Vuelvo a mirar mi reflejo en el espejo por enésima vez. Las ojeras bajo mis ojos son tan oscuras que casi parecen permanentes, y el rojo en mi mirada delata todas las lágrimas que he derramado este último mes. He adelgazado tanto que apenas me reconozco. Todo en mí parece haberse apagado desde aquella noche. Desde que mi vida se partió en dos.
Levanto la vista hacia el mostrador frente a mí y fijo la mirada en lo único que importa ahora.Nada puede fallar.
Esta vez no.
En ocasiones, la vida puede volverse tan dura que nos empuja a tomar decisiones de las que no estamos completamente seguras. Aun así, seguimos adelante, con miedo, con el corazón temblando, pero avanzando. Y justo en ese punto me encontraba yo: al borde de intentar detener aquel dolor que me asfixiaba, que me consumía por dentro y parecía controlar cada parte de mi ser.
Me dejo caer lentamente en la bañera y cierro los ojos por un instante. El agua moja mi cabello y resbala por mi piel con una frialdad que, por unos segundos, consigue calmar el caos dentro de mi cabeza. Solo por unos segundos. Porque el dolor sigue ahí. Siempre está ahí. Es un hueco profundo en el pecho, una presión insoportable que no me deja respirar, dormir ni pensar en nada que no sea todo lo que perdí.
Echo de menos a mi madre.
Echo de menos a mi padre.
Echo de menos la forma en que todo era antes, cuando todavía existía un hogar al que volver y no este vacío insoportable que me persigue incluso cuando abro los ojos por la mañana.
La gente dice que el tiempo lo cura todo.
Mentira.
El tiempo no cura nada. Solo te obliga a acostumbrarte al dolor, a fingir que puedes seguir adelante, a sonreír cuando por dentro te estás rompiendo en pedazos.
Yo ya no quiero seguir fingiendo.
Aprieto los dedos con fuerza y bajo la mirada. Mi respiración tiembla, pero no por miedo. Ojalá fuera miedo. Sería más fácil lidiar con eso. Lo que siento es cansancio. Un cansancio tan profundo que parece haberse instalado en mis huesos.
Estoy cansada de llorar.
Cansada de recordar.
Cansada de existir en una vida que ya no siento mía.
Afuera todo está en silencio. Un silencio espeso, incómodo, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración. Me pregunto si así se siente tocar fondo. Si se parece a este momento exacto en el que ya no queda nada dentro de ti, salvo ruinas.
KAMU SEDANG MEMBACA
Como si no me hubieses conocido
Fiksi RemajaMía atraviesa el momento más oscuro de su vida. Desde la muerte de sus padres, el mundo ha perdido sentido, y cuando le anuncian que deberá mudarse a un pequeño pueblo costero para vivir con su tía Amelie, una mujer a la que ni siquiera conoce, sien...
