otro lado Nathan (el castaño) siempre negaba hacía lo que el pelirrojo solía ofrecer todos los miércoles.

-Gracias Sora, pero hoy no me apetece galletas - dijo el peliblanco cuando Sora ofreció sus galletas de chocolate.

-¿te ocurre algo Neit? - añadió el peliazul, acomodando su brazo en el hombro de éste con confianza y una pequeña sonrisa.

El peliblanco le devolvió la sonrisa para así poder seguir mirando al frente mientras andaba junto a sus amigos - No, simplemente no tengo ganas de algo dulce-

El castaño miro de reojo a sus amigos y suspiró levemente, guardando sus manos en el bolsillo de su sudadera gris, alzó la vista hacia el cielo y se quedó perplejo mirando las nubes con seriedad, el pelirrojo se había percatado de que Nathan se había quedado mirando las nubes, por lo cual acompaño a su mejor amigo y alzó su mirada para verlas, con timidez Sora metió su mano por el bolsillo de la sudadera gris de su mejor amigo y puso su mano entre las de él para que dejará de pellizcarse la piel de la mano, el tacto y el calor de Sora, hizo que Nathan regresará a la realidad y dejara de lado a las nubes.

Era muy común que Nathan se parará en medio de la calle, observando las nubes y dejándose ahogar por sus propios pensamientos, Sora era el único que conocía el porqué de su acción y de por qué se pellizcaba la mano con obsesión y rapidez. Lo único que el sacaba del trance, era el calor y el tacto con otro objeto u otra mano.

-¿Te encuentras bien Nathan?- dijo Sora mostrado preocupación en su rostro, Nathan miró al joven y sacó la mano de este, para afirmar con su cabeza y seguir caminando.

Nathan no era un joven muy sociable y le costaba hablar con la gente, y aún que Sora fuera bastante cercano, por no decir que casi pertenecia a la poca familia que el tenía, casi nunca decía ninguna palabra dirijiendose al menor.

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